
Desde comienzos de este año, el 16% de las pymes proveedoras del sector energético redujo personal, mientras que un 44% frenó nuevas incorporaciones. Así lo relevó Leonardo Brkusic, director ejecutivo del Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP), que monitorea cada dos meses la situación de las compañías que abastecen a la cuenca.
«Viendo los desafíos que se vienen, las operadoras van a tener que tomar un rol más activo en términos de desarrollo de proveedores», advirtió el ejecutivo, durante una nueva edición del ciclo Aguas Arriba, del que también participaron Mauricio Sánchez, director de Flow Management Industries; Gerson García, de BLC Oil & Gas y Nicolás Sidicaro, investigador del think tank Fundar; con la moderación del director de EconoJournal, Nicolás Gandini.
El ciclo Aguas Arriba, que analiza edición a edición los distintos eslabones de la cadena de valor energética para entender los desafíos que atraviesa cada actor de ese entramado, dedicó su última edición a discutir el rol de las operadoras y el Estado para cuidar su ecosistema de proveedores en un contexto de apertura importadora.
También se puso en discusión hacia dónde puede crecer la industria local, donde la automatización y el desarrollo de ingeniería de mayor valor agregado aparecen como el camino para competir con productos asiáticos y proyectarse hacia otros mercados.
«Un 38% de las pymes está trabajando por debajo del 75%. A una empresa le sacás el 25% de producción de la fábrica y le pedís que sea competitiva, es complejo», señaló Brkusic, quien atribuyó ese cuadro a la reconfiguración del mercado que atraviesa la industria con una apertura importadora de los últimos dos años.

Ese diagnóstico sobre el entramado pyme energético se replica en los datos de empleo a nivel nacional, con solo cuatro provincias que muestran resultados positivos en la generación de empleo: Neuquén y Río Negro, como principales beneficiarias del desarrollo de Vaca Muerta, y La Rioja y Mendoza.
Para Nicolás Sidicaro, ese derrame económico es la condición para sostener los consensos políticos en torno a Vaca Muerta para el próximo periodo de gobierno: «Si los beneficios que trae Vaca Muerta no se difunden al resto de la economía, ese consenso va a estar más limitado, y el próximo gobierno va a tener el mandato de cambiar las cosas. Si, en cambio, los efectos positivos logran permear en el resto de la economía, ese activo tiene una potencialidad muy importante».
El rol político de las operadoras
Brkusic dividió el problema en dos segmentos de la cadena: los proveedores de servicios, que «van a estar bien porque el servicio siempre es local», y los fabricantes de materiales y equipamiento, que enfrentan una situación más compleja.
Para el directivo del GAPP, es ahí donde falta diálogo: «La apertura del mercado y, sobre todo, los beneficios que da el RIGI —que incluye la fase de construcción de las plantas— hacen que la previsión de costos de materiales se haga con una visión aperturista. No hay una mirada acabada sobre el valor agregado que se genera localmente, sino una mirada que se concentra solo en el precio».
«El RIGI es un instrumento espectacular para potenciar las inversiones, pero también deja afuera de esos beneficios a los proveedores», señaló, y planteó que las petroleras podrían asumir «un rol más activo, casi de actor político», para reclamar que ese régimen se extienda a toda la cadena de valor. «Si una operadora necesita un RIGI para hacer viable un proyecto, ¿por qué pensar que la cadena de valor no lo necesita? El costo argentino pega de manera transversal para todos en esta economía», resumió.
El directivo del GAPP aclaró que ese reclamo no implica volver a exigir contenido local a cualquier costo: «No se trata de penalizar con los viejos paradigmas de valor agregado local a cualquier precio, sino de sentarse a trabajar juntos».
La apuesta por el valor agregado frente al commodity
Para las pymes proveedoras, la respuesta a la competencia con productos importados no se centra en igualar precios, sino por correrse del commodity hacia la ingeniería, la automatización y el servicio de posventa. «Contra un producto asiático, en algunos temas no podemos competir por el costo. Pero nosotros conocemos el mercado, tenemos una venta consultiva, sabemos en función de qué proyecto qué fluido hay, cuáles son las condiciones, si hay arena o no, cómo es el gas. Eso el asiático no lo tiene», explicó Mauricio Sánchez, director de Flow Management Industries.

Sánchez graficó ese corrimiento con el caso de las válvulas, uno de los productos centrales de su empresa. Explicó que la válvula en sí misma es cada vez más un commodity, pero que el negocio se desplaza hacia los sistemas de automatización, sensores y controles que se le incorporan por encima. «Dentro de diez años la válvula te la van a regalar, y lo que te van a vender es lo que va arriba de la válvula», afirmó. Según el directivo, hacia ese segmento debería orientarse la estrategia del entramado local.
Esa ecuación choca con un problema estructural, el costo argentino. Entre los factores que mencionó están el acceso al financiamiento, la litigiosidad laboral y el costo de la energía, este último especialmente sensible para una industria que depende de procesos como la fundición. «La cuestión impositiva nos impacta terriblemente. El costo de la energía es mucho mayor que en China, y un horno funciona con energía eléctrica. El chino paga un 15% de impuestos; yo tengo, como mínimo, un 30%», ejemplificó.
Digitalización: sostener la producción, no solo alcanzarla
Más allá de la etapa de perforación, buena parte del desafío de la cadena de valor está en mantener la eficiencia de los pozos a lo largo del tiempo. «Perforar es el inicio de la historia, pero mantener ese pozo produciendo cierta cantidad de años de manera eficiente, es donde está el verdadero reto», planteó Gerson García, de BLC Oil & Gas.
Consultado sobre qué nota le pondría, en una escala de 1 a 10, al aprovechamiento que hace la Argentina de la digitalización y la inteligencia artificial en sus pozos, García dijo: «Estamos aprobados, seguro. Ahora, no sé si aprobados apenas, o más cerca de la excelencia; ahí estamos en un gris que no vamos a ver ahora, sino en el transcurrir de un par de años más adelante».

Las herramientas de digitalización, monitoreo y control de la producción son las que permiten sostener ese objetivo en el tiempo, tanto en Vaca Muerta como en los yacimientos convencionales, donde la necesidad de eficiencia operativa es incluso mayor.
El otro extremo del mapa: la reconversión de Comodoro Rivadavia
El debate sobre el futuro de los proveedores no se agota en Vaca Muerta. Sidicaro puso como contraejemplo lo que ocurre en la cuenca del Golfo San Jorge, con epicentro en Comodoro Rivadavia y en Las Heras, en Santa Cruz, donde la salida de YPF de ciertos segmentos —parte del plan de reestructuración que impulsa su presidente, Horacio Marín— dejó una marca profunda en el entramado productivo local. En los últimos tres años, la ciudad perdió unos 3.000 puestos de trabajo en el sector petrolero, con un impacto directo sobre lo que era su principal fuente de masa salarial.
Para Sidicaro, el desafío pasa por reconvertir a los proveedores de la cuenca hacia Vaca Muerta o hacia otras actividades, aun con la dificultad logística que supone la distancia. «Hay que pensar hacia dónde puede ir: pesca, turismo, industria, conocimiento, proveedores de servicios», señaló, y planteó la necesidad de acompañar ese proceso con créditos y políticas específicas que permitan a esos proveedores diversificarse y exportar.

, Redaccion EconoJournal





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