Puerto Rico se apoya cada vez más en el almacenamiento energético como herramienta clave para fortalecer la resiliencia de su red eléctrica ante fenómenos climáticos extremos. En la actualidad, más de 155.000 de los 170.000 sistemas solares residenciales instalados en la isla cuentan con al menos una batería, lo que representa una capacidad de 775 MW de potencia pico distribuida en los hogares.
“El almacenamiento de energía es esencial por diversas razones”, manifestó Javier Rúa-Jovet, Chief Policy Officer de la Solar + Energy Storage Association of Puerto Rico (SESA).
Este parque de baterías domésticas, además de garantizar continuidad energética individual, ya está generando beneficios sistémicos. “El uso de al menos 70000 de estas baterías en el programa de planta virtual de LUMA (CBES+) está ya evitándole apagones a toda la red eléctrica de la isla en horas de la noche, supliendo los déficits de reserva y generación central”, explicó el especialista.
Frente a un evento extremo con apagón generalizado, la red se beneficia directamente de esta capacidad distribuida. “El hecho de que habría sobre 155.000 hogares autosupliéndose con sus baterías ayuda a que el blackstart de la red sea más fácil, pues reduce la demanda que hay que cubrir”, sostuvo Rúa-Jovet.
La tendencia sigue en crecimiento, con más de 3500 nuevos sistemas residenciales con batería incorporándose cada mes.
Si bien el segmento residencial ha avanzado con rapidez, el desarrollo de almacenamiento a gran escala aún no se ha concretado.
“Según los últimos informes, no se han integrado todavía baterías a gran escala en la red eléctrica. Genera y LUMA tienen planes concretos en esa dirección, pero todavía no se han construido”, indicó el ejecutivo.
Para ampliar el alcance del almacenamiento energético en Puerto Rico, Rúa-Jovet propuso expandir los programas existentes. “Sería muy positivo extender la VPP (CBES) a sistemas más allá de baterías residenciales e incluir específicamente baterías a escalas comerciales e industriales”, afirmó. Esto permitiría dinamizar la participación de nuevos actores y fortalecer la red desde distintos puntos del sistema.
En términos de bancabilidad, el segmento residencial cuenta con un entorno favorable. “Mientras la política de medición neta exista (se protegió por ley hasta el 2030) y sigan, como se prevé que continuarán, las múltiples opciones de financiamiento existentes, todo seguirá bien”, aseguró. Modelos como los arrendamientos tipo TPO y diversas líneas de crédito han permitido un crecimiento sostenido.
Distinta es la situación en los segmentos comerciales e industriales, donde “el obstáculo en general ha sido las limitadas opciones de financiamiento”, reconoció el directivo. Y más compleja aún es la realidad del almacenamiento a escala de utilidad, donde la viabilidad de los proyectos está afectada por la situación financiera del principal offtaker. No obstante, destacó que se están activando alternativas: “Para estas propuestas se busca asegurar fondos federales FEMA y se informa que Genera está encaminando eso de forma concreta”.
En el marco de la meta trazada por Puerto Rico para alcanzar el 100% de energía renovable hacia 2050, el papel del almacenamiento será determinante. “Tenemos que seguir añadiendo baterías, al frente y detrás de los metros y a través de la red eléctrica, hasta alcanzar varios GW”, proyectó Rúa-Jovet. Este despliegue masivo será clave para garantizar firmeza, flexibilidad y resiliencia en una red que busca dejar atrás su dependencia de combustibles fósiles importados.
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