Panamá da el primer paso concreto en su estrategia de transición energética con la apertura de la licitación LPI ETESA 01-25, convocatoria destinada a 135 MWEq de volumen de energía y 35 MW de potencia.
Este proceso busca contratar suministro de energía y potencia firme, exclusivamente proveniente de nuevas instalaciones eólicas e hidroeléctricas, con entrada en operación a partir del 1 de enero de 2029 y contratos PPA con una vigencia de hasta 20 años.
La Empresa de Transmisión Eléctrica S.A. (ETESA), responsable de gestionar la convocatoria, invita a empresas locales e internacionales a presentar sus propuestas en esta competencia, que representa la primera etapa operativa del cronograma plurianual de subastas eléctricas anunciado por el gobierno panameño.
«La publicación de este cronograma marca un punto de inflexión en la forma en que Panamá planifica el crecimiento de su parque generador», enfatiza Juan Manuel Urriola, Secretario Nacional de Energía de Panamá, en diálogo con Energía Estratégica.
La licitación pública para hidroeléctricas y eólicas estará abierta hasta el 30 de octubre (fecha en que se hará la apertura de sobres) y el 12 de noviembre se revelarán los resultados preliminares, aunque las ofertas estarán en evaluación hasta el 20/11.
Mientras que la resolución de adjudicación se publicará el 22 de diciembre y, de no haber objeciones o comentarios que retrasen el sector, la adjudicación firme será el 5 de enero de 2026 y la firma de contratos se llevará a cabo hasta el 24 de febrero de dicho año.
Contratos a largo plazo y exigencias técnicas claras
Un aspecto destacado del pliego LPI ETESA 01-25 es la extensión de los acuerdos hasta 2048, lo que otorga previsibilidad tanto al sistema eléctrico como a los desarrolladores. La convocatoria se divide en dos categorías:
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Renglón 1: Energía proveniente de nuevas plantas eólicas e hidroeléctricas con regulación menor a 90 días.
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Renglón 2: Potencia firme, exclusivamente para nuevas centrales hidroeléctricas bajo los mismos parámetros.
«Los contratos a corto plazo no permiten recuperar adecuadamente la inversión en nuevos proyectos, y eso termina reflejándose en precios más altos para el consumidor», advierte Urriola.
Según explica, al ampliar el horizonte contractual a dos décadas, se logra diluir el costo inicial de los proyectos, lo que genera tarifas más competitivas y predecibles. Este enfoque no solo facilita la planificación financiera, sino que también reduce el riesgo asociado al desarrollo de infraestructura renovable, estimulando la llegada de capital internacional.
Por otro lado, la licitación impone requisitos técnicos estrictos para asegurar la confiabilidad del sistema. Solo podrán participar proyectos que cuenten con licencia definitiva o contrato de concesión otorgado por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP).
«La primera licitación se enfoca en nuevas centrales eólicas e hidroeléctricas con entrada en operación en 2029«, aclara el funcionario.
Además, se exige que los aerogeneradores cuenten con certificación internacional tipo IEC 61400-1 y que las turbinas eólicas correspondan a tecnologías tipo 3 o 4, con capacidad de control de voltaje y regulación de potencia real y reactiva, conforme al Código de Redes Eólico de Panamá.
El proceso también considera la sincronización con la expansión de la red de transmisión, a cargo de ETESA, garantizando así una integración ordenada de los nuevos proyectos.
Seguridad energética y participación internacional
Una de las decisiones más relevantes del diseño de esta licitación es la exclusión, en esta etapa, de la tecnología solar fotovoltaica. Aunque se reconoce su creciente competitividad en precios, el gobierno prioriza por ahora las fuentes capaces de brindar cobertura durante las 24 horas del día.
«En esquemas abiertos, la alta competitividad del solar fotovoltaico puede llevar a que toda la adjudicación se concentre en esta tecnología, lo que dejaría sin cobertura los periodos en los que no hay generación solar, como las noches», explica Urriola.
No obstante, el cronograma nacional ya prevé una convocatoria exclusiva para energía solar en 2026. De esta forma, se garantiza su incorporación progresiva sin comprometer la estabilidad del sistema.
El proceso LPI ETESA 01-25 abre una oportunidad tanto para compañías panameñas como para actores internacionales interesados en el mercado eléctrico del país.
«Esperamos una participación dinámica de empresas locales con experiencia en proyectos renovables, así como el ingreso de nuevos inversionistas regionales y globales interesados en el mercado panameño», afirma.
La posibilidad de presentar ofertas a través de consorcios o asociaciones accidentales fomenta la cooperación entre empresas, facilita la transferencia tecnológica y contribuye a la creación de empleo. Los participantes deberán presentar una fianza de 25.000 dólares por cada MW ofertado, además de acreditar su capacidad técnica y financiera, incluyendo experiencia en operación y mantenimiento de parques eólicos o centrales hidroeléctricas.
Esta primera licitación se inscribe en el Cronograma Anual de Licitaciones Eléctricas, un instrumento que dota al mercado panameño de previsibilidad y orden en la expansión de su matriz energética. Entre 2025 y 2028, se prevé realizar al menos cinco procesos competitivos que permitirán incorporar más de 2.700 MW de capacidad nueva, de acuerdo con cifras oficiales.
«Desde el punto de vista energético, el cronograma establece un camino claro para la incorporación de nuevas capacidades renovables —eólica, hidroeléctrica, solar y respaldo— de manera ordenada, técnica y complementaria», concluye Urriola.
Con esta licitación, Panamá inicia una etapa clave para acelerar la descarbonización de su matriz y consolidar un sistema eléctrico más resiliente, competitivo y sostenible.
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