La paradoja de la IED en la Argentina de Milei: a pesar de la alianza con Trump, el RIGI y la promesa de libre mercado viene menos inversión extranjera que Brasil, México, Chile o el Caribe. Entre 2020 y 2025, la Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina y Argentina atravesó tres fases claras: el desplome inicial provocado por la pandemia en 2020, un rebote post-pandémico y la posterior consolidación de nuevos sectores estratégicos impulsados por la transición energética y la relocalización de cadenas globales (nearshoring). En ese marco, la Argentina acumuló alrededor de US$ 71.179 millones en registros contables de IED, pero con una particularidad que relativiza las cifras: entre 2020 y 2023, cerca del 75% fueron utilidades retenidas por el control de cambios, mientras que recién a partir de 2024 y 2025 comenzó un proceso de inversiones genuinas orientadas al sector primario-exportador. No obstante, a pesar del alineamiento ideológico del gobierno libertario de Javier Milei con Donald Trump y con el mundo de los inversores internacionales, y a pesar de herramientas agresivas como el RIGI, la Argentina sigue captando menos capitales frescos que Brasil, México, Chile o Colombia. Las razones no son ideológicas sino estructurales, financieras e institucionales.
Entre los años 2020 y 2025, la evolución de la IED en América Latina y Argentina estuvo marcada por tres fases claras: el desplome inicial provocado por la pandemia en 2020, un rebote post-pandémico y la posterior consolidación de nuevos sectores estratégicos impulsados por la transición energética y la relocalización de cadenas globales (nearshoring).
El impacto de 2020 fue devastador: la IED en la región cayó un 35%, situándose en torno a los US$ 105.000 millones, el nivel más bajo en una década. La incertidumbre sanitaria paralizó las fusiones y adquisiciones, así como los megaproyectos de capitales transnacionales. El rebote de 2021 fue igualmente notable: se registró una recuperación del 56%, alcanzando cerca de US$ 160.000 millones, impulsada por la reactivación económica global, el alza en los precios de los bienes primarios (commodities) y la aceleración de servicios digitales.
Máximo históricos
Según la CEPAL, las entradas de IED treparon en 2022 a un nivel récord de US$ 224.579 millones (un incremento del 55% respecto a 2021). Brasil captó más del 40% del total regional, seguido por México, Chile, Colombia y Argentina. En 2023 el flujo se moderó ligeramente (con una caída global cercana al 10% según UNCTAD/CEPAL, rondando los US$ 212.000 millones), explicada por altas tasas de interés globales y la desaceleración del comercio mundial.
Transición energética y nearshoring
Los sectores tractores de la IED regional dejaron de depender tanto de la manufactura tradicional o las finanzas convencionales para concentrarse en: energía limpia e hidrocarburos (proyectos solares, eólicos e inversiones en petróleo/gas de eficiencia); minerales críticos (litio, cobre y níquel, eje central en el Cono Sur); nearshoring / relocalización (concentrado fuertemente en México y países de Centroamérica para abastecer al mercado de Estados Unidos); y servicios de tecnología y software (crecimiento sostenido en centros de servicios globales en la región).
La dinámica del cepo y el RIGI
El comportamiento de la IED en Argentina durante este período presentó una dinámica particular, fuertemente influenciada por las regulaciones cambiarias, la inflación y los cambios de régimen macroeconómico.
Las restricciones cambiarias (cepo) redujeron el ingreso de nuevo capital externo. La IED registrada respondió en gran medida a la reinversión de utilidades de empresas ya instaladas al no poder girar dividendos al exterior. En 2022 y 2023 la IED bruta alcanzó picos teóricos (superando los US$ 15.000 millones anuales según registros oficiales), pero con un componente predominante de deuda comercial intercompany y utilidades no distribuidas, más que inversión verde (greenfield).
Sinceramiento
Tras la transición macroeconómica de fines de 2023 y las reformas de 2024 (incluido el marco normativo del RIGI – Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones), el perfil de la IED viró hacia proyectos de infraestructura pesada, minería y energía.
El período 2020–2025
La IED mostró una trayectoria de fuertes oscilaciones entre 2020 y 2025. En 2020, los flujos alcanzaron los US$ 4.093 millones, un 38,0 % menos que el año anterior, en un contexto de paralización operativa y restricciones cambiarias. La reinversión de utilidades tuvo entonces un peso central. En 2021, con la recuperación posterior a la pandemia, la IED ascendió a US$ 6.782 millones (+65,7 %), al tiempo que comenzó a crecer la acumulación de utilidades no distribuidas.
