La producción de petróleo en Vaca Muerta cerró enero con volúmenes históricos de 450.000 barriles diarios, consolidando un crecimiento sostenido que descansa sobre bloques de alta eficiencia y un flujo de inversión acelerado por el nuevo marco normativo.
1.Récord de producción en las áreas clave El salto productivo está liderado por bloques estratégicos como Loma Campana, La Amarga Chica y Bandurria Sur. En estas áreas “locomotoras”, la intensidad de las etapas de fractura y la optimización de los pozos horizontales han permitido alcanzar niveles de extracción inéditos, consolidando a estos yacimientos como el corazón del abastecimiento nacional.
2.Impacto del RIGI y nuevos horizontes El flujo de inversiones proyectado para 2026 ya supera los u$s 10.000 millones. Este dinamismo está traccionado por los beneficios del RIGI, que al permitir la libre disponibilidad de divisas para inversiones que superen los u$s 200 millones, ha provocado que las operadoras aceleren los planes de completación de pozos (fracking) que se encontraban en lista de espera.
3.La demanda de personal especializado Este nivel de actividad exige una estructura operativa de alta complejidad. Cada operadora y empresa de servicios debe sostener dotaciones de personal altamente especializado, no solo para las tareas técnicas en campo, sino para gestionar el cumplimiento del denso entramado de regulaciones de seguridad y estándares técnicos vigentes. Esta necesidad de equipos profesionales robustos garantiza la continuidad en un entorno de máxima exigencia operativa.
4.Infraestructura y eficiencia operativa La reducción de los tiempos en la completación de pozos permite que Vaca Muerta compita con los mejores desarrollos internacionales. Sin embargo, la industria advierte que el sistema operativo corre el riesgo de saturarse si la infraestructura de transporte no acompaña el ritmo de producción, ya que la capacidad de evacuación hacia refinerías y nodos de exportación opera actualmente al límite.

La Visión de Runrún Energético
Vaca Muerta ya no es una promesa; es una realidad industrial de escala global. Lo que el mercado define como el “motor oculto” es la combinación de la capacidad técnica argentina con el “arrancador” financiero que significó el RIGI. Pero atención: para que este motor no se frene, es vital que la carga administrativa no asfixie a los equipos técnicos.
Si el personal especializado tiene que dedicar más tiempo a la burocracia que al terreno, perdemos la competitividad que tanto costó conseguir. El éxito de los 450.000 barriles debe ir acompañado de una simplificación normativa real.
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