El escenario energético internacional atraviesa una de sus fases más tensas desde 2008. Los conflictos en Medio Oriente, las restricciones en el Estrecho de Ormuz y la volatilidad del Brent están reconfigurando los flujos globales de petróleo y gas.

Informes de la IEA, la EIA y la OPEC coinciden en que los shocks geopolíticos actuales son transitorios, pero generan picos de precios que afectan a productores y consumidores por igual. En este contexto, la posición argentina adquiere un valor estratégico que trasciende la coyuntura.

Las declaraciones del CEO de YPF, Horacio Marín, se alinean con esta lectura global. El directivo ratificó inversiones por USD 6.000 millones para 2026, de los cuales USD 4.200 millones se destinarán a Vaca Muerta. Además, proyectó un salto en la actividad de perforación, con 17 rigs operativos hacia fin de año y un objetivo de 39 equipos para 2029, lo que consolida un sendero de expansión sostenida. La Secretaría de Energía confirma que la curva de aprendizaje del shale argentino redujo costos a niveles competitivos frente a cuencas líderes como Permian.

En paralelo, el proyecto Argentina LNG, impulsado por YPF y Petronas, emerge como un punto de inflexión para la inserción internacional del país. La CEPAL y el Banco Mundial destacan que la demanda global de GNL seguirá creciendo hasta 2040, impulsada por Asia y Europa. Marín definió el proyecto como “el más grande de la historia de Latinoamérica”, con exportaciones potenciales por USD 37.500 millones anuales. La señal más contundente es el interés de 47 bancos internacionales en financiar su desarrollo, un indicador de confianza en la capacidad energética argentina.

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La volatilidad del petróleo también forma parte del análisis. La IEA advierte que una restricción del 15% del flujo global —como la que generan los conflictos en Ormuz— es un “cisne negro” para los precios. Marín coincide en que el barril elevado es transitorio y que los valores volverán a niveles lógicos cuando se normalice el comercio marítimo. En este marco, YPF decidió limitar el aumento de combustibles al 10%, absorbiendo parte del impacto externo para sostener estabilidad interna.

El desempeño operativo de la compañía refuerza esta estrategia. YPF alcanzó un EBITDA ajustado de USD 22,6 por barril en el cuarto trimestre de 2025, con refinerías operando cerca del 100% y costos de extracción de USD 4,4 por boe en shale, por debajo de referencias internacionales. La eficiencia en perforación —324 metros por día— y los 250 pozos activos consolidan un ecosistema productivo que ya opera con estándares globales.

La energía volvió a ser un vector geopolítico. En un mundo que enfrenta disrupciones logísticas, tensiones militares y competencia por recursos, Vaca Muerta ofrece algo escaso: previsibilidad geológica, escala exportadora y costos competitivos. Si Argentina logra sostener inversión, infraestructura y reglas claras, puede convertirse en un proveedor estable en un mercado que premia la seguridad de suministro. El potencial está sobre la mesa; el desafío es convertirlo en una estrategia nacional de largo plazo.

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