El aumento se acentuó en 2022, cuando los flujos llegaron a US$ 15.408 millones (+127,2 %). En ese resultado incidieron tanto la deuda comercial entre empresas vinculadas como las utilidades que no se giraron al exterior. En 2023 se registró el máximo de la serie, US$ 23.896 millones (+55,1 %). Según los datos citados del BCRA, alrededor del 85 % correspondió a utilidades retenidas, por lo que la magnitud del registro no debe interpretarse, por sí sola, como un ingreso equivalente de nuevos capitales.
Para 2024 se estima una caída a un rango de US$ 8.200 a 9.500 millones, cercana al 62 %. Esta reducción se vincula con la devaluación y los cambios en el tratamiento de la deuda comercial. Las proyecciones para 2025, por su parte, sitúan la IED entre US$ 12.000 y 14.500 millones, con una recuperación estimada del 45 %, asociada a posibles desembolsos de proyectos acogidos al RIGI, especialmente en Vaca Muerta y en minería y litio.
Las cifras de 2024 son preliminares y las de 2025 constituyen proyecciones; los porcentajes correspondientes deben leerse como aproximaciones.
El “efecto cepo”
Para interpretar correctamente las cifras altas de 2022 y 2023, la base de datos del BCRA distingue tres componentes clave en el ingreso de divisas:
- Reinversión de utilidades (~70% – 80% del total en 2022-2023): ganancias de filiales extranjeras que no pudieron girarse al exterior debido a las restricciones cambiarias y quedaron en el balance local.
- Aportes de capital y nuevas inversiones (“greenfield”) (~10% – 15%): capitales frescos ingresados desde el exterior, concentrados casi exclusivamente en Vaca Muerta, Litio y Software.
- Préstamos e intercompañías (~10% – 15%): deuda comercial y financiamiento cruzado entre casas matrices y filiales.
Los sectores clave de atracción en Argentina
Vaca Muerta (Oil & Gas): fue el principal polo de atracción y conservación de capital. Inversiones en perforación no convencional (Shale Gas y Shale Oil), obras de transporte (gasoductos, oleoductos) y proyectos de infraestructura de exportación de GNL.
El “Triángulo del Litio”: Catamarca, Salta y Jujuy recibieron importantes desembolsos capitales procedentes de China, Estados Unidos, Canadá y Australia para el desarrollo de plantas de procesamiento y extracción de carbonato de litio.
Servicios Basados en Conocimiento (SBC): el talento técnico local mantuvo a la Argentina como un centro receptor regional de inversiones en centros de desarrollo de software, ciberseguridad y servicios empresariales transfronterizos.
Agroindustria y Energías Renovables: mantenimiento de plantas de procesamiento agroindustrial y proyectos eólicos/solares distribuidos en el territorio nacional.
El origen de los fondos
Los países con mayor stock de IED e ingresos de capital hacia la Argentina durante el período 2020–2025 fueron: Estados Unidos (lideró la inversión continua en energía —Vaca Muerta—, tecnología y sector financiero); España (tradicionalmente el segundo inversor con presencia en telecomunicaciones, banca y energía); Países Bajos / Luxemburgo (vehículos de inversión corporativa multinacional y tenedoras de acciones); China (crecimiento acelerado enfocado en la minería de litio —Salar de Cauchari, Tres Quebradas—, energía e infraestructura); y Brasil (enfoque comercial, automotriz e integración industrial regional).
El cuadro comparativo regional: la Argentina frente a sus vecinos
El cuadro comparativo de IED de las principales economías de América Latina para el período 2020–2025, elaborado sobre la base de informes consolidados de la CEPAL y la UNCTAD, expresado en millones de dólares, arroja los siguientes totales acumulados:
| País o grupo | IED acumulada aproximada (millones de US$) | Característica destacada |
| Brasil | 372.161 | Líder regional; captó más de un tercio del total. |
| México | 213.753 | Impulso del nearshoring y estabilidad durante el quinquenio. |
| Resto de América Latina y el Caribe | 137.920 | — |
| Chile | 91.582 | Minería de cobre y litio; transición energética. |
| Colombia | 77.952 | — |
| Argentina | 71.179 | — |
| Perú | 42.518 | Alta volatilidad: caída en 2023 y duplicación en 2025. |
| Guyana | 34.750 | Expansión de la explotación petrolera costa afuera. |
| República Dominicana | 23.546 | — |
| Total regional informado | 1.065.312 |
Breve por país
Brasil (líder absoluto): capturó más de un tercio de la IED total de la región. Su piso más alto se dio en 2022 y repuntó fuertemente en 2025 debido a megaproyectos de infraestructura digital y centros de datos (data centers), energía renovable e industria pesada.
