El exfuncionario estadounidense advierte que una concesión de Washington a Irán podría transformar definitivamente el equilibrio de poder en Medio Oriente y alterar el precio internacional del petróleo. Para la Argentina, el desenlace impactará sobre la inflación, los costos productivos, la competitividad de Vaca Muerta y la posibilidad de recuperar inversión extranjera en un contexto regional cada vez más competitivo.

Elliott Abrams, Ex Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de los presidentes Ronald Reagan y George W. Bush, sostiene en una nota del Council of Foreigns Relations, que el equilibrio de poder en Medio Oriente atraviesa una transformación profunda desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Según el exfuncionario estadounidense, Israel logró debilitar significativamente el denominado “anillo de fuego” construido durante años por Irán alrededor de su territorio: Hamás perdió capacidad operativa en Gaza, Hezbolá quedó debilitado en Líbano, cayó el régimen de Bashar al-Assad en Siria y el gobierno iraquí comenzó a disputar el poder de las milicias chiíes respaldadas por Teherán. A esta pérdida de influencia regional se suma, según Abrams, una creciente fragilidad interna del régimen iraní.

En ese contexto, Estados Unidos enfrenta una decisión estratégica: aprovechar la debilidad iraní para aumentar la presión sobre Teherán o buscar rápidamente un acuerdo que permita reducir la confrontación. Abrams cuestiona la estrategia de Donald Trump porque considera que su manifiesto interés por alcanzar un entendimiento —en particular para normalizar el tránsito y las exportaciones de petróleo y provocar una caída de los precios internacionales— reduce el poder negociador de Washington.

Del dicho al hecho

Para Abrams, permitir que Irán consolide allí una posición dominante tendría consecuencias que exceden ampliamente la cuestión energética. Teherán podría fortalecer financieramente al régimen, aumentar su influencia sobre los productores petroleros del Golfo y poner en duda la capacidad de Estados Unidos para garantizar la seguridad de aliados como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

El resultado podría acelerar un realineamiento de las alianzas regionales y la búsqueda de nuevos socios estratégicos por parte de las monarquías del Golfo.
El ex funcionario de la Casa Blanca, dirige su crítica más dura contra la ambigüedad de la administración Trump, que alterna amenazas militares con períodos de inacción y señales favorables a una negociación. Para Abrams, esa falta de una línea clara está erosionando una posición de fortaleza construida mediante la presión económica y militar sobre Irán, al tiempo que incentiva a Teherán a endurecer sus condiciones.

Una eventual aceptación estadounidense del predominio iraní sobre Ormuz sería interpretada no sólo como una victoria de Irán, sino como un retroceso estratégico de Washington con repercusiones sobre la credibilidad de sus compromisos también en Europa y Asia.

Más allá de la dimensión geopolítica, el desenlace de esta disputa tiene una consecuencia económica inmediata: Ormuz es uno de los principales puntos de tránsito de petróleo y gas del mundo, por lo que cualquier cambio en las expectativas sobre su seguridad puede trasladarse rápidamente al precio internacional de la energía, la inflación, las tasas de interés y el apetito global por riesgo.

Esa cadena de transmisión abre un interrogante especialmente relevante para la Argentina: cómo un escenario de mayor tensión, un acuerdo entre Washington y Teherán o una eventual normalización de los flujos petroleros podría impactar sobre el petróleo, el dólar, los bonos soberanos, las acciones argentinas, Vaca Muerta y las perspectivas macroeconómicas locales.

¿Y por casa?

En relación con el escenario que plantea Abrams —en particular, la posibilidad de precios internacionales del petróleo más bajos si se normaliza la situación con Irán y el estrecho de Ormuz—, el mensaje de Horacio Marín es bastante directo: Vaca Muerta debe ser competitiva incluso con petróleo barato.

No obstante, una suba internacional del precio de los hidrocarburos mejora, en principio, las condiciones para los productores argentinos, en particular para las compañías con creciente exposición a las exportaciones de Vaca Muerta con mayores ingresos y mejores márgenes, proyecta nuevos desarrollos y puede acelerar decisiones de inversión.

Además, el efecto se extiende al ingreso de divisas, la balanza comercial energética y las regalías de las provincias productoras.

Sin embargo, el impacto sobre el conjunto de la economía sería negativo: el encarecimiento del crudo presiona sobre los precios internos de los combustibles y, a través de los costos de transporte, logística y producción, puede trasladarse a la inflación y afectar la competitividad de actividades que utilizan intensivamente energía.

El resultado combina así una mejora de los ingresos del sector exportador y de las cuentas externas con mayores costos para empresas y consumidores, un factor que puede recortar parte del beneficio macroeconómico generado por el aumento de las exportaciones energéticas.

Siempre los costos

Marín sostiene que el crecimiento de la producción por sí solo no alcanza. Para que Vaca Muerta pueda mantener su expansión y competir internacionalmente, YPF y toda su cadena de proveedores tienen que reducir costos mediante productividad, reorganizando contratos e incentivos, incorporando tecnología y tomando como referencia a los productores de shale de Estados Unidos. “Hay que trabajar en productividad para no sufrir los precios bajos del petróleo”, dijo.

