El Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional, publicó este mes, el informe Selected Issues: Argentina que acompaña la nueva revisión del programa acordado entre el Gobierno argentino y el organismo. Elaborado por un equipo técnico encabezado por Luis Cubeddu y Bikas Joshi, el documento analiza los principales desafíos estructurales de la economía argentina tras los primeros dos años de gestión de Javier Milei.

El trabajo se concentra en cuatro ejes centrales: la reforma tributaria, las lecciones de los programas de estabilización, el fortalecimiento de la posición externa y las reformas del mercado laboral. A través de comparaciones internacionales, simulaciones macroeconómicas y análisis históricos, el FMI busca evaluar hasta qué punto el programa de ajuste logró estabilizar la economía y cuáles son las condiciones necesarias para mantener la estabilidad en el mediano plazo.

Reconocimientos y criticas

La lectura política global del informe parece transmitir, simultáneamente, tres mensajes  relevantes. En primer lugar, el FMI reconoce que Javier Milei logró una estabilización excepcional en un contexto extremadamente adverso. El organismo destaca con claridad la magnitud inédita del ajuste fiscal, la rápida desaceleración inflacionaria y, sobre todo, el hecho de haber evitado una crisis hiperinflacionaria que muchos consideraban inminente. El tono del documento sugiere que el Fondo percibe esta etapa inicial como un éxito político y económico poco frecuente en la historia reciente argentina.

Sin embargo, las criticas son abundantes y se manifiestan en el no siempre diplomático lenguaje del FMI. El informe deja entrever que el programa continúa siendo frágil. Esa vulnerabilidad aparece reflejada en distintos planos: el bajo nivel de reservas, la todavía débil demanda de pesos, la sensibilidad política del esquema económico y la fuerte dependencia de un ancla cambiaria rígida. A ello se suma una preocupación más profunda: la falta de institucionalización duradera del programa, cuya sostenibilidad todavía parece descansar más en la excepcionalidad del ajuste que en la consolidación de reglas permanentes.

En otras palabras, el Fondo avala la estabilización impulsada por Milei, pero no parece dispuesto a convalidar indefinidamente un modelo excesivamente rígido, altamente personalista y dependiente de un ajuste permanente como mecanismo central de equilibrio macroeconómico.

El FMI elogia explícitamente la velocidad del ajuste y la estabilización inicial, el texto contiene numerosas críticas implícitas —o “veladas”— al enfoque económico del gobierno de Javier Milei, no obstante, esas observaciones dejan ver preocupaciones importantes del staff del Fondo sobre la sostenibilidad política, monetaria y externa del programa. En primer término, hay una crítica a la dependencia excesiva del ancla cambiaria ya que el informe sugiere repetidamente que el gobierno depende demasiado del tipo de cambio como instrumento antiinflacionario.

Cuando afirma que “la utilización del tipo de cambio como ancla nominal tiende eventualmente a abandonarse” y que los programas exitosos evolucionan hacia esquemas más flexibles y basados en tasas de interés, está señalando indirectamente que el esquema inicial de crawling peg administrado por Milei y Caputo generó riesgos de atraso cambiario y vulnerabilidad externa. La crítica se vuelve más evidente cuando menciona que “Los intentos de reducir la inflación demasiado rápido, con una dependencia excesiva de un ancla cambiaria… a menudo dieron como resultado que los programas de estabilización terminaran abruptamente.” En el lenguaje político significa que el Fondo está advirtiendo que intentar bajar la inflación demasiado rápido usando el dólar como ancla puede terminar en crisis cambiaria.

En el lnforme, también critica a la insuficiente acumulación de reservas y es probablemente la advertencia más importante del documento.El FMI reconoce el éxito fiscal y desinflacionario, pero insiste varias veces en que la acumulación de reservas fue limitada, insuficiente o quedó rezagada respecto de otras estabilizaciones exitosas. Una crítica clara al diseño inicial del programa económico: el gobierno priorizó bajar inflación y sostener actividad antes que recomponer agresivamente el balance externo.Incluso marca que “Las presiones externas surgieron antes de las elecciones de medio término.” Es decir: el Fondo interpreta que el esquema era vulnerable políticamente y que la demanda de pesos colapsó ante incertidumbre electoral.