México (efecto nearshoring): mantuvo una notable estabilidad a lo largo de todo el quinquenio (~US$ 30.000 a 40.000 millones anuales). Fue el destino predilecto para la reubicación de cadenas de manufactura y autopartes de empresas norteamericanas y asiáticas orientadas al mercado de Estados Unidos.
Chile y Perú (minerales críticos y energía): Chile fue un receptor constante impulsado por la minería de cobre/litio y la transición energética (hidrógeno verde y solar/eólica). Perú tuvo alta volatilidad: tras una fuerte baja en 2023 por inestabilidad política, registró una duplicación en 2025 alcanzando US$ 11.800 millones en grandes proyectos mineros (como la expansión de Antamina y puertos de transbordo).
Argentina (dinámica del cepo vs. recursos): las cifras de 2022 y 2023 se dieron por la imposibilidad legal de girar utilidades al exterior (mantenidas en balance local). Desde 2024–2025 comenzó una fase de reestructuración orientada al ingreso de capital real para Vaca Muerta y el Litio.
El fenómeno de Guyana: pasó de cifras marginales a captar más de US$ 34.000 millones acumulados en solo seis años, convirtiéndose en una de las economías de mayor crecimiento mundial por los hallazgos e inversiones petroleras offshore de ExxonMobil y socios.
La paradoja argentina: libre mercado, RIGI y alianza con Trump, pero menos inversión
La paradoja de por qué un gobierno alineado con las ideas de libre mercado y con un esquema agresivo de beneficios fiscales e incentivos como el RIGI no logra superar de inmediato a países con gobiernos de centroizquierda o izquierda (como Brasil, Chile o Colombia) se explica por factores estructurales, financieros e institucionales que pesan más en las decisiones corporativas que el sesgo ideológico del gobierno de turno.
Para las multinacionales y fondos globales, el clima ideológico es solo una variable. Existen cinco razones centrales por las cuales los capitales globales fluyen en mayor volumen hacia otros países de la región:
La diferencia entre “beneficios regulatorios” y “consistencia macroeconómica”
El RIGI ofrece garantías fiscales y cambiarias atractivas, pero las decisiones de inversión greenfield (capitales frescos para obras desde cero) evalúan la estabilidad macroeconómica integral. La incertidumbre cambiaria y los controles (cepo), aunque se implementaron esquemas de flexibilización, la presencia prolongada o progresiva de restricciones al acceso de divisas o a la repatriación de utilidades genera prudencia en las casas matrices. En cambio, países como Chile, Colombia o Brasil cuentan con cuentas de capital abiertas y monedas de libre convertibilidad desde hace décadas. A ello se suma el historial de cambios de reglas de juego: los grandes proyectos mineros o de infraestructura se amortizan a 20 o 30 años, y las empresas multinacionales descuentan un “riesgo de reversibilidad política” si cambia la administración en el futuro, exigiendo mayores tasas de retorno para compensar ese riesgo.
El tamaño importa
El flujo de IED no solo busca recursos primarios; una parte sustancial busca mercados de consumo o plataformas operativas consolidadas. Brasil posee un mercado interno de más de 200 millones de habitantes y una infraestructura industrial diversificada. Aún con administraciones de centroizquierda, el tamaño del mercado brasileño garantiza demanda y escala para inversiones automotrices, tecnológicas (data centers) y de consumo masivo. México absorbe volúmenes masivos de IED no por su alineamiento político, sino por su posición geográfica y el tratado T-MEC, siendo el principal destino del nearshoring global.
