En el Gobierno existe preocupación por el impacto que una nueva ronda de aumentos de combustibles pueda tener sobre la inflación.

Raízen —licenciataria de la marca Shell—, Axion Energy y Puma aumentaron en las últimas horas hasta un 5% el precio del gasoil y alrededor de un 2,5% el de las naftas, lo que arroja una suba promedio cercana al 3% en los surtidores. El movimiento busca absorber, al menos parcialmente, el fuerte incremento de los costos de reposición que enfrentan las refinadoras por la disparada de los combustibles a nivel internacional. YPF, que concentra cerca del 55% del mercado, aún no definió si acompañará la suba.

El principal problema para las compañías está hoy en el gasoil, cuyo precio internacional se disparó por las crecientes restricciones en la capacidad global de refinación, aunque también incide la nueva escalada del petróleo que volvió a superar la barrera de los US$ 100 por barril.

El mercado mundial de diésel atraviesa una situación particularmente crítica. Los ataques ucranianos sobre refinerías rusas y las interrupciones en el suministro y transporte de combustibles en Medio Oriente redujeron la disponibilidad del producto, mientras buena parte de la capacidad de refinación global opera prácticamente al límite. Esa combinación llevó al precio internacional del diésel a niveles récord.

Qué hará YPF

Ahora resta saber qué hará YPF. A comienzos de abril, Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, anunció la puesta en marcha de un esquema de compensación —un “buffer” o mecanismo amortiguador— destinado a evitar que la escalada internacional del petróleo se trasladara de manera inmediata y completa a los surtidores.

El mecanismo, que EconoJournal explicó en detalle el 2 de abril, permitió que productores y refinadores administraran temporalmente las diferencias entre el precio interno y las referencias internacionales. La premisa era que la brecha acumulada pudiera recuperarse más adelante, una vez que el petróleo retornara a valores más cercanos a los US$ 80 por barril.

Sin embargo, la decisión de las compañías privadas de volver a aumentar los combustibles tras varios meses de relativa estabilidad deja en claro que para las refinadoras ya no existe certeza de que el precio internacional del petróleo vaya a regresar rápidamente a valores cercanos a los US$ 70 u 80 por barril.

En una de las tres compañías que aplicaron aumentos explicaron a EconoJournal que los reportes internacionales con los que trabaja la empresa proyectan que el petróleo podría mantenerse por encima de los US$ 85 por barril hasta mediados de 2027.

Esa perspectiva modifica la lógica con la que originalmente fue diseñado el buffer. El mecanismo suponía absorber temporalmente una coyuntura excepcional para recuperar posteriormente los márgenes cuando se normalizara el mercado internacional. Si los precios elevados se prolongan durante varios meses, la capacidad de las refinadoras para continuar acumulando esa diferencia se reduce.

A eso se suma la presión que existe sobre el costo de adquisición del petróleo. Las refinadoras locales compran el crudo tomando como referencia la paridad de exportación del Brent. Con un Brent en torno a los US$ 100 por barril, esa referencia se ubica cerca de los US$ 92 una vez descontado el impacto de las retenciones a la exportación del 8%.

La ecuación se vuelve todavía más exigente porque la paridad de exportación no siempre constituye el techo efectivo del precio. El Medanito, un crudo liviano y de alta calidad producido principalmente en Vaca Muerta, está recibiendo en determinadas operaciones un premio por encima del Brent por sus características y por las condiciones del mercado internacional. Ese diferencial encarece todavía más el abastecimiento para las refinadoras que necesitan comprar petróleo a terceros.

Frente a ese escenario, entre algunas refinadoras se exploró incluso la posibilidad de alcanzar una suerte de acuerdo privado con los productores de crudo no integrados, con el objetivo de administrar temporalmente el impacto de la escalada internacional.

Entre esos productores figuran compañías como Pluspetrol, Vista, Tecpetrol, Chevron y CGC, entre otros actores relevantes del upstream. Sin embargo, la iniciativa ni siquiera llegó a convertirse en una negociación formal. Fue apenas un intento germinal que no avanzó frente a la negativa de las compañías productoras a convalidar un mecanismo de ese tipo.

El problema es particularmente sensible en el gasoil. Fuentes del mercado de combustibles señalaron a EconoJournal que, incluso después del aumento aplicado esta semana, el precio doméstico continúa entre un 15% y un 25% por debajo de la paridad de importación, según las estimaciones de las distintas compañías privadas.

En otras palabras, la corrección de hasta 5% aplicada en surtidor está lejos de cerrar la brecha generada por el salto del precio internacional del diésel.

La mirada del Gobierno

En el equipo económico existió comprensión frente a la decisión de las petroleras privadas. El mensaje transmitido desde el Ministerio de Economía fue que el escenario internacional se volvió a complicar en las últimas semanas y que, con los actuales niveles del petróleo y especialmente del gasoil, resulta cada vez más difícil sostener prácticamente congelados los precios internos.

Al mismo tiempo, en el Gobierno existe preocupación por el impacto que una nueva ronda de aumentos de combustibles pueda tener sobre la inflación, el principal indicador sobre el cual la administración de Javier Milei articula buena parte de su narrativa económica y política.

No obstante, consideran que el efecto directo e indirecto de esta corrección sobre el índice de precios sería acotado. Estimaciones que manejan en el sector indican que por cada 10% de aumento en los precios de los combustibles, el impacto total sobre el IPC ronda los 0,4 puntos porcentuales.

Bajo esa relación, un incremento promedio cercano al 3% como el registrado esta semana tendría una incidencia del orden de 0,1 a 0,15 puntos porcentuales sobre el IPC, aunque el impacto efectivo dependerá también del momento y la velocidad con que las nuevas pizarras se trasladen al resto de la economía.

, Nicolas Gandini