El sector energético volvió a posicionarse como uno de los activos más sólidos de la economía argentina. Las principales petroleras del país lograron su mejor trimestre financiero desde 2017, impulsadas por balances robustos, exportaciones crecientes y una mejora en las condiciones del mercado internacional de crédito.
La reapertura de la ventana de deuda permitió a las compañías emitir obligaciones negociables, refinanciar pasivos y extender plazos en un contexto de mayor estabilidad cambiaria y menor percepción de riesgo.
Los datos financieros confirman el cambio de ciclo. Las empresas registraron un crecimiento de EBITDA de entre 20% y 35%, con márgenes operativos fortalecidos por la productividad del shale y la expansión de exportaciones.
Más del 30% del petróleo argentino ya se destina al exterior, con un incremento interanual superior al 40%, lo que mejora el flujo de divisas y reduce la dependencia del mercado interno. La combinación de costos de lifting competitivos —entre USD 8 y 12 por barril— y un break-even de USD 35–45 consolida a Vaca Muerta como una de las cuencas más eficientes del hemisferio.
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En el plano financiero, la reapertura del mercado permitió emisiones corporativas de entre USD 300 y 500 millones por compañía, con plazos de 5 a 10 años y tasas más bajas que en los ciclos previos.
Fondos especializados en energía y mercados emergentes volvieron a demandar activos argentinos, atraídos por la mejora del riesgo país, la estabilidad del tipo de cambio y la expectativa de crecimiento del sector. Las empresas aprovecharon la ventana para refinanciar deuda cara, reperfilar vencimientos y financiar proyectos de perforación, fractura y logística.
El contexto macro acompañó parcialmente este movimiento. La inflación mensual se estabilizó en torno al 2,9%, con proyecciones de desaceleración gradual según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central.
El dólar mayorista se mantuvo dentro de bandas cambiarias estables, con cotizaciones entre $1.398 y $1.415, y el Banco Central acumuló más de USD 4.400 millones en compras netas durante el primer trimestre. Organismos internacionales proyectan un crecimiento del 4% para 2026, impulsado por exportaciones, energía y minería.
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Aun así, el mercado sigue monitoreando riesgos estructurales: acceso a divisas para repago de deuda, estabilidad regulatoria en exportaciones, avance real de infraestructura y tensiones en transmisión eléctrica.
La sostenibilidad del ciclo financiero dependerá de la capacidad del país para consolidar reservas, mantener la estabilidad cambiaria y acelerar obras clave como oleoductos, gasoductos y ampliaciones eléctricas bajo concesión privada.
La reapertura de la ventana de deuda confirma que el sector energético argentino volvió a ser financiable a nivel internacional. Si el país sostiene estabilidad macro y avanza en infraestructura, las petroleras podrán financiar el salto de escala que requiere Vaca Muerta. Si no lo hace, la oportunidad podría cerrarse tan rápido como se abrió.
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