Maduración
Las inversiones que ampara el RIGI (orientadas a proyectos de más de US$ 200 millones en sectores como minería de litio/cobre, Vaca Muerta, GNL o hidrógeno verde) no se ejecutan de un día para otro. Entre el anuncio de adhesión al RIGI y el desembolso efectivo de las partidas presupuestarias transcurren entre 18 y 36 meses de ingeniería de detalle, licitaciones y permisos ambientales. El capital financiero y las promesas de inversión ingresan gradualmente a medida que las obras alcanzan hitos técnicos, lo que hace que los datos oficiales de IED registrados en balanza de pagos muestren un rezago inicial respecto a los anuncios.
Riesgo país
Los inversores institucionales y los bancos internacionales de desarrollo que financian megaproyectos operan con matrices de riesgo objetivas (credit rating). Países como Chile poseen calificaciones crediticias de bajo riesgo que permiten a los privados financiarse a tasas de interés muy bajas (4%–6% anual). Debido al historial de reestructuraciones y al nivel de riesgo país acumulado en la Argentina, a las empresas privadas que operan en el país les cuesta sensiblemente más caro conseguir financiamiento internacional para sus obras que a sus competidores en Chile, Brasil o Colombia.
“Sinceramiento” vs. “reinversión cautiva”
Como se vio en las cifras estadísticas, durante el período 2022–2023 la IED en Argentina figuraba inflada artificialmente por la imposibilidad de girar dividendos al exterior (lo que obligaba a las filiales a reinvertir las utilidades en el mercado local). Al normalizarse las reglas cambiarias y el balance del Banco Central, la estadística se “sincera”: disminuye el registro contable de utilidades atrapadas y comienza a medirse únicamente el ingreso de capital genuino y fresco, el cual por naturaleza es más prudente y paulatino.
El resumen comparativo de decisiones de inversión
| Criterio del inversor | Argentina | Brasil / Chile / Colombia |
| Incentivos fiscales (RIGI) | Muy altos (garantías por 30 años) | Moderados a estándar |
| Acceso a divisas / convertibilidad | En proceso de normalización | Inmediato y consolidado |
| Costo del financiamiento internacional | Elevado (por riesgo país) | Bajo / accesible |
| Estabilidad de reglas a 20 años | Percibida como volátil | Percibida como estable |
| Mercado interno y escala | Mediano | Grande (Brasil) / integrado |
El alineamiento liberal del gobierno y herramientas como el RIGI son condiciones necesarias pero no suficientes por sí solas para superar de inmediato los flujos de IED de vecinos regionales. La aceleración de las inversiones dependerá de la consolidación de la estabilidad macroeconómica a largo plazo y de la baja sostenible del riesgo de crédito.
Costo de financiamiento
La diferencia entre el riesgo país (EMBI) y el costo del crédito internacional es el factor financiero determinante que explica por qué ejecutar un megaproyecto (como una planta de GNL, una mina de cobre o un parque eólico de más de US$ 500 millones) es radicalmente más complejo y costoso en la Argentina que en Chile o Brasil.
En el mercado de corporativos e infraestructura (Project Finance), el dinero tiene un “precio” que se calcula sumando la tasa libre de riesgo (los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años, ~3,8%–4%) más el riesgo país (la sobretasa que exige el mercado para financiar activos expuestos a ese Estado).
El costo ponderado de capital (WACC) determina cuál es la tasa de retorno mínima que debe rendir un proyecto para ser viable: Costo del crédito = Tasa libre de riesgo (US Treasury ~4%) + Riesgo país + Margen comercial de riesgo corporativo
- Chile (riesgo país ~120 bps): una minera o eléctrica se financia a tasas del 5% al 6,5% anual en dólares.
- Brasil (riesgo país ~175 bps): una corporación o proyecto de infraestructura consigue deuda en dólares al 6% a 7,5% anual (además de contar con crédito blando en moneda local vía BNDES).
- Argentina (riesgo país ~500–560 bps): aunque empresas de primera línea (YPF, Pampa Energía, Tecpetrol) logran emitir deuda a tasas más bajas que el soberano (rondan el 7,5% al 9,5%), para estructurar un Project Finance a largo plazo el costo financiero roza el 10% al 12% anual en dólares.
