El gas y el petróleo de Vaca Muerta ya representan más del 70% de los hidrocarburos producidos en el país, consolidando a los recursos no convencionales como protagonistas de la matriz energética argentina. En apenas quince años, la revolución del shale transformó la industria y posicionó al país como un nuevo actor en el mercado exportador regional, con perspectivas de convertirse en proveedor de GNL a nivel global.
Para comprender qué implica la explotación de estos recursos, la geóloga Silvia Barredo, investigadora del Instituto del Gas y del Petróleo de la UBA, explicó que los reservorios convencionales permiten el flujo natural del hidrocarburo hacia el pozo, mientras que en los no convencionales el poro es tan pequeño que requiere técnicas de estimulación. En el caso del shale, el hidrocarburo se extrae directamente de la roca madre mediante fractura hidráulica (fracking), que conecta nanoporos con el pozo.
Barredo precisó que, en rigor, se trata de pelitas o fangolitas, rocas sedimentarias de grano ultrafino ricas en materia orgánica. Su tendencia a dividirse en capas delgadas se denomina “laminación”, y la propiedad que permite esa secuencia se conoce como “fisilidad”. Popularmente se las denomina lutitas o shale, término que se consolidó con el desarrollo de Vaca Muerta en la Cuenca Neuquina.
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La formación Vaca Muerta reúne condiciones excepcionales: elevado contenido de materia orgánica, gran espesor, continuidad lateral, adecuada madurez térmica y excelentes propiedades geomecánicas. Estas características favorecieron el desarrollo masivo del shale y permitieron que Argentina avanzara rápidamente en cantidad de fracturas y conocimiento técnico, consolidando su liderazgo regional en hidrocarburos no convencionales.
De cara al futuro, otras provincias buscan replicar el modelo. En Chubut y Santa Cruz, las expectativas están puestas en la formación D-129 en la Cuenca del Golfo de San Jorge y en Palermo Aike en la Cuenca Austral. Ambos proyectos se encuentran en etapa exploratoria, con iniciativas de Pan American Energy (PAE) y la Compañía General de Combustibles (CGC), aunque aún sin explotación comercial.
La especialista advierte que la presencia del recurso no basta: se requieren infraestructura, tecnología, logística y condiciones de mercado. La explotación depende de los inversores, de los incentivos y de la política provincial. En ese sentido, la reconversión del bloque Cerro Dragón en Chubut y los avances exploratorios en Palermo Aike muestran que Argentina ya trabaja en nuevas fronteras del shale, con potencial de replicar el éxito de Vaca Muerta en otras regiones.
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