Con foco en la descarbonización, por caso con su utilización para generar electricidad y en el transporte, el recurso gas presente en varios países de América Latina y el Caribe puede impulsar un crecimiento socio-económico regional sustentable.
En este sentido, las reservas No Convencionales de la formación Vaca Muerta (NQN- Argentina) podrían ser el motor de la integración energética regional, según el reporte “Oportunidades para el desarrollo del gas en América Latina y el Caribe”, que se presentó en la Conferencia ARPEL 2026, que se desarrolla en Buenos Aires.
El documento fue elaborado conjuntamente por la Unión Internacional del Gas (IGU), la Asociación de Empresas de Petróleo, Gas y Energía Renovable de América Latina y el Caribe (ARPEL) y la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE).
De la presentación participaron Luz Stella Murgas (Naturgas); Pablo Ferragut (Arpel); Andrea Stegher, (International Gas Union); Guido Maiulini (OLACDE), y Ernesto López Anadón (IAPG).
El reporte detalla que América Latina y el Caribe tienen un gran potencial geológico con vastos recursos energéticos. Sin embargo, en 2024 representaron solo el 5 % de la producción mundial de gas. Para reducir esta brecha y avanzar en la integración energética, el documento estima que se requerirán inversiones superiores a los U$S 10.000 millones destinadas a la construcción y ampliación de gasoductos de integración.
Al mismo tiempo, se advierte que para monetizar las reservas gasíferas, movilizar capital público y privado, y contar con mecanismos de financiación mixta y el apoyo de bancos multilaterales de desarrollo, “es esencial que los marcos jurídicos y las reglas del sector trasciendan los ciclos políticos y los cambios de gobierno”.
El reporte plantea que las reservas de Vaca Muerta, junto con otros proyectos offshore convencionales y los yacimientos del Presal en Brasil, podrían iniciar una nueva fase de expansión energética en el Cono Sur. A esto se suman la producción de países como Venezuela, Bolivia, Perú y Trinidad y Tobago, así como nuevos frentes exploratorios en Guyana y Surinam.
Este avance podría generar beneficios directos para Argentina al reducir sus importaciones de GNL y aumentar sus exportaciones, con el potencial de convertirse en un actor de peso en el mercado mundial de GNL.
A nivel regional, el gas argentino impulsaría la industrialización en Brasil con precios competitivos, permitiría a Bolivia monetizar su infraestructura ociosa de gasoductos mediante peajes de transporte, y ofrecería a Chile y Uruguay una alternativa más económica que el GNL importado.
El rol del gas en la descarbonización
El reporte sostiene que el gas natural permite reducir rápidamente las emisiones al sustituir a los combustibles con mayor intensidad de carbono en la generación térmica. Según el informe del IPCC, el uso del gas permite reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en torno al 24 %, el 28 % y al 42 % por unidad de energía primaria al sustituir al diésel, el fuel oil y el carbón en la generación, respectivamente.
Además, el gas actúa como el respaldo indispensable para las energías renovables variables (solar y eólica), especialmente ante crisis hídricas como ocurrió en Brasil en 2021, donde la generación a gas tuvo que duplicarse para evitar cortes de suministro.
Esta sustitución es especialmente relevante en varios países de América Central y el Caribe, donde los sistemas eléctricos siguen dependiendo en gran medida de los derivados líquidos del petróleo.
Países como Granada, Haití, Barbados, Cuba, Nicaragua, Belice, Guyana y Surinam dependen de estos combustibles líquidos para más del 50 % de su producción de electricidad. En estos sistemas, el cambio al gas aportaría beneficios medioambientales y económicos inmediatos, sin requerir grandes cambios estructurales en el funcionamiento del sistema eléctrico.
El rol del gas en el transporte
En el sector del transporte pesado, el cambio hacia el Gas Natural Comprimido (GNC) y Gas Natural Licuado (GNL) ofrece una reducción de emisiones del 20 %, presentándose como una solución comercialmente disponible para avanzar en la descarbonización del sector. Si bien combustibles bajos en carbono como el metanol, el amoníaco y el hidrógeno presentan un potencial prometedor a futuro, el reporte señala que tanto las tecnologías como la infraestructura necesaria para su desarrollo, enfrentan desafíos de madurez y escalabilidad.
Desde la perspectiva de la oferta, la monetización de las reservas de gas de la región puede impulsar el crecimiento económico, fortalecer la balanza comercial mediante el aumento de las exportaciones y la reducción de las importaciones, y apoyar el desarrollo social al ampliar el acceso a una energía más limpia, asequible y fiable, describe el informe.
Un ejemplo concreto es lo que ocurrió en Colombia, donde el Índice de Pobreza Energética Multidimensional (IMPE), elaborado por Promigas, indica que entre 2022 y 2024 la pobreza energética en el país disminuyó del 16,9 % al 15,4 %, lo que equivale a 300.000 personas, demostrando que el acceso a energía asequible mejora directamente la calidad de vida.
Además, la integración de gases renovables como el biometano puede fortalecer el desarrollo local, generar oportunidades de ingresos en las zonas rurales, mejorar la gestión de residuos y reducir las emisiones, al tiempo que se aprovecha la infraestructura existente, indica el Informe.
Acerca del reporte, las entidades autoras remarcaron que “el objetivo es contribuir de manera constructiva al diálogo internacional sobre energía, destacando el papel que el gas puede desempeñar para apoyar la transición energética de la región, fortalecer la seguridad energética y fomentar el desarrollo socioeconómico sostenible”.
Su elaboración implicó realizar consultas a empresas líderes del sector, asociaciones nacionales de gas y expertos regionales, para que refleje una amplia perspectiva de la industria sobre las oportunidades y los retos a los que se enfrenta el sector del gas en la región.





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