La Unión Europea refuerza su estrategia energética con la designación de 235 proyectos transfronterizos bajo la nueva lista de Proyectos de Interés Común (PCI) y Proyectos de Interés Mutuo (PMI), priorizando su desarrollo en 11 corredores estratégicos y tres áreas temáticas clave de infraestructura.

En este marco, la cartera se estructura sobre una base tecnológica diversificada, que incluye:

  • 113 proyectos de electricidad, offshore y smart grids
  • 100 proyectos de hidrógeno y electrolizadores
  • 17 proyectos de transporte de CO₂
  • 3 iniciativas de redes inteligentes de gas
  • 2 proyectos de interconexión gasista ya existentes (Malta y Chipre)

Esto refleja que la transición energética europea se apoya simultáneamente en electrificación, nuevas moléculas y digitalización de redes.

El reglamento establece una distinción central entre dos categorías: los PCI, orientados a interconectar redes dentro del bloque, y los PMI, desarrollados junto a terceros países, ampliando el alcance energético europeo más allá de sus fronteras.

Hidrógeno, eólica offshore y almacenamiento

En este esquema, el hidrógeno verde se posiciona como uno de los vectores centrales para la integración energética europea, con 100 proyectos que abarcan producción, transporte, almacenamiento y uso industrial a escala continental.

Entre los desarrollos más relevantes destacan:

  • El corredor Portugal–España–Francia–Alemania (BarMar)
  • Valles de hidrógeno entre Francia y Alemania (RHYn y Mosahyc)
  • Infraestructura troncal en Países Bajos, Bélgica y Alemania
  • Electrolizadores en España (Huelva, Asturias, Galicia), Francia y Dinamarca

Este despliegue permite descarbonizar sectores difíciles de electrificar y avanzar hacia un mercado energético basado en moléculas limpias, donde el hidrógeno verde actúa como vector de integración entre países.

Cabe recordar que España viene consolidando su posicionamiento en hidrógeno verde, impulsando mecanismos de apoyo como su primera subasta nacional, que movilizó 126 millones de euros para acelerar proyectos vinculados a esta tecnología.

A esto se suma un componente cada vez más relevante: el almacenamiento energético mediante hidroeléctrica de bombeo, con múltiples proyectos distribuidos en Europa:

  • España: Aguayo II, CHR IRENE, PSP CONSO II
  • Alemania: RIEDL, WSK PULS
  • Italia: Villarosa, Favazzina, Serra del Corvo
  • Irlanda, Austria y Europa del Este

En paralelo, la eólica offshore se posiciona como uno de los pilares estructurales del sistema, con proyectos de conexión e interconexión distribuidos principalmente en el norte y oeste de Europa.

Entre ellos se destacan:

  • Francia, con múltiples conexiones offshore (Centre Manche 1 y 2, Fécamp, Golfo de León, Bretaña)
  • Bélgica–Dinamarca (Triton Link)
  • Alemania–Países Bajos, mediante interconectores híbridos
  • Dinamarca–Alemania, con el hub energético Bornholm Energy Island

Estas infraestructuras permiten integrar generación eólica marina a gran escala y conectar mercados eléctricos, especialmente en el Mar del Norte y el Báltico.

En paralelo al desarrollo de nuevas tecnologías, la electrificación del sistema se apoya en la expansión, digitalización y conexión de redes eléctricas entre países, consolidando una infraestructura cada vez más integrada a escala europea.

Entre los proyectos más relevantes destacan:

  • Portugal–España–Francia (Beariz–Fontefría–Ponte de Lima)
  • España–Francia (Biscay Gulf)
  • Francia–Irlanda (Celtic Interconnector)
  • Italia–Córcega–Cerdeña (SACOI 3)

A su vez, los proyectos de redes inteligentes (smart grids) buscan mejorar la flexibilidad, digitalización y capacidad de integración renovable en países como Bulgaria, Rumania, Hungría, Eslovaquia y República Checa.

La inclusión de estos proyectos en la lista de PCI y PMI habilita acceso a financiamiento europeo a través del Connecting Europe Facility, al tiempo que permite acelerar procesos de permisos mediante una mayor coordinación entre Estados miembros.

Sin embargo, el nuevo marco también eleva los estándares de selección, ya que todos los proyectos fueron evaluados bajo un criterio obligatorio de sostenibilidad, avanzando únicamente aquellos que demostraron contribuciones significativas en este ámbito.

En paralelo, la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de Energía (ACER) validó la coherencia de los criterios y los análisis costo-beneficio, reforzando la solidez técnica del proceso.

No obstante, la inclusión en la lista no implica aprobación automática, dado que cada iniciativa deberá cumplir con la legislación ambiental vigente y completar sus procesos de autorización a nivel nacional.

De esta manera, la Unión Europea no solo acelera la ejecución de infraestructura crítica, sino que redefine su modelo energético hacia uno más integrado, flexible y resiliente, posicionando a las redes y a las nuevas tecnologías como pilares complementarios de la transición.

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