¿Qué significa esto en dinero real? Para un megaproyecto de US$ 2.000 millones financiado un 70% con deuda (US$ 1.400 millones) a 15 años: en Chile/Brasil, la empresa paga anualmente unos US$ 75 a 90 millones en servicios de intereses; en Argentina, la misma empresa debe pagar unos US$ 140 a 165 millones anuales en intereses. El impacto: el proyecto argentino arranca con una “mochila” de costo financiero que duplica a la del competidor regional.
El “techo soberano”
Los bancos internacionales y las agencias de crédito a la exportación (como US EXIM Bank, JBIC de Japón o Euler Hermes) aplican la regla del Sovereign Ceiling: “Rara vez una empresa o proyecto dentro de un país puede tener una calificación crediticia superior a la del propio Estado donde opera.”
Si el Estado argentino cotiza en terreno de deuda especulativa o no tiene acceso fluido a los mercados internacionales voluntarios, los bancos comerciales restringen las líneas de crédito sindicadas para las empresas operadoras. En Chile y Brasil, los proyectos acceden a créditos a 15, 20 o 25 años. En Argentina, incluso para las empresas mejor administradas, los plazos de financiamiento internacional suelen acortarse a 3, 5 u 8 años, obligando a refinanciamientos constantes (roll-over).
La tasa de descuento y la TIR exigida
Para que un comité de inversión de un fondo transnacional apruebe la construcción de una obra: en Chile/Brasil la TIR exigida es del 8% al 10% en dólares; en Argentina, del 15% al 18% en dólares (para justificar el riesgo de capital). Dado que la tasa de descuento que se le aplica al flujo de fondos futuro en Argentina es mucho más alta, muchos proyectos que serían altamente rentables en Chile o Brasil se vuelven inviables en el Excel al evaluarse en Argentina. Necesitan un precio del commodity o una tarifa mucho más alta para compensar la tasa de descuento.
Estructuras de mitigación: por qué el RIGI es crucial para compensar la brecha
Para neutralizar esta desventaja estructural del costo del crédito, el RIGI actúa como un “escudo financiero” buscando descalzar el proyecto del riesgo soberano:
- Offshore Escrow Accounts (cuentas de garantía en el exterior): permite que las divisas generadas por exportaciones no ingresen obligatoriamente al país y se depositen en cuentas en Nueva York o Londres para pagar directamente la deuda bancaria (Debt Service Reserve Account).
- Estabilidad fiscal por 30 años: al congelar los impuestos y aranceles de importación de bienes de capital, reduce la incertidumbre tributaria, lo que permite a los bancos financieros aplicar un discount a la tasa de riesgo del proyecto.
Cuadro comparativo de impacto en financiamiento
| Variable financiera | Chile | Brasil | Argentina |
| Riesgo país (EMBI) | ~120 bps | ~175 bps | ~500–560 bps |
| Costo de deuda para megaproyectos | 5,5% – 6,5% anual | 6,5% – 7,5% anual | 9,5% – 12,0% anual |
| Plazo máximo habitual de deuda | 15 a 25 años | 12 a 20 años | 5 a 10 años |
| Garantías adicionales exigidas | Estándar de proyecto | Estándar de proyecto | Cuentas offshore, seguros MIGA/OPIC, colateralización de activos fuera del país |
En resumen: aunque la riqueza del recurso natural (como la calidad del shale en Vaca Muerta o la ley de litio/cobre) sea igual o superior en la Argentina, la brecha de riesgo país obliga a pagar una “tasa de penalización” en el crédito. Esto exige que los proyectos sean extraordinariamente rentables en su operación pura para absorber el sobrecosto del capital.
¿Quién puede pagar?
Más allá de las razones financieras abstractas, el análisis del mercado real y las posibilidades concretas de repago pasa por evaluar si la economía argentina genera la caja (divisas) necesaria para abonar las tasas requeridas y si las empresas pueden mantener operaciones viables en esas condiciones.
La “tasa de retorno del proyecto” vs. la “tasa del mercado financiero” un proyecto solo puede pagar una tasa de interés del 10% en dólares si su rentabilidad operativa (TIR) supera holgadamente esa cifra. En proyectos donde sí da la cuenta —megaproyectos en Vaca Muerta (shale) o en Litio/Cobre de alta ley—, dado el bajo costo de extracción por barril/tonelada y los elevados márgenes operativos a precios internacionales, la tasa interna de retorno de estos campos suele ubicarse entre el 20% y el 35% en dólares. En estos sectores ultra-eficientes, la empresa puede pagar una tasa alta porque el negocio sigue siendo superavitario. En proyectos donde no da la cuenta —infraestructura pública tradicional, autopistas, energía eléctrica estándar o industria manufacturera orientada al mercado interno—, sus márgenes en dólares no alcanzan para cubrir un costo de capital del 10% o 12%, por lo que estos sectores quedan virtualmente fuera del mercado de crédito internacional.
