Goldman Sachs ubicó a Vaca Muerta entre los principales polos de inversión energética de la próxima década y estimó que la cuenca podría atraer hasta USD 60.000 millones en cinco años, siempre que el país acelere infraestructura crítica y estabilice condiciones macroeconómicas.
La proyección coincide con los datos oficiales de producción, exportaciones y capacidad instalada, y consolida a la formación neuquina como uno de los activos estratégicos más competitivos del hemisferio.
La productividad de la cuenca explica el interés internacional. Argentina produce más de 900.000 barriles diarios de petróleo, con un crecimiento interanual superior al 20%, y más del 70% del shale oil proviene de Vaca Muerta. En gas, la producción supera los 80 millones de metros cúbicos diarios, con picos que requieren mayor capacidad de transporte.
Los costos de lifting se ubican entre USD 8 y 12, y el break-even ronda los USD 35–45, niveles que posicionan al shale neuquino entre los más competitivos del mundo.
El análisis de Goldman Sachs se apoya en tres vectores: petróleo, gas y GNL. En petróleo, Argentina ya exporta más del 30% de su producción, con un crecimiento anual superior al 40%.
En gas, la expansión del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner y la reversión del Gasoducto Norte permitirán liberar volúmenes adicionales para la industria y la exportación. En GNL, los proyectos de licuefacción podrían sumar 20 a 25 millones de toneladas anuales, con inversiones estimadas entre USD 10.000 y 15.000 millones.
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El límite, sin embargo, es la infraestructura. El sistema de oleoductos opera al borde de su capacidad y requiere la puesta en marcha del Oleoducto Vaca Muerta Sur, que sumará 360.000 barriles diarios adicionales. En gas, la Etapa II del GPNK y la reversión del Norte son indispensables para sostener el crecimiento.
La infraestructura eléctrica también enfrenta tensiones crecientes: la demanda de potencia para fractura, bombeo y plantas de tratamiento supera la capacidad disponible.
En este punto, el nuevo régimen de ampliaciones eléctricas bajo concesión privada abre un camino concreto para acelerar obras que, bajo el esquema tradicional, demoraban entre cinco y siete años.
Para Goldman Sachs, la ventana global para el shale se mantendrá abierta hasta 2035, pero requiere decisiones rápidas. La oportunidad existe, la productividad está probada y la demanda internacional es real. Lo que falta es resolver infraestructura, acceso a divisas, previsibilidad fiscal y un marco regulatorio estable para proyectos de largo plazo como el GNL.
Si Argentina acelera oleoductos, gasoductos, líneas eléctricas y capacidad portuaria, Vaca Muerta puede convertirse en un motor estructural de exportaciones y alcanzar los USD 30.000 millones anuales en ventas energéticas. Con GNL, el potencial asciende a USD 45.000 millones. Si no lo hace, la cuenca corre el riesgo de frenar su expansión justo en el momento de mayor oportunidad global.
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