Las grandes disputas energéticas del siglo XX giraron alrededor del petróleo y del gas. Ahora, en el siglo XXI, una parte creciente de la competencia entre las principales potencias económicas se concentra en recursos mucho menos visibles: las llamadas tierras raras.

En pocas palabras, se trata de un grupo de 17 elementos químicos metálicos indispensables para el funcionamiento de numerosas tecnologías vinculadas a la transición energética y la digitalización de la economía. Por ejemplo, el neodimio se utiliza en los imanes de los motores eléctricos y los auriculares; el lantano forma parte de baterías para vehículos híbridos y equipamiento óptico; o el europio que es clave para pantallas LED, monitores y televisores.

¿Qué son las tierras raras y cómo es su explotación?

A pesar de su denominación, las tierras raras no son tierras ni tampoco particularmente escasas. Se encuentran distribuidas en distintos puntos de la corteza terrestre y en muchos casos son relativamente abundantes. El principal desafío radica en que en escasas oportunidades aparecen concentradas en volúmenes suficientemente altos como para justificar económicamente su explotación.

Por esa razón, su desarrollo requiere procesos mineros complejos y costosos que podrían simplificarse en tres grandes pasos.

  1. La producción comienza con la extracción y trituración de las rocas que contienen los minerales.
  2. Posteriormente, el material es sometido a procesos de concentración mediante flotación, una técnica que separa los minerales útiles utilizando agua y reactivos químicos.
  3. Finalmente, se aplica la lixiviación para disolver los metales y recuperarlos en forma pura.

La complejidad técnica de estas etapas explica por qué son pocos los países que lograron desarrollar una industria integrada de tierras raras.

Tierras raras: ¿Por qué China domina la industria y cuál es la estrategia de EE.UU.?

China es hoy el actor dominante de la industria mundial de tierras raras. El país asiático posee alrededor de 44 millones de toneladas métricas de reservas, equivalentes a cerca del 48% del total global.

Pero su liderazgo no se limita a la disponibilidad de recursos. China controla aproximadamente el 70% de la producción mundial y cerca del 90% de las capacidades de refinado y procesamiento.

Ese último eslabón constituye el principal cuello de botella de la cadena de valor. Tener acceso al mineral no garantiza la producción de tecnologías avanzadas. El verdadero desafío consiste en transformarlo en metales y componentes aptos para la industria automotriz, electrónica, energética y de defensa. A lo largo de las últimas décadas, China logró construir una estructura industrial integrada que le permitió dominar prácticamente todas las etapas del proceso.

La dependencia de Occidente respecto de esa cadena de suministro se transformó en una preocupación creciente, especialmente en un contexto de tensiones comerciales y estratégicas entre Beijing y Washington. Frente al avance chino, Estados Unidos comenzó a desplegar una estrategia orientada a reconstruir cadenas de suministro alternativas para los llamados minerales críticos.

Una de las herramientas más recientes es la implementación de mecanismos de apoyo económico -como la política de precios mínimos- destinados a garantizar la rentabilidad de proyectos mineros considerados estratégicos. La lógica es reducir el riesgo de inversión frente a la volatilidad de los precios internacionales y acelerar el desarrollo de capacidades propias o asociadas a países aliados.

Detrás de esta política existe una preocupación estructural. Durante décadas, la economía estadounidense profundizó su especialización en servicios y trasladó parte importante de su capacidad manufacturera hacia Asia. En cambio, China consolidó una integración industrial que le permite capturar gran parte del valor agregado de las cadenas productivas.

En ese contexto cobra relevancia el concepto de “friend-shoring”, una estrategia implementada bajo la administración Trump que busca reorganizar las cadenas de suministro críticas entre países considerados socios políticos y económicos confiables. La meta es reducir la dependencia de Asia y fortalecer la producción dentro de un bloque de naciones aliadas, es decir, que comparten valores políticos y económicos.

América Latina entra en escena

Es precisamente en esa estrategia en donde América Latina ocupa un lugar cada vez más importante. Brasil aparece como uno de los actores más relevantes. El país concentra cerca del 23% de las reservas mundiales de tierras raras y es considerado uno de los principales candidatos para convertirse en un proveedor alternativo a China.

Sin embargo, las autoridades brasileñas ya dejaron en claro que buscarán priorizar el interés nacional. El asesor presidencial para asuntos internacionales, Celso Amorim, sostuvo recientemente que Brasil pretende exportar únicamente los excedentes y preservar estos recursos para sus necesidades estratégicas.

Chile, Bolivia y la Argentina también cuentan con recursos identificados, aunque en una escala menor. Aun así, el interés de las grandes potencias por diversificar el abastecimiento de minerales críticos colocó a toda la región bajo una nueva mirada geopolítica.

Qué lugar ocupa Argentina en el mapa emergente de Tierras Raras

Argentina forma parte de ese mapa emergente. Según estimaciones del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), el país tendría identificadas más de 190.000 toneladas de tierras raras y un potencial que podría superar los 3,3 millones de toneladas, equivalentes a alrededor del 2,7% de los recursos mundiales.

Los estudios geológicos señalan la presencia de estos minerales en provincias como Salta, Jujuy, Santiago del Estero, San Juan, San Luis, Córdoba y Buenos Aires. Entre los elementos identificados aparecen el cerio, el lantano y el neodimio, todos ellos fundamentales para aplicaciones industriales vinculadas a la electrificación y la transición energética.

El interés estadounidense por estos recursos quedó reflejado en el acuerdo firmado entre ambos países a comienzos de 2026. Bajo el denominado “Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos, Washington manifestó su intención de impulsar inversiones en exploración, producción y procesamiento de tierras raras, litio, cobre y otros minerales estratégicos presentes en territorio argentino.

A pesar de las expectativas, Argentina todavía no produce tierras raras a escala comercial. Existen estudios geológicos, campañas de exploración y recursos identificados, pero todavía no hay proyectos en producción ni una industria local desarrollada para el procesamiento de estos minerales.

Esa realidad abre una discusión de largo plazo sobre el rol que el país pretende ocupar en la nueva economía de los minerales críticos. El desafío no pasa únicamente por extraer recursos, sino también por evaluar la posibilidad de desarrollar capacidades industriales capaces de agregar valor dentro del territorio nacional.

Mientras tanto, las tierras raras continúan consolidándose como uno de los activos estratégicos más importantes del nuevo escenario energético global. Junto con el litio, el cobre y el cobalto, constituyen la base material sobre la que se apoya la expansión de los vehículos eléctricos, las energías renovables, la digitalización y buena parte de las tecnologías que definirán la economía de las próximas décadas.

La pregunta de fondo ya no es si estos minerales serán relevantes para la geopolítica mundial. La disputa entre China y Estados Unidos demuestra que esa etapa ya comenzó. La incógnita es qué lugar logrará ocupar la Argentina dentro de esa nueva carrera por los recursos críticos.

, Loana Tejero