La adecuación de las cuatro plantas compresoras del Gasoducto Norte, última etapa del proyecto de reversión que permitirá transportar gas desde la Cuenca Neuquina hacia el noroeste del país y la frontera con Bolivia, se encuentra paralizada por un conflicto contractual entre Enarsa y la constructora Esuco.
La obra debía estar finalizada entre marzo y junio de 2025, pero los trabajos se frenaron tras la acumulación de pagos adeudados, demoras en la aprobación de redeterminaciones de precios y observaciones administrativas que impidieron la certificación de avances.
La falta de desembolsos afectó la capacidad operativa de Esuco, que ya enfrentaba tensiones financieras derivadas del freno general de la obra pública. En junio de este año, la empresa inició un concurso preventivo para reestructurar deudas con más de 800 acreedores.
El proceso judicial limita su capacidad para ejecutar obras, recibir pagos o asumir nuevos compromisos, lo que dejó la adecuación de las estaciones compresoras en una situación de virtual paralización.
La obra es indispensable para elevar la capacidad de transporte del sistema de 15 a 19 millones de metros cúbicos diarios y habilitar el flujo de gas desde Neuquén hacia el norte del país y la frontera con Bolivia.
Sin esta ampliación, Argentina no puede abastecer de manera firme el Gasbol, infraestructura que conecta Bolivia con Brasil y que hoy dispone de capacidad disponible debido a la caída estructural de la producción boliviana.
La paralización de la reversión tiene implicancias directas sobre la integración energética regional. Petrobras reactivó la construcción de la planta de fertilizantes UFN‑III en Três Lagoas, que demandará 2,2 millones de metros cúbicos diarios de gas natural y se ubicará en la principal región agroindustrial de Brasil.
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La compañía evalúa además duplicar la capacidad de sus cuatro plantas de fertilizantes, lo que elevaría la demanda potencial a 10 millones de metros cúbicos diarios. La petrolera ya obtuvo permisos para importar gas argentino en formato interrumpible y empresas como TotalEnergies realizaron exportaciones puntuales desde la Cuenca Neuquina a través del gasoducto Madrejones.
La oportunidad de avanzar hacia contratos industriales firmes depende de la capacidad de Argentina para transportar gas hacia el norte. Enarsa evalúa rescindir el contrato con Esuco y reestructurar la obra para garantizar su continuidad, dado que el concurso preventivo impide a la constructora sostener el ritmo de ejecución requerido.
La recontratación o relicitación de las estaciones compresoras es una decisión crítica para 2026, ya que la infraestructura es el único habilitador inmediato para integrar el gas de Vaca Muerta al corredor boliviano y atender la demanda industrial brasileña.
Transportadora Gas del Norte analiza además la construcción de un nuevo gasoducto entre Tratayén y La Carlota, cuya ingeniería básica ya está en marcha.
El proyecto permitiría ampliar la oferta de gas hacia el norte y litoral del país y atender oportunidades de exportación. La decisión final de inversión está prevista para la segunda mitad del año y dependerá de reunir un volumen mínimo de entre 13 y 15 millones de metros cúbicos diarios para justificar su lanzamiento.
La situación entre Enarsa y Esuco expone un riesgo operativo inmediato: la infraestructura necesaria para sostener la integración energética con Brasil está detenida por un conflicto contractual y financiero. La resolución del contrato, la continuidad de las obras y la definición de un nuevo esquema de ejecución serán determinantes para que Argentina pueda aprovechar la demanda industrial firme que Brasil proyecta para los próximos años.
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