El sistema energético argentino atraviesa una transición marcada por la expansión de las energías renovables, el desarrollo del gas de Vaca Muerta y la necesidad de nuevas soluciones de almacenamiento y transmisión. Este proceso redefine el funcionamiento del mercado eléctrico y plantea un escenario de mayor competencia entre tecnologías.

Durante el Future Energy Summit Argentina, Esteban Kieper, consultor en energía de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), sostuvo que el país atraviesa un cambio estructural respecto a su disponibilidad de recursos.

Pasamos de un sistema energético que atravesó momentos de restricciones fuertes y escasez a un país con abundancia energética”, afirmó Kieper al analizar la evolución reciente del sector.

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El nuevo escenario combina recursos solares y eólicos de clase mundial con el crecimiento del gas natural, lo que abre la puerta a un mercado más competitivo en los próximos años. Al mismo tiempo, el Gobierno avanza en medidas para reorganizar el mercado eléctrico mayorista y fomentar nuevas inversiones, en un proceso de normalización del sistema que se refleja en regulaciones recientes publicadas en el portal de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA).

El nuevo equilibrio entre renovables, gas y almacenamiento

Argentina aún se encuentra por detrás de otros mercados de la región en penetración de energías renovables, aunque la expansión del sector en la última década fue significativa.

“Chile está liderando la transición energética con más del 40% de generación renovable no convencional, Brasil con el 25% (o 33% si se suma biomasa), y Argentina está en torno al 19%”, señaló Kieper al comparar el posicionamiento regional.

En América Latina, la expansión de las energías limpias estuvo vinculada tanto a objetivos ambientales como a necesidades económicas y de seguridad energética. En el caso argentino, el crecimiento renovable coincidió con un período de alta dependencia de combustibles importados.

Durante esos años, el sistema llegó a consumir grandes volúmenes de combustibles líquidos para generación eléctrica. La incorporación de parques eólicos y solares permitió reducir gradualmente esa dependencia.

Los renovables empezaron a desplazar combustibles contaminantes, caros e importados, generando un alivio fiscal y externo para la economía argentina”, explicó el consultor.

Actualmente, la generación renovable continúa ampliando su participación dentro del sistema eléctrico. De acuerdo con datos elaborados a partir de información oficial de CAMMESA, las energías renovables y las grandes hidroeléctricas ya cubren más del 40% de la demanda eléctrica nacional, lo que refleja la creciente diversificación de la matriz energética argentina.

El almacenamiento energético también comienza a tener un papel más relevante dentro de los sistemas eléctricos de la región, aunque con funciones diferentes según el país.

En Chile, por ejemplo, las baterías se expandieron rápidamente para gestionar excedentes de generación solar en el norte del país. En Argentina, en cambio, estas tecnologías se vinculan principalmente con la gestión de picos de demanda y la congestión en nodos del sistema eléctrico.

“Las baterías están ocupando un rol diferente que tiene que ver con resolver problemas de transmisión en nodos de demanda y atender picos de generación”, indicó Kieper.

Ese rol se refleja también en las políticas recientes del sector. El Gobierno lanzó la licitación AlmaSADI, que contempla 700 MW de sistemas de almacenamiento BESS, con el objetivo de reforzar nodos críticos del sistema eléctrico y mejorar la confiabilidad operativa. Incluso se evalúa la posibilidad de aumentar hasta un 10% la potencia adjudicada dependiendo de las ofertas recibidas.

Al mismo tiempo, el desarrollo del sistema eléctrico requiere nuevas inversiones en infraestructura de transporte. En ese sentido, el Ejecutivo confirmó que avanzará con el pliego técnico de la obra AMBA I, una de las principales ampliaciones de transmisión previstas para el sistema argentino, que podría habilitar hasta 1000 MW adicionales de capacidad y facilitar la incorporación de nuevos proyectos de generación.

De cara al futuro, el especialista consideró que la abundancia de recursos energéticos podría traducirse en un mercado más dinámico y competitivo, siempre que el sistema logre integrar de forma eficiente renovables, almacenamiento y gas natural.

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