Esto resulta particularmente relevante frente al escenario descrito por Abrams. Si Estados Unidos alcanzara un acuerdo con Irán que permitiera normalizar el tránsito por Ormuz y aumentar la oferta iraní de crudo, una consecuencia probable sería una presión bajista sobre el precio internacional del petróleo. Para la Argentina, y especialmente para Vaca Muerta, un barril más barato reduce los márgenes de exportación y vuelve mucho más decisivo el costo de producción.

Marín plantea, justamente, que la respuesta debe ser estructural: Vaca Muerta tiene que poder competir por productividad y no depender de altos precios internacionales.

Para eso propone trasladar a perforación y servicios el modelo de eficiencia que YPF ya aplicó en otras áreas, compartir con los proveedores los ahorros obtenidos mediante mejoras de productividad y modificar contratos que actualmente pueden terminar premiando la ineficiencia.

Hay además una dimensión de escala. Marín proyecta un fuerte aumento de producción e infraestructura —VMOS, más equipos de perforación y los proyectos de LNG— y menciona una perspectiva de US$ 55.000 millones de exportaciones para 2031, bajo el supuesto de un petróleo de US$ 70 por barril y gas a US$ 6,50 FOB. Por lo tanto, la evolución del precio internacional deja de ser una variable exclusivamente sectorial: pasa a tener incidencia potencial sobre inversiones, exportaciones y generación de divisas.

Aguas abajo

El conflicto en el Estrecho, incidió en los resultados de Tenaris durante el segundo trimestre. La compañía postergó envíos por 130 millones de dólares con destino a Irak, Kuwait y Catar como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz, que impidió el tránsito de los buques hacia el norte del Golfo. En contraste, los despachos hacia Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se sostuvieron, pues Aramco y ADNOC mantuvieron sus operaciones de perforación. Las ventas totales alcanzaron 3.000 millones, un 4% por debajo de la cifra registrada en el mismo período de 2025.

El escenario obligó a la empresa a modificar sus previsiones. La reapertura de Ormuz, que hasta entonces formaba parte del escenario base, pasó a considerarse un elemento de mejora, ya que existen pedidos producidos que aguardan su salida. La cartera de materiales para esa región aumentó de US$100 a US$130 millones. Tenaris prevé que el tercer trimestre será el período más afectado, aunque estima que los ingresos y el EBITDA del segundo semestre se mantendrán en línea con la primera mitad, con una recuperación hacia el último tramo del año.

La interrupción del tránsito elevó el precio del petróleo y generó incentivos para aumentar la perforación en otras regiones. Estados Unidos, Canadá y Argentina muestran una demanda mayor de tubos. En Vaca Muerta operan 42 equipos, nueve más que en enero. La empresa amplía turnos en sus plantas de Koppel y Ambridge, y ejecuta un programa de US$ 230 millones en Sault Ste. Marie. El sector offshore también experimenta una reactivación; Tenaris sumó trabajos para Cronos, GranMorgu y Sakarya, y proyecta que el impacto en ventas se refleje desde el cuarto trimestre de 2026 y continúe durante 2027.

¿Y el Rigi?

La agenda local incorporó otra variable vinculada con la capacidad de la Argentina para atraer inversiones hacia sus recursos energéticos y mineros. El Senado buscará esta semana avanzar con el dictamen del denominado Súper RIGI, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, con la expectativa oficial de alcanzar su sanción antes de finalizar agosto.

El proyecto apunta a crear un marco de adhesión para inversiones superiores a los US$ 1.000 millones en actividades que actualmente no cuentan con un vehículo específico dentro del régimen vigente. La discusión cobra dimensión por la cartera de proyectos bajo evaluación, estimada en US$ 101.241 millones, y por su posible aplicación a desarrollos industriales asociados con la energía y la minería, entre ellos el procesamiento de minerales y otras actividades destinadas a ampliar la capacidad exportadora.

Mientras la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán modifica las condiciones del mercado mundial de energía, el debate del Súper RIGI en el Senado introduce una variable interna: qué condiciones ofrece la Argentina para que los proyectos de largo plazo puedan ejecutarse aun cuando cambien el precio del petróleo, el costo del financiamiento y el contexto internacional.

Si el Senado emite dictamen y el proyecto llega al recinto durante la segunda mitad de agosto, su posterior reglamentación podría abrir una nueva etapa para proyectos que requieren compromisos de capital de largo plazo.

El debate adquiere además otra dimensión frente al comportamiento reciente de la inversión extranjera directa. Pese a la puesta en marcha del RIGI, la Argentina quedó en 2025 fuera del grupo de principales receptores de capital extranjero de América Latina y registró una caída respecto de 2024.

Según el informe más reciente de la CEPAL, América Latina y el Caribe recibieron US$ 194.233 millones de inversión extranjera directa en 2025, un 1,7% más que en 2024. Brasil recibió US$ 77.676 millones y México, US$ 43.221 millones. Siguieron Chile, Perú, Colombia, Guyana, Costa Rica y República Dominicana. La Argentina quedó fuera de ese grupo de principales receptores.

La comparación con 2024 permite dimensionar el retroceso. Ese año, la Argentina había recibido US$ 11.644 millones, equivalentes aproximadamente al 6% de toda la inversión extranjera directa de la región, por lo que se encontraba lejos de ocupar los últimos lugares entre los receptores de capital.