Según Adolfo Storni, gerente general de CAPEX, el costo de perforar un pozo en Vaca Muerta es hoy un 50% superior al de Estados Unidos.
La frase, dicha en Houston durante la Offshore Technology Conference, expone un punto que la industria conoce pero rara vez formula en público: el shale argentino no es caro por su geología, sino por su superficie. La roca es buena; el sistema operativo no.
La diferencia de costos no surge del subsuelo, sino de una cadena de servicios y logística que mantiene precios desalineados. La arena de fractura cuesta entre 150 y 200