En el marco de la Conferencia Arpel 2026 que se desarrolló en Buenos Aires, representantes de entidades energéticas de América Latina consideraron que la principal barrera para atraer inversiones no es el contexto global (de conflictos armados y alta volatilidad de los mercados), sino la falta de previsibilidad, competitividad y consensos internos, en un escenario donde el potencial energético de la región sigue sin traducirse en desarrollo sostenido.

Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP), sostuvo que “la soberanía nacional se define en gran parte por la soberanía energética” y alertó que “en algunos países habíamos perdido la pelea de la narrativa política”. En la misma línea, Luz Stella Murgas, presidente de Naturgas, señaló que la incertidumbre está “muy asociada a las reglas de juego”, mientras que Roberto Ardenghy, CEO del IBP de Brasil, afirmó que “la transición energética no es un fenómeno únicamente ambiental sino también económico”.

Desde Argentina, Ernesto López Anadón, presidente del IAPG, remarcó que “tenemos que ser extremadamente competitivos”, y que el eje es el “respeto al inversor”. Felipe Cantuarias, presidente de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), advirtió que la inestabilidad política frena el desarrollo, mientras que Raúl García Carpio, Gerente de Hidrocarburos de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía de Perú (SNMPE), alertó que “desde 2010 no se actualiza la política energética nacional”.

Todos ellos coincidieron en que, “sin reglas estables, seguridad jurídica y visión de largo plazo, la región difícilmente podrá convertir su potencial energético en inversiones concretas”, y que en los países en los que se está implementando la receta correcta, los resultados se están materializando; referido principalmente a Argentina y Brasil .

Riesgos globales y presión regulatoria

Los referentes globales del sector están de acuerdo en que el mundo enfrenta un escenario de mayores riesgos geopolíticos y regulatorios, que obliga a sostener inversiones tanto en hidrocarburos como en nuevas tecnologías. Carlos Garibaldi (Arpel) cuestionó enfoques simplistas al afirmar que “la reducción no es solución”, mientras Elizabeth Komiskey (IOGP) pidió una visión más práctica centrada en garantizar el acceso a la energía.

Jennifer Miskimins (SPE) alertó que “estamos experimentando el riesgo ahora mismo”, con un entorno más inestable, mientras Andrea Stegher (International Gas Union) reclamó regulaciones realistas y defendió la sostenibilidad como vía para “reducir la pobreza a través de la energía”.

Brian Sullivan (Ipieca), en tanto, advirtió sobre la volatilidad política y destacó la necesidad de recalibrar inversiones, subrayando que no se puede subestimar el rol de la energía en el progreso. Los participantes del panel de cierre de la Conferencia coincidieron en que la seguridad energética, la estabilidad regulatoria y el pragmatismo serán claves para enfrentar un contexto global cada vez más incierto.

IA: Energía, trabajo y rentabilidad

Delfina Arambillet, de Globant, advirtió que el avance de la Inteligencia Artificial plantea al sector energético el desafío de abastecer una mayor demanda de energía y, al mismo tiempo, lograr que su adopción genere valor real.
Señaló que, aunque el 88 % de las empresas ya usa IA, solo el 39 % ve impacto en su rentabilidad —y muy limitado—, lo que evidencia problemas de implementación más que de acceso. En ese marco, planteó la necesidad de aplicar la IA con estrategia, gobernanza y criterios éticos, y alertó que su avance obliga a rediseñar el trabajo, con humanos enfocados en supervisar sistemas, mientras las empresas aún están rezagadas en adaptar sus modelos para aprovechar su potencial.

Riesgos climáticos: Gestión y Resiliencia
Las empresas energéticas de la región están acelerando la incorporación de riesgos climáticos físicos en sus operaciones, con foco en lluvias extremas, sequías y degradación de infraestructura, coincidieron Diego Agrelo (YPF), Andrés Mendizábal (TGP), Geonavis Hernández (Ecopetrol) y Laura Kennett (Grupo Rosen).

Los panelistas coincidieron en que la resiliencia operativa requiere integrar datos, planificación y decisiones de inversión, priorizando riesgos materiales y fortaleciendo capacidades de monitoreo, predicción y respuesta. Entre las principales recomendaciones destacaron institucionalizar la gestión climática de forma transversal, involucrar a la alta dirección, mejorar la calidad y disponibilidad de datos y utilizar estos análisis como herramientas de gestión para garantizar la continuidad operativa en un contexto climático cada vez más exigente.

Por su parte, Sandra Carrillo, socia de ERM, sostuvo que los riesgos climáticos ya son un factor estratégico para el sector energético, al incidir en la competitividad, el acceso a financiamiento y las decisiones empresariales, en un contexto donde eventos extremos generan costos crecientes y afectan variables como EBITDA, CAPEX y costo de capital. “Esto no es una proyección futura, es una realidad medible”, afirmó.