El crecimiento del shale en Neuquén está modificando la estructura del negocio del gas. La mayor presencia de etano, propano, butano y gasolinas naturales en la producción reciente obliga a ampliar plantas de tratamiento, poliductos y capacidad de fraccionamiento.

Ese cambio, que durante años pasó desapercibido, hoy condiciona el ritmo de perforación y define dónde se concentran las inversiones de mayor escala.

La explicación es geológica y económica. El gas no convencional llega a superficie con una proporción de líquidos mucho más alta que la del gas convencional. Ese diferencial mejora el poder calorífico y eleva el valor del producto transportado.

Mientras el metano se comercializa a precios regulados en el mercado interno, los líquidos tienen referencias internacionales y permiten sostener la ecuación económica del upstream incluso cuando la demanda local está cubierta.

La presión sobre el sistema se siente en toda la cadena. Las plantas de acondicionamiento operan cerca de su límite y los operadores avanzan con ampliaciones que requieren inversiones de largo plazo.

Los proyectos incluyen más capacidad de procesamiento en Neuquén, nuevos tramos de poliductos hacia el sur y expansiones en el polo petroquímico de Bahía Blanca, donde se separan los componentes del gas y se definen los flujos de exportación. El RIGI se convirtió en el marco elegido para asegurar estabilidad fiscal y acelerar obras que superan los mil millones de dólares.

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El destino de los líquidos muestra la diversidad del negocio. El etano alimenta la producción de polietileno; el propano y el butano abastecen el mercado de garrafas del norte argentino y de Brasil; y las gasolinas naturales se integran a mezclas para refinerías o se exportan según condiciones de mercado.

La demanda externa también se volvió más dinámica: países asiáticos incorporaron cargamentos argentinos para cubrir faltantes puntuales y pagaron primas significativas para asegurar suministro.

La expansión del midstream de gas marca la próxima etapa de Vaca Muerta. Sin más capacidad de tratamiento y fraccionamiento, el crecimiento del shale se desacelera. Con nuevas plantas y poliductos, el país puede ampliar exportaciones, fortalecer el polo petroquímico y sumar una fuente de divisas menos expuesta a los ciclos del petróleo.

El desarrollo del gas rico convierte a los líquidos en un componente estratégico y abre una agenda de inversiones que trasciende al upstream.

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