Argentina avanza en el desarrollo del almacenamiento energético con la licitación AlmaSADI por 700 MW, destinada a reforzar nodos críticos del sistema eléctrico y reducir cortes de suministro. Sin embargo, en paralelo al despliegue de capacidad, emerge un desafío estructural: cómo garantizar la operación eficiente y el rendimiento de estos sistemas a lo largo de su vida útil.

FlexGen advierte que el foco del mercado debe desplazarse del costo inicial hacia el riesgo integral del proyecto y en anticipar el comportamiento de los sistemas a largo plazo, incorporando variables que van más allá del diseño inicial. 

“El precio por kWh a todo el mundo le importa, ¿verdad? No podemos decir que eso no se discute en todas las reuniones, pero para nosotros es muy importante discutir el riesgo total del proyecto”, sostuvo Camille Cruz, directora de Desarrollo de Negocio de la compañía.

“Verdaderamente vemos el performance y las garantías, no nada más desde el primer día, pero sí a lo largo de la vida del proyecto para entender qué pasará en 5 – 10 – 20 años”, afirmó durante su participación en Future Energy Summit (FES) Argentina.

Esto implica repensar cómo se diseñan los proyectos desde su origen, integrando desde el inicio la capa de control, operación y mantenimiento, a fin de ayudar a desarrolladores y operadores.

Este cambio de enfoque cobra especial relevancia en un país que comienza a escalar proyectos stand-alone, con exigencias técnicas concretas como ciclos limitados de operación y garantías de suministro continuo.

La licitación AlmaSADI prevé adjudicaciones en junio de 2026 y plazos de entrada en operación entre 2027 y 2029, en un proceso que se desarrollará en menos de cuatro meses.

De baterías a infraestructura digital: el rol de la optimización en la próxima etapa

El crecimiento del almacenamiento en Argentina no solo estará definido por la capacidad instalada, sino por la inteligencia con la que operen los sistemas. En ese sentido, la integración entre baterías, inversores y plataformas digitales se vuelve un eje estratégico.

La flexibilidad tecnológica también aparece como un factor determinante, en un contexto donde la evolución de los componentes exige adaptabilidad y diferentes cambios en la operación del sistema.

“Cuando empezamos a discutir el diseño del proyecto, cuáles son esas garantías y que los O&M nos podrán decir qué pasará y cómo trabajar en conjunto con los EPCistas para asegurar que el proyecto continúe operando”, manifestó la especilista.

El verdadero cambio o shift en mentalidad de la industria tiene que ser que pensemos todo como una infraestructura digital, con controles inteligentes, analíticas, datos históricos. No es meramente saber operar los sistemas, sino que éstos tengan más vida útil de lo que originalmente estimamos” añadió Cruz.

FlexGen también apuesta por la preintegración como estrategia para reducir riesgos en campo, optimizando tiempos y minimizando fallas. Para ello cuenta con un laboratorio en Carolina del Norte donde realiza el proceso denominado “One Touch Commissioning” y “troubleshooting” antes de que los activos lleguen al campo.

Con antecedentes como AlmaGBA, que adjudicó 713 MW y moviliza inversiones superiores a USD 540 millones, Argentina comienza a consolidar su mercado de almacenamiento, pero el desafío no será únicamente sumar megavatios.

“Lo más importante es entender exactamente cómo funcionan los sistemas, cómo continuarán funcionando y cómo le vamos a proveer el servicio necesario a esos sistemas”, concluyó Cruz.

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