Neuquén cerró 2025 con un desempeño histórico: exportó USD 4.534 millones, un crecimiento del 18,8% interanual que consolidó a la provincia como el principal polo energético del país. El 96,7% de esas ventas externas provino de petróleo y gas, impulsadas por la expansión de Vaca Muerta y por una infraestructura que hoy permite evacuar volúmenes récord.
La producción provincial alcanzó 566.966 barriles diarios de petróleo, el nivel más alto registrado, mientras que el gas llegó a 113,92 millones de m³/día, con una participación no convencional del 90,75%. Este salto productivo se tradujo en un aumento sostenido de exportaciones hacia los mercados del USMCA y de la ALADI, que absorbieron más de USD 3.700 millones en crudo neuquino.
El crecimiento se explica por la actividad de los principales operadores de la cuenca. En petróleo, los bloques más dinámicos fueron Bandurria Sur, Lindero Atravesado, Mata Mora Norte, La Angostura Sur II y Rincón de Aranda, donde las compañías ampliaron capacidad, incorporaron nuevos pads y aceleraron la curva de aprendizaje del shale. En gas, los proyectos de Sierra Chata, La Calera, Aguada Pichana Este, Bandurria Sur y La Angostura Sur II sostuvieron la oferta en niveles récord.
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La infraestructura acompañó el salto productivo. Oldelval completó ampliaciones que permiten evacuar la nueva producción hacia el Atlántico, mientras que OTASA incrementó los envíos a Chile con un crecimiento del 82% en el primer trimestre de 2025. A esto se suma el avance del Vaca Muerta Oil Sur, el oleoducto que conectará la cuenca con Punta Colorada para exportación directa.
A pesar de estos números, la formación está lejos de su techo. Solo el 8% de Vaca Muerta está explotado, según datos técnicos de YPF, y menos del 15% tiene actividad exploratoria o pilotos en marcha. Más del 80% de la superficie permanece intacta, sin pozos ni infraestructura. Este nivel de subdesarrollo relativo explica por qué la producción sigue creciendo aun con inversiones moderadas y por qué la curva de expansión tiene décadas por delante.
El resultado es un cambio estructural: Argentina pasó de un déficit energético de USD 7.000 millones a un superávit de USD 8.000 millones, con una proyección oficial que estima USD 30.000 millones de saldo positivo en los próximos cinco años si la infraestructura continúa expandiéndose al ritmo actual.
La visión de Runrún
Vaca Muerta está mostrando su escala real. La combinación de operadores con músculo financiero, infraestructura en expansión y mercados externos demandantes está transformando a Neuquén en un actor energético de peso global. El dato clave es que este salto exportador se logró con apenas una fracción mínima de la formación en desarrollo. Para la Argentina, esto abre una ventana estratégica: más divisas, más actividad y un sector energético que ya opera con lógica de largo plazo.
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