México enfrenta una situación crítica en materia de redes eléctricas. La infraestructura actual se ha quedado estancada desde hace más de una década y amenaza con frenar el desarrollo industrial, la incorporación de energías renovables y la seguridad del suministro. Para responder a esta urgencia, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha lanzado el Plan de Expansión 2025-2030, que proyecta la construcción de 275 nuevas líneas de transmisión y 524 subestaciones en todo el país, con una inversión de 163,540 millones de pesos.
Arturo Carranza, director de proyectos de energía en Akza Advisors, advierte que el principal reto es ampliar y fortalecer las redes para garantizar la confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional. “Las redes de transmisión, sobre todo de 115, 230 y 400 kV, prácticamente no se han ampliado en los últimos años”, manifestó en diálogo con Energía Estratégica. A pesar de que México cuenta actualmente con más de 11,000 kilómetros circuito de líneas de transmisión, en los últimos seis años solo se construyeron 100 kilómetros, según cifras oficiales de la propia CFE.
De acuerdo con el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) 2024-2038, México requiere al menos 15,000 kilómetros adicionales de nuevas líneas si busca integrar entre 15 y 20 GW de generación renovable al año 2030.
Esta falta de expansión estructural ha sido compensada parcialmente con tecnologías de refuerzo temporal, pero la brecha entre demanda y capacidad de red sigue creciendo.
“Desde 2013, e incluso antes, esta situación se ha venido presentando. Hay una necesidad muy grande de construir nuevas líneas”, sostuvo Carranza. El plan actual propone construir 6,000 kilómetros de redes en cinco años, lo que representa más del 50% de toda la red instalada actualmente. Para el especialista, esta meta “es muy ambiciosa”, pero refleja con claridad la magnitud del desafío.
Además del volumen de obras, Carranza destaca la orientación estratégica del plan. “Los 163 mil millones de pesos son una cifra importante, y lo más relevante es que las autoridades saben perfectamente dónde están las congestiones”, explicó. Este conocimiento detallado de los corredores críticos permite dirigir los recursos públicos hacia los puntos de mayor impacto en la red.
La urgencia no solo responde a un rezago acumulado, sino también al crecimiento constante de la demanda. “Después de la pandemia, la demanda eléctrica nacional ha venido creciendo entre 3 y 4 % anual, por encima del crecimiento económico”, afirmó Carranza.
Este incremento es aún más marcado en regiones como la península de Yucatán y Baja California, donde la demanda se ha disparado hasta un 15% anual. “Estamos hablando de una necesidad muy grande que no se resuelve solo con generación”, remarcó.
El fortalecimiento de las redes también es fundamental para destrabar el desarrollo de fuentes limpias. En este sentido, Carranza es categórico: “Sin transmisión no hay transición”. A su juicio, la falta de inversión en transmisión y distribución ha sido el principal obstáculo para incorporar nueva capacidad renovable en México durante los últimos años. “Hubo una perspectiva política que no estaba convencida de la generación renovable, y eso limitó la parte regulatoria para los privados”, observó.
El panorama, sin embargo, ha comenzado a cambiar. “Con la llegada de la Presidenta Sheinbaum, su equipo energético entiende perfectamente la necesidad de diversificar la matriz”, sostuvo Carranza. Esta nueva visión se traduce en oportunidades concretas: al menos 6,000 megawatts de capacidad renovable podrían integrarse a corto plazo, principalmente desde el sector privado. Pero sin redes ampliadas, estas incorporaciones seguirán enfrentando cuellos de botella. “Esta adición de nueva generación tiene que venir aparejada de proyectos para ampliar y fortalecer las redes eléctricas”, subrayó.
La escasa capacidad instalada también ha incrementado los riesgos de cortes de suministro. “En un contexto de pocas inversiones y cambio climático, con temperaturas elevadas en verano, los estados operativos de alerta fueron cada vez más frecuentes”, indicó Carranza.
Aunque las interrupciones no programadas han sido pocas, su impacto sobre grandes usuarios y la confiabilidad del sistema es significativo. “La falla en el suministro eléctrico es un riesgo que está presente constantemente por la falta de inversiones”, advirtió.
Frente a este escenario, México ha comenzado a incorporar tecnologías complementarias para optimizar la operación del sistema sin necesidad de grandes obras inmediatas. “Se han tomado medidas temporales, principalmente con sistemas de almacenamiento de baterías”, señaló el directivo de Akza Advisors. Estas soluciones, junto con el monitoreo avanzado de redes y líneas con capacidad dinámica y estática, forman parte de una estrategia de transición hacia una infraestructura más confiable. “Son proyectos que ayudan a dar confiabilidad, aunque no reemplazan a los estructurales”, aclaró.
En este punto, Carranza valora positivamente el cambio de actitud institucional. “Me sorprende la conciencia que existe dentro de la CFE sobre la necesidad de usar nuevas tecnologías”, afirmó. No obstante, insiste en que el almacenamiento, por sí solo, no resuelve el problema estructural de capacidad. “Estos sistemas brindan soporte temporal, pero los proyectos de expansión ya están planeados y deben ejecutarse cuanto antes”.
México se encuentra en una encrucijada energética: avanzar con determinación en la expansión de sus redes eléctricas o continuar postergando una infraestructura que limita su desarrollo económico y ambiental. El Plan de Expansión 2025-2030 es un paso firme en la dirección correcta. Su éxito dependerá no solo de la inversión, sino de la voluntad política para ejecutarlo sin dilaciones. Como concluyó Carranza: “Hay una necesidad muy clara de ampliar y fortalecer las redes. Y ahora también hay una oportunidad”.
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