Ali Moshiri, reconocido ejecutivo que lideró la primera gran inversión internacional en Vaca Muerta junto a Chevron e YPF, regresa a Argentina con un nuevo proyecto centrado en los yacimientos convencionales de Santa Cruz. En un contexto donde la atención global está puesta en el shale, él decide enfocarse en los campos maduros de la región patagónica.

Desde Houston, durante la clausura del evento CERAWeek, Moshiri confirmó su asociación con Doris Capurro, ex vicepresidenta de YPF, y la empresa Roch para adquirir tres bloques petroleros convencionales que el año pasado YPF transfirió a la estatal provincial Fomicruz. Las áreas involucradas son Cañadón Yatel, El Guadal – Lomas del Cuy y Cerro Piedra – Cerro Guadal Norte, ubicadas en Santa Cruz.

La compra se realizó a través de “Roch Proyectos”, un consorcio integrado por Roch S.A., Amos Global Energy (propiedad de Moshiri), Luft Energía (de Capurro) y un fondo estadounidense. Actualmente, estos bloques producen alrededor de 6.000 barriles diarios, lo que representa ingresos anuales cercanos a US$ 220 millones según los precios vigentes.

Sin embargo, el plan de Moshiri va mucho más allá de los números actuales. Su meta es desarrollar un portafolio convencional en Argentina que alcance una producción de 50.000 barriles diarios. En diálogo con Clarín, expresó: “Siempre quise volver a la Argentina y Doris me lleva de vuelta”, haciendo referencia a Capurro, quien fue vicepresidenta de Institucionales en YPF durante la gestión de Cristina Kirchner, en la etapa de expropiación a Repsol.

La estrategia operativa estará liderada por Roch y se centrará en la reducción de costos y la aplicación de técnicas de recuperación mejorada. Para que el proyecto sea viable, consideran fundamental que la provincia mantenga o incluso reduzca el régimen de regalías, incentivando así nuevas inversiones.

Doris Capurro sintetizó el enfoque del proyecto: “Estos activos dejaron de ser competitivos bajo esquemas tradicionales y con empresas enfocadas en Vaca Muerta. Nosotros vemos valor donde otros ven declinación: el desafío no es geológico, es operativo”.

Este planteo es especialmente relevante para Santa Cruz, donde YPF concentra sus inversiones en las áreas más rentables de Vaca Muerta, que cuentan con costos de extracción entre 4 y 5 dólares por barril. En contraste, los yacimientos convencionales de la provincia presentan menor productividad y costos hasta diez veces superiores, razón por la cual quedaron fuera del foco inversor. Allí es donde Moshiri identifica una oportunidad para revitalizarlos.

Según su visión: “Un barril es un barril. Cuando entra en el tanque no importa de dónde venga”. Su apuesta consiste en aplicar tecnología avanzada, optimizar las operaciones e implementar inyección de agua para mejorar factores de recuperación históricamente bajos, que oscilan entre el 20% y 30%, con el objetivo de transformar estos activos en operaciones rentables.

Además, Moshiri considera que el actual contexto argentino ofrece una mayor previsibilidad para los inversores privados y posiciona al país como un actor clave en la seguridad energética global. A diferencia del consenso del mercado, su enfoque no está en el shale, sino en las posibilidades del sur del país.

Si este plan logra concretarse, Santa Cruz podría recuperar volumen productivo gracias a áreas que hasta hace poco estaban fuera del radar de los inversores. Así, el ejecutivo que inicialmente apostó por Vaca Muerta ahora busca demostrar que la Patagonia convencional aún tiene un futuro prometedor.

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