Con una demanda máxima que recientemente alcanzó los 3.923 MW y una capacidad instalada renovable de 1.554 MW, República Dominicana vive un crecimiento acelerado en generación limpia. No obstante, el avance renovable también expone tensiones en la red, donde la falta de flexibilidad provoca un alto nivel de vertimiento. Según Marvin Fernández, consultor en energía y medioambiente y CEO de GreenBox, el almacenamiento energético es la herramienta crítica para resolver esta problemática sin frenar la transición.
“El almacenamiento energético juega un papel fundamental en el SENI, eliminando el vertimiento de energía y dando mayor estabilidad a la red”, asegura Fernández, quien presidió la Asociación para el Fomento de las Energías Renovables (ASOFER) entre 2022 y 2024.
Solo durante el mes de junio se vertieron 18.549,41 MWh de energía renovable, lo que representa un 11,7% de la generación. Estas pérdidas no solo afectan a los generadores, sino también a las empresas distribuidoras, al deteriorar su flujo de caja. “Es precisamente en el horario nocturno donde el costo de energía en el mercado spot se incrementa en sus valores máximos, y los proyectos con almacenamiento vienen a reducir el mismo a través del arbitraje de energía”, explica.
A esto se suman los beneficios técnicos del almacenamiento, que permitirá brindar servicios complementarios a la red como regulación de frecuencia, tensión, arranque en negro, e incluso tecnologías más avanzadas como el grid forming. Para Fernández, estos atributos serán claves en la transformación operativa del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).
Proyecciones del mix y planificación del sistema
De cara a los próximos cinco años, el mix energético dominicano estará liderado por el gas natural, con una participación proyectada del 51%, consolidándose como el combustible de la transición. Le seguirán el carbón mineral (26%) y el Fuel Oil #2 (1%), mientras que las renovables no convencionales mantendrán su expansión: energía solar (12%), eólica (5,3%) y biomasa (0,8%). La hidroeléctrica, aunque convencional, se mantendrá en un 4,7% del total.
Este nuevo panorama estará acompañado por más de 2.000 MW de nueva capacidad térmica, mientras que 12 proyectos actualmente en construcción ya contemplan sistemas BESS. “Se prevé que para 2027 entren de los primeros parques fotovoltaicos con almacenamiento”, anticipa Fernández. Esto permitirá reducir los costos en las horas punta del Mercado Eléctrico Mayorista, con impacto positivo directo en las empresas distribuidoras.
A su vez, la reciente licitación de 600 MW renovables representa una oportunidad para introducir ajustes que favorezcan proyectos con mayor grado de avance. “Entendemos que esta licitación es un buen punto de partida, y que debe ampliar su alcance para que también puedan entrar aquellos proyectos eólicos y solares que cuenten con concesión definitiva al momento de entregar su oferta técnico-económica”, señala.
De fondo, persiste una necesidad estructural: garantizar inversiones estratégicas y coordinadas en generación, transmisión y distribución. “El crecimiento marcado de la demanda indica que se deben seguir haciendo las inversiones estratégicas en los sectores generación, transmisión y distribución, para poder abastecer la demanda en horas pico, garantizando estabilidad en la operación de la red, reduciendo costos y emisiones de gases de efecto invernadero”, advierte Fernández.
En esa línea, también subraya que la clave es contar con generación flexible para permitir una mayor integración de renovables sin comprometer la estabilidad del sistema. “Es vital poder contar con generación flexible que pueda mantener ese balance entre la oferta y la demanda, para permitir una mayor integración de fuentes renovables, sin afectar la estabilidad de la red, que es al final lo que el país busca”, concluye.
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