La lectura implícita es que el programa estabilizó precios, pero no logró todavía consolidar confianza estructural. El documento observa que si bien la inflación cayó, la remonetización de la economía fue mucho más lenta que en otros casos exitosos.

Eso es una crítica sofisticada pero fuerte y en términos económicos significa que la gente todavía no confía plenamente en el peso y que el sistema financiero sigue débil y el programa todavía depende demasiado de controles, tasas reales y disciplina fiscal extrema, lo que sugiere que la estabilización todavía no generó una confianza monetaria genuina.

Monetarismo

El informe cuestiona explícitamente los esquemas rígidos de agregados monetarios. Dice que los objetivos estrictos de emisión generan volatilidad y pueden provocar oscilaciones excesivas en tasas y actividad y que son inferiores a esquemas modernos basados en inflación objetivo e instrumentos de tasa. Esto puede leerse como una crítica técnica al enfoque ideológico más ortodoxo del gobierno y de ciertos sectores libertarios cercanos a Milei, particularmente la idea de “emisión cero” como único ancla suficiente. Esto, para el FMI significa que el control monetario es necesario, pero que no alcanza por sí solo y aplicado rígidamente, puede ser contraproducente.

Fragilidad política del programa

El informe menciona varias veces el problema de la “incertidumbre política” y la necesidad de construir “consensos duraderos”. Eso es lenguaje diplomático para señalar que el programa depende excesivamente de liderazgo presidencial y shock inicial, pero aún carece de institucionalización profunda. Cuando el Fondo enfatiza reglas duraderas, autonomía del Banco Central, marcos fiscales estables, consensos políticos, está sugiriendo que el actual esquema sigue siendo vulnerable a cambios políticos o electorales.

Retraso cambiario y endeudamiento externo

El documento nunca dice explícitamente “hay atraso cambiario”, pero lo sugiere varias veces. Por ejemplo, habla de “real exchange rate appreciation” e insiste en la necesidad de mayor flexibilidad cambiaria y menciona que los programas que usan anclas cambiarias suelen terminar con monedas sobrevaluadas. Además, el énfasis en la necesidad de generar grandes superávits comerciales futuros implica que el Fondo cree que el tipo de cambio real todavía debe preservar competitividad.

Otra observación importante del FMI diferencia explícitamente entre acumular reservas vía exportaciones y flujos genuinos y hacerlo mediante deuda pública. El informe señala claramente que la acumulación “orgánica” reduce riesgo país, mientras que las reservas financiadas con deuda tienen menor efecto positivo. Eso es una crítica implícita a la utilización de préstamos multilaterales como BOPREAL, los swaps y endeudamiento externo como sostén del balance del BCRA.

Reformas estructurales

Uno de los ejes centrales del informe es el diagnóstico crítico del sistema tributario argentino. El FMI sostiene que la estructura impositiva actual es excesivamente compleja, distorsiva e ineficiente. Argentina presenta una presión tributaria elevada para los estándares regionales —alrededor del 27 % del PIB en 2025— pero combinada con una base estrecha, múltiples regímenes especiales y más de 155 tributos distintos, lo que genera altos costos administrativos, incentivos a la evasión y pérdida de competitividad. El organismo identifica especialmente como problemáticos los impuestos a las exportaciones, a las transacciones financieras y los tributos provinciales sobre ingresos brutos, cuya naturaleza acumulativa distorsiona precios relativos, desalienta la inversión y perjudica la productividad.

Aunque como dijimos, el informe celebra varias reformas, también remarca que las reformas tributarias siguen incompletas, que persisten distorsiones severas y que todavía faltan reformas institucionales profundas. Especialmente en materia de coparticipación, impuestos provinciales, del mercado laboral, fortalecimiento institucional y de autonomía monetaria. El mensaje implícito es que la estabilización inicial fue exitosa, pero todavía no existe una transformación estructural consolidada.