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Una por una, las dudas que despierta la capitalización de YPF a través del impuesto a las grandes fortunas

Una de las principales novedades del proyecto oficial para crear un aporte extraordinario a las grandes fortunas radica en que un 25% de lo recaudado se destinará a desarrollar yacimientos de gas a través de las empresas IEASA e YPF. La medida sorprendió incluso a altos directivos de la petrolera controlada por el Estado, que se enteraron de la noticia por los medios.
La iniciativa, sin embargo, se venía debatiendo con hermetismo extremo desde hace casi dos meses en el corazón del cristinismo. La redacción del artículo pertenece a Máximo Kirchner, jefe del bloque del oficialismo en la cámara baja. Desde la óptica del líder de La Cámpora, la capitalización de YPF por medio del gravamen a los súper ricos repara —con creces— la anulación del DNU 1053/2018, que fue bloqueado en el Senado bajo propuesta del Frente del Todos e impidió que YPF cobrara unos $ 7800 millones que le correspondían por ese concepto.
El freno en la Cámara Alta suspendió, en rigor, un primer pago de $ 1491 millones que ya estaban devengados del Tesoro. Si el Congreso aprueba el proyecto oficial, y se cumplen los pronósticos de recaudación que estima el gobierno, YPF terminará percibiendo unos $ 75.000 millones; 10 veces más de lo que le tocaba por el Decreto 1053. El saldo es más que favorable.

Desde esa lógica, la idea del gobierno es acertada. Parte de un diagnóstico correcto: dada la fragilidad de su caja, que colapsó por la caída de las ventas de combustibles, YPF precisa de una inyección de recursos excepcional para salir adelante. La herramienta que se tejió en la mesa de La Cámpora es creativa. Sin embargo, la instrumentación del esquema incorporado en el proyecto de Ley no está clara.

¿Qué es lo que dice el documento ingresado en Diputados?

El inciso 5 del artículo propone destinar “un 25% a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural, actividad que resulta de interés público nacional, a través de Integración Energética Argentina S.A. la cual viabilizará dichos proyectos proponiendo y acordando con YPF en forma exclusiva, las distintas modalidades de ejecución de los proyectos”.

En los fundamentos se destaca, con evidente vaguedad, que si el dinero erogado en solventar la importación de Gas Natural Licuado (GNL) se invirtiera en el desarrollo de campos locales “se obtendría casi 8 (ocho) veces más gas natural en el sistema, con el beneficio consecuente para la balanza de pagos y para la dinamización de la economía argentina”.

Dudas

El primer interrogante es cómo se asegurará en términos legales la relación entre la empresa estatal IEASA (ex Enarsa) e YPF, una empresa privada que cotiza en la Bolsa de Nueva York.
Surgen algunos disparadores para adentrarse en la cuestión:

  • Si IEASA será el actor que reciba del Tesoro un 25% de lo recaudado por el Impuesto a las Grandes Fortunas, y tiene la obligación de contratar a YPF para que lleve adelante proyectos de explotación de gas, ¿cómo inyectará o transferirá el dinero a la empresa que preside Guillermo Nielsen?
  • ¿Puede una empresa estatal como IEASA contratar en forma exclusiva y sin licitación previa a una compañía como YPF, cuyo 49% está en manos de accionistas privados?
  • ¿No debería existir un mecanismo competitivo que regule la relación entre ambas empresas?

Abogados que se desempeñan en la industria petrolera coincidieron en que, con el nivel de judicialización de la política que existe hoy en la Argentina (sin ir más lejos el interventor del Enargas, Federico Bernal, acaba de denunciar a una decena de integrantes del gobierno anterior por cuestionar lo actuado durante la gestión de Cambiemos en el área energética), es difícil que directivos de IEASA o funcionarios quieran firmar una transferencia directa de montos de esta magnitud a YPF, que es una empresa mixta.

Kirchner es, junto con Carlos Heller, autor del proyecto para gravar las grandes fortunas.

La inyección de dinero estatal en la petrolera beneficia a su principal accionista, que es el Estado (controla un 51% de capital accionario), pero también a los inversores privados que tienen el 49%. Técnicamente, uno podría cuestionar que con fondos públicos se está transfiriendo una ganancia indirecta a inversores extranjeros”, analizó el director de Legales de una petrolera.

