BigSur Energy nació de una conversación entre dos mundos que rara vez se cruzan:
El de un abogado petrolero acostumbrado a resolver problemas operativos en yacimientos y el de un emprendedor tecnológico que buscaba una salida al consumo energético de la minería de datos. Bernardo Cabral y Ariel Perelman se conocieron por un amigo en común y, a partir de una consulta puntual sobre gas, terminaron diseñando un modelo que hoy opera en Texas y que empieza a evaluarse para Vaca Muerta.
Cabral venía de años de trabajo en operaciones de Oil & Gas y conocía de primera mano la lógica de los pozos donde aparece gas que no puede ser evacuado. Perelman, formado en tecnología desde adolescente, buscaba una forma de alimentar centros de datos sin depender de redes saturadas. La conversación derivó en una idea simple y a la vez difícil de ejecutar: llevar los data centers al pozo y usar el gas asociado como fuente de energía.
El modelo se consolidó cuando sumaron a Carlos Braun como inversor. La decisión de instalarse en Texas respondió a razones prácticas: seguridad jurídica, proveedores disponibles, logística aceitada y un ecosistema donde las petroleras —grandes, medianas y pequeñas— están acostumbradas a probar soluciones nuevas. BigSur montó su primer piloto a fines de 2024 y hoy opera catorce puntos en el Estado, con capacidad equivalente a más de 200 MW en gas.
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La empresa instala equipos de generación eléctrica en el yacimiento y, junto a ellos, centros de datos con conectividad satelital. El gas que no puede ser transportado se convierte en energía para procesamiento digital. Para las operadoras, el beneficio es doble: se reduce el venteo y se reactiva producción en pozos que, de otro modo, quedarían inactivos. Para BigSur, el negocio está en la infraestructura tecnológica y en la capacidad de transformar un recurso residual en un servicio de alto valor.

La experiencia en Texas abrió una segunda etapa: evaluar proyectos en la Argentina. La producción de crudo en Vaca Muerta genera volúmenes de gas que, en determinados pozos, enfrentan restricciones ambientales o limitaciones de transporte. La empresa trabaja en dos o tres iniciativas locales que replican el esquema texano, aunque su avance depende de permisos ambientales, acuerdos con operadoras y definiciones regulatorias sobre generación in situ.
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El equipo sostiene que la similitud entre Texas y Neuquén no es conceptual sino operativa: pozos horizontales con alta productividad, gas asociado que no siempre encuentra salida y presión sobre la infraestructura de transporte. La diferencia está en la regulación. Mientras que en Texas el despliegue es rápido, en la Argentina el proceso requiere coordinación entre Nación, provincias y organismos ambientales.
BigSur Energy se mueve en un segmento que crece a nivel global: la integración entre energía y datos en zonas de producción. La tendencia responde a una necesidad concreta de la industria —reducir desperdicios y sumar capacidad de procesamiento— y a un contexto donde la demanda de infraestructura digital se expande más rápido que la oferta. La experiencia texana funciona como referencia para evaluar su aplicación en Vaca Muerta en un momento en que la cuenca enfrenta desafíos de saturación y busca soluciones que permitan sostener el ritmo de producción.
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