La industria argentina atraviesa un proceso de transformación marcado por diferencias cada vez más profundas entre sectores. Mientras energía, minería y algunos segmentos alimenticios sostienen inversiones y demanda, ramas tradicionales como textiles, electrodomésticos, calzado y metalurgia enfrentan retrocesos de producción y menor utilización de capacidad.
En el primer semestre de 2026, la actividad manufacturera acumuló una caída interanual de 1,9% y quedó 11,8% por debajo del nivel registrado en igual período de 2023. El dato refleja un escenario en el que no toda la industria evoluciona de la misma manera: los sectores asociados a grandes proyectos de inversión y exportación encontraron mejores condiciones que aquellos que dependen principalmente del mercado doméstico.
Uno de los factores que aceleró esa diferenciación fue el aumento de las importaciones. Según el CEPA, durante los primeros seis meses de 2026 ingresaron manufacturas por US$5.362 millones, el valor más alto para un primer semestre dentro de la serie relevada. Los mayores incrementos frente a 2023 se produjeron en electrodomésticos (+109,2%), prendas de vestir (+86,3%) y equipos de transporte como motos y bicicletas (+67,6%).
El aumento de la oferta importada impactó especialmente sobre actividades que ya enfrentaban una demanda interna debilitada. En junio, la producción de aparatos de uso doméstico cayó 22,9% interanual, mientras que la industria textil acumuló una baja de 10,8% en el primer semestre.
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La menor actividad también se refleja en la utilización del aparato productivo. En junio, el uso de la capacidad instalada industrial se ubicó en 59,1%, lo que significa que cerca del 41% de los equipos permanecía sin utilizar. El nivel quedó 9,5 puntos porcentuales por debajo del registro de junio de 2023, mostrando que buena parte de la estructura fabril opera por debajo de su potencial.
En la otra punta aparecen petróleo, gas y minería, actividades que concentran inversiones y proyectos de largo plazo. El desarrollo de Vaca Muerta y las nuevas iniciativas mineras sostienen demanda de servicios, transporte, maquinaria e infraestructura, aunque ese crecimiento no se distribuye de manera uniforme sobre todo el entramado industrial.
Una encuesta de la Fundación Observatorio PyME señaló que apenas 4,7% de las pymes relevadas participa directa o indirectamente como proveedora de proyectos vinculados al RIGI. El dato plantea un interrogante central: cuánto del crecimiento de los grandes proyectos consigue trasladarse hacia proveedores nacionales y pequeñas empresas.
Desde diciembre de 2023, el Gobierno nacional avanzó con reducciones de aranceles para distintos productos —línea blanca, neumáticos, insumos plásticos y bienes de capital— además de derogar la Ley de Compre Nacional mediante el DNU 70/2023. Para una parte del sector empresario, esa apertura obliga a mejorar productividad y calidad; para entidades pyme, el problema aparece cuando la mayor competencia externa coincide con menor consumo y márgenes reducidos.
El resultado es una industria cada vez más segmentada: sectores vinculados con energía, minería y exportaciones muestran mejores perspectivas, mientras varias ramas tradicionales enfrentan un escenario más exigente por la combinación de demanda débil y mayor presencia de productos importados.
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