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Una posible salida a esa encerrona legal es que IEASA vuelva a desembarcar en el negocio de exploración y producción de hidrocarburos, uno de los objetivos que dio origen a la fundación de Enarsa en 2004, pero que con el paso de los años nunca pudo consolidar hasta que se retiró durante la administración de Cambiemos de las pocos activos que conservaba en el segmento.

Para volcar el dinero recaudado, IEASA podría firmar un MOU (memorando de entendimiento) para asociarse con YPF en el desarrollo conjunto de un yacimiento de gas. IEASA pondría la plata e YPF la capacidad técnica y el reservorio. Aún así, habrá que precisar regulatoriamente por qué IEASA contrata a YPF y no a cualquier otro operador como PAE, Tecpetrol o Pluspetrol. En cualquier caso, es un riesgo legal que los directivos de IEASA tendrán que correr.

Fungible

El gobierno aspira a aprobar el impuesto a las grandes fortunas a más tardar a fines de octubre. La promulgación y puesta en marcha del nuevo esquema tributario demandará algunos meses. Es probable que la medida se judialice con derrotero incierto. La lectura de que accionistas de empresas del sector petrolero —como Paolo Rocca (Tecpetrol), Eduardo Eurnekian (CGC) y Alejandro Bulgheroni (PAE)— podrían oponerse a transferir parte de su capital para financiar la recuperación de un competidor como YPF es verosímil. Aunque por ahora no son más que suposiciones.

Lo concreto es que YPF necesita de una recapitalización adicional si quiere re-posicionarse como el principal actor de la industria. En lugar de pensar en una asociación tradicional para la explotación de un área en particular, es factible que la asociación entre YPF e IEASA termina representando una inyección general de dinero en la empresa.

No sería impensable que la compañía termine financiando también el desarrollo de campos de petróleo (shale oil) o incluso campos maduros de petróleo. En definitiva, lo que precisa la empresa bajo control estatal son fondos para reactivar su programa de crecimiento. El dinero es fungible. Va de un lado a otro en una compañía del tamaño de YPF, desdibujando el origen y la finalidad de los fondos.

En cualquier caso, con el cronograma en la mano, lo más probable es que el capital proveniente del nuevo impuesto se materialice recién en el segundo trimestre de 2021. Es decir, puede ser una herramienta para robustecer las finanzas de YPF pero es improbable que sirva para conseguir los volúmenes de gas que hacen falta para que no instalar de nuevo un nuevo barco regasificador de LNG en Bahía Blanca el próximo invierno. La política debería tomar nota de esa realidad.

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El gas natural y la transición energética

El mundo sigue sin dar repuestas al problema del cambio climático pese a los compromisos voluntarios de reducción de gases de efecto invernadero acordados en París.

Si asumimos el clima como un bien público global, y recordamos que los bienes públicos se caracterizan porque su uso o consumo por parte de una persona no excluye el consumo por parte de otro, empezamos a comprender por qué es tan difícil acordar un régimen que financie un clima saludable para nosotros y para los que vienen.

Siempre habrá “parásitos” (free riders) que aprovecharán del clima presente pretendiendo que otros se hagan cargo de la externalidad negativa global (emisión de gases) que está degradando ese clima para los que vienen.

El “problema del parásito” prolongado en el tiempo lleva a la “tragedia de los comunes”; todos abusan de un recurso limitado que comparten, al que terminan destruyendo aunque a ninguno les convenga.

Elinor Ostrom , Nobel de Economía 2009, demostró cómo pequeñas comunidades estables, son capaces, en ciertas condiciones, de gestionar sus recursos comunes evitando la tragedia del agotamiento gracias a mecanismos informales de incentivos y sanción.

Pero en el cambio climático tenemos más de 7600 millones de personas implicadas, más su futura descendencia. En vista de que todos disfrutan de un bien público y nadie puede evitar que los demás lo usen, todos tienen un incentivo para disimular la demanda de esos bienes públicos a fin de evitar pagar su parte proporcional de los costos. Los individuos no revelan sus preferencias de consumo de esos bienes, por eso a nivel local es el presupuesto público el que se hace cargo de financiarlos.