El problema de la capacidad de pago en divisas (generación de caja): aun cuando un proyecto sea rentable en moneda local, el verdadero filtro del mercado internacional es la solvencia en dólares. Los generadores puros de dólares (exportadores) —una minera o petrolera— facturan y cobran en el exterior; su caja no depende del consumo interno ni del peso argentino. Para los bancos internacionales, estos proyectos tienen alta probabilidad de pago si cuentan con cuentas de garantía (escrow accounts) fuera del país. Los generadores de pesos (mercado interno) —infraestructura, telecomunicaciones o distribución de gas/electricidad— cobran tarifas locales; si deben endeudarse al 10% en dólares pero sus ingresos están pesificados o sujetos a regulaciones cambiarias, el riesgo de mismatch (descalce de monedas) imposibilita la toma de ese crédito.
Las expectativas de “compresión de spreads” (efecto refinanciación): en la práctica corporativa, casi ninguna multinacional toma un crédito a 15 años pagando un 11% anual continuo. La estrategia habitual es el refinanciamiento progresivo: la empresa toma deuda a corto o mediano plazo (3 a 5 años) a tasas elevadas para arrancar la construcción del proyecto; la apuesta del mercado es que, conforme se consoliden el superávit fiscal y las reformas, el riesgo país converja a niveles más bajos (alrededor de 400 o 500 puntos básicos); una vez operativos y con menor riesgo país, refinancian la deuda vieja por bonos más largos a tasas del 6% o 7%.
La exigencia de estabilidad regulatoria y convergencia cambiaria: para que los grandes fondos de inversión internacionales desembolsen crédito a las tasas vigentes, el mercado monitorea tres condiciones operativas concretas: remoción definitiva del cepo y convertibilidad (la posibilidad de girar dividendos y pagar deuda sin autorizaciones discrecionales del Banco Central es la condición primordial; sin acceso libre a divisas, las tasas teóricas son irrelevantes porque el mercado se cierra); acuerdos y refinanciaciones soberanas (la capacidad del Estado para sostener sus compromisos —IMF, vencimientos de deuda pública— fija el piso sobre el cual se le presta al sector privado); y poder de cumplimiento del RIGI (la certeza de que las ventajas impositivas y cambiarias del RIGI no sufrirán alteraciones ante futuros cambios de administración).
| Sector / Tipo de empresa | Capacidad real de pagar tasas altas (10%+) | Viabilidad en el mercado actual |
| Exportadores de hidrocarburos y minería | Alta (márgenes operativos de 25%+ en US$) | Viable mediante garantías offshore |
| Servicios tecnológicos / exportación de software | Alta (bajos costos fijos y caja en US$) | Viable (requieren poco volumen de deuda) |
| Energía eléctrica e infraestructura local | Baja (dependen de tarifas en pesos) | Inviable a tasas actuales / dependen del crédito blando multilateral |
| Industria y comercio interno | Nula (márgenes estrechos y vulnerables) | Inviable en dólares / limitados al crédito local |
Las tasas altas que exige el mercado no impiden totalmente la inversión, pero la selectivizan severamente: solo avanzan los megaproyectos primarios y exportadores capaces de absorber ese sobrecosto financiero.
El resumen del período
El quinquenio 2021–2025 acumuló más de US$ 70.000 millones en registros contables de IED en la Argentina, con la salvedad de que entre 2021 y 2023 el 75% fueron utilidades atrapadas por el control de cambios, mientras que a partir de 2024 y 2025 comenzó un proceso de inversiones genuinas orientadas al sector primario-exportador (energía y minería). El alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei con Donald Trump y con los inversores globales, junto con el RIGI, son condiciones necesarias pero no suficientes: la brecha de riesgo país, el costo del financiamiento, la falta de convertibilidad plena y la percepción de volatilidad institucional siguen pesando más que la sintonía ideológica a la hora de decidir dónde se invierten los capitales.





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