Cinco países de la Unión Europea avanzan en la propuesta de aplicar un nuevo impuesto a las empresas energéticas, en respuesta directa al encarecimiento de los precios provocado por el conflicto en Irán.

La iniciativa, liderada por España junto a Alemania, Italia, Austria y Portugal, busca capturar parte de los beneficios extraordinarios del sector y redistribuirlos para contener el impacto económico en consumidores e industria.

«El conflicto en Oriente Medio ha provocado un aumento de los precios del petróleo, lo que supone una carga considerable para la economía europea y para los ciudadanos europeos. Es importante que esta carga se distribuya de manera equitativa», apuntaron los ministros en la carta, fechada el 3 de abril y dirigida a Wopke Hoekstra, comisario europeo de Clima, Neutralidad Climática y Crecimiento Limpio.

El planteo se produce en un escenario de fuerte tensión en los mercados energéticos internacionales, donde el petróleo y el gas registran subas sostenidas desde el inicio de la crisis en Medio Oriente. Este contexto ya comienza a trasladarse a los costos eléctricos, la inflación y la competitividad industrial en Europa, reabriendo el debate sobre mecanismos de intervención estatal.

En este marco, la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) advierte sobre una crisis energética sin precedentes recientes, marcada por la combinación de presión sobre el petróleo, el gas y los sistemas de suministro. Faith Birol, Director ejecutivo de la IEA, advirtió: “es más grave que las crisis de 1973, 1979 y 2022 juntas”, lo que refleja la magnitud del desafío que enfrentan los sistemas energéticos globales.

Uno de los puntos críticos es la disrupción de rutas estratégicas de suministro, especialmente en Medio Oriente. El riesgo sobre el tránsito de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz —clave para el comercio mundial— agrega incertidumbre y presión adicional sobre los precios, en un contexto donde la oferta ya se encuentra restringida.

La crisis vuelve a evidenciar la vulnerabilidad estructural de Europa frente a los combustibles fósiles importados, especialmente en aquellos mercados donde el gas continúa siendo determinante en la formación de precios eléctricos.

Sin embargo, el impacto no es homogéneo dentro del bloque. España aparece mejor posicionada gracias a la mayor penetración de energías renovables en su matriz eléctrica.

La participación de la energía eólica y solar alcanzó cerca del 60% de la generación en marzo, lo que permitió reducir significativamente la incidencia del gas en la fijación de precios. Este desacople parcial frente a los combustibles fósiles se traduce en mayor estabilidad relativa frente a shocks externos.

En paralelo al impulso del impuesto europeo, España avanza con un paquete de medidas orientadas a reforzar su seguridad energética, combinando respuestas de corto plazo con transformaciones estructurales.

El plan aprobado moviliza alrededor de 5.000 millones de euros, con foco en acelerar renovables, fortalecer redes, impulsar almacenamiento y aliviar costos para sectores electrointensivos.

Entre las medidas se destacan la creación de zonas de aceleración renovable, la flexibilización de procesos administrativos y el impulso al almacenamiento energético, elementos clave para aumentar la resiliencia del sistema eléctrico.

Advertencia del sector: riesgo sobre inversiones

No obstante, la propuesta de un nuevo impuesto genera preocupación dentro del sector renovable, particularmente en la industria eólica.

Desde el sector advierten que incrementar la carga fiscal en un momento crítico podría afectar las decisiones de inversión, justo cuando Europa necesita acelerar el despliegue de capacidad limpia para reducir su dependencia energética.

La Asociación Empresarial Eólica (AEE) de España señala que el precio de la electricidad de marzo en España está por debajo del precio del gas, habiéndose desacoplado de los precios internacionales de los combustibles fósiles. Y asegura que el precio medio del mercado eléctrico español (OMIE) fue de 41,71 €/MWh mientras que el del gas fue de 52,62 €/MWh (MIBGAS).

“De haber influido el precio del gas en la fijación del precio de la electricidad con la intensidad que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno, éste hubiera superado los 100 €/MWh, cosa que no ha ocurrido. Los precios de la electricidad en el mercado spot ibérico son de los más bajos de Europa, y se han mantenido bajos con perspectivas futuras de crecimiento muy limitado incluso en plena crisis por la guerra en Irán”, detallan.

Y agregan: “Solicitar nuevos posibles impuestos que impactan al sector eléctrico crea inseguridad jurídica y ahuyenta los inversores, justo en el momento en el que más necesario es apostar por tecnologías como la eólica, como sustitutiva de la energía fósil importada. Necesitamos más eólica y más rápido. Un nuevo coste sobrevenido – un nuevo impuesto sin justificación – añade un riesgo regulatorio adicional – lo que agravaría la ya complicada situación por el limitado crecimiento de nuevas instalaciones, incluso con bloqueos estructurales en algunas Comunidades Autónomas”.

El planteo del sector es claro: la transición energética requiere estabilidad regulatoria y grandes volúmenes de capital, por lo que cualquier señal que introduzca incertidumbre podría ralentizar proyectos estratégicos.

En este contexto, el debate que se abre en la Unión Europea combina urgencia económica con visión de largo plazo. Mientras los gobiernos buscan mecanismos para contener el impacto inmediato de la crisis, el sector insiste en preservar las condiciones necesarias para acelerar la transición energética y consolidar un sistema menos expuesto a shocks externos.

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