Pero aquí estamos hablando del clima mundial, un bien público sin fronteras: ¿quién pone los recursos para preservarlo saludable? La repuesta de la economía a los problemas planteados tiene ámbitos jurisdiccionales acotados, como los impuestos o el mercado de bonos, asignando derechos de emisión. Pero sin jurisdicción internacional la repuesta no es extrapolable. Si nos atenemos a los datos, vamos camino a la tragedia de los comunes.

Las emisiones de CO2 del sector energético (el mayor responsable) crecieron un 137% entre 1971 y 2018 (de 13900 millones de toneladas año a 33100, según la Agencia Internacional de Energía). La concentración de CO2 en la atmósfera por las emisiones totales pasó de 316 ppm (partes por millón) en 1959 a 413 en 2019. Estamos a 37 ppm del límite de las 450, y para evitar superar esa barrera hay que reducir las emisiones per cápita de 6 tn CO2 anuales a 2 promediando el siglo.

Es la condición para estabilizar el clima en un aumento de temperatura no superior a 2ºC. Por supuesto, en todos estos años creció la población y creció el producto mundial, y, si queremos rescatar un dato positivo, el crecimiento del consumo energético fue más eficiente (se redujo la tasa de intensidad energética que relaciona la unidad de energía utilizada por la unidad de producto generada).

Hay dos principales causas responsables del aumento de emisiones: la deforestación y la combustión del carbón mineral. El carbón mineral sigue siendo la principal fuente de generación de electricidad (38%), y la demanda en Asia que crece a tasas del 3% anual, ya representa el 75% de la demanda global.

El lobby carbonero en los Estados Unidos no ha podido contra la competencia de los precios del gas (revolución del shale gas) y la eficiencia de los ciclos combinados para generar electricidad. Pero en Asia, gran parte de la explotación de las minas de carbón está en control de compañías estatales articuladas con generadoras eléctricas también del Estado.

En la India, el consumo de carbón aumentó el 9% el último año, y el 44% de los fletes de los ferrocarriles estatales dependen de esa carga para poder subsidiar el transporte de pasajeros. La trama de intereses y el costo económico del carbón respecto a las energías alternativas, prima sobre las consideraciones ambientales. El problema es que con el uso creciente del carbón mineral la tragedia de los comunes a nivel global, se está transformando en muchos países en tragedia para los propios.

Las consecuencias ambientales localizadas de la combustión del carbón (emisión de monóxido de carbono, material particulado, etc.) han empezado a producir impactos sociales, económicos y políticos nacionales que auguran cambios trascendentes. China viene reduciendo la participación del carbón en su oferta de energía, y hay una drástica caída en la tasa de aprobación de nuevas centrales de carbón en toda Asia.

Es la gran oportunidad para el gas natural en la transición a energías alternativas. Un ciclo combinado a gas emite la mitad de CO2 que una planta de carbón, y la combustión de gas es mucho más limpia por efectos localizados que la de carbón. Por las oportunidades que se abren en esos mercados, competirán los grandes exportadores de gas por barco (GNL) como Qatar, Australia, Malasia, Nigeria, Indonesia y Estados Unidos. ¿Podremos llegar con gas argentino en cantidades y precios que viabilicen el negocio y hagan posibles las ingentes inversiones involucradas? Tal vez al final de la próxima década, a condición de que el desarrollo de nuestro potencial sea parte de una estrategia que sume consensos de largo plazo.

 

 

Fuente: https://www.clarin.com/opinion/gas-natural-transicion-energetica_0_BZ1q9fKS.html

 

 

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Fuerte caida del consumo de Gas Natural en el sector Industrial

El Enargas ha publicado recientemente los datos de consumo de gas natural para los diferentes consumidores del sistema. Observando la evolución de la demanda industrial, la misma muestra una caída en promedio 2 MMm3/día comparándola contra el año 2011. En términos porcentuales esta caída representa el 6% y se ha acentuado notablemente en el mes de septiembre. Consultados algunos actores del sistema, estos bajos consumos se mantuvieron en el mes de octubre y más aún en los primeros días de noviembre. El segmento de generación eléctrica logrado capturar esa disponibilidad adicional de gas bajando los costos de operación del sistema mediante sustitución de combustibles alternativos.

La política de cuidados de divisas será clave para la disponibilidad del sector industrial durante los meses de verano.