Chevron y Total Energies están reordenando su estrategia en Vaca Muerta a partir de un escenario regulatorio más previsible y de la necesidad de asegurar proyectos de largo plazo.
El RIGI aparece como una herramienta que ambas compañías evalúan dentro de un paquete más amplio: costos, logística, midstream y acceso a mercados. La combinación de escala, infraestructura y contratos de exportación empieza a definir la nueva hoja de ruta para los grandes jugadores del shale argentino.
Las dos compañías atraviesan un momento de expansión silenciosa pero consistente. Chevron avanza con mayor integración en Loma Campana y en su red de midstream, mientras Total Energies acelera su presencia en gas no convencional con una estrategia que combina eficiencia operativa y contratos de exportación a Chile. Ambas coinciden en un punto: la competitividad de Vaca Muerta ya no depende solo del pozo, sino de toda la cadena logística que lo rodea.
El nuevo marco regulatorio —más previsible en términos fiscales y con reglas más claras para inversiones de largo plazo— funciona como un estabilizador, pero no como el único motor. Las compañías analizan el RIGI en función de su capacidad para reducir incertidumbre en proyectos que requieren desembolsos sostenidos durante más de una década. En ese sentido, el régimen se integra a un análisis más amplio que incluye infraestructura, costos de transporte, disponibilidad de arenas, capacidad de tratamiento y acceso a mercados externos.
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La estrategia de Chevron se apoya en la escala. La compañía busca consolidar hubs operativos que reduzcan tiempos de fractura, optimicen el uso de equipos y permitan una mayor continuidad en la curva de producción. La integración con midstream —oleoductos, plantas de tratamiento y sistemas de evacuación— es clave para sostener el crecimiento sin cuellos de botella.
Total Energies, por su parte, avanza con una lógica complementaria: eficiencia en gas, contratos de exportación y una visión de largo plazo sobre la demanda regional. La empresa francesa entiende que el Cono Sur seguirá necesitando gas firme durante la transición energética, y que Vaca Muerta puede ocupar ese espacio si mantiene costos competitivos y capacidad de entrega.
Ambas compañías coinciden en que la infraestructura será el factor decisivo de los próximos años. Oleoductos, plantas de tratamiento, ampliaciones de capacidad y nuevos corredores logísticos definirán qué proyectos escalan y cuáles quedan rezagados. En ese tablero, el RIGI funciona como un marco que ordena, pero la verdadera diferencia la hacen la eficiencia operativa y la integración de la cadena de valor.
La lectura que dejan Chevron y Total Energies es clara: Vaca Muerta está entrando en una etapa donde los grandes jugadores ya no compiten solo por pozos, sino por ecosistemas completos de producción, transporte y exportación. La competitividad se construye con escala, previsibilidad y logística. Y en ese escenario, las decisiones que se tomen en los próximos dos años definirán el perfil energético argentino de la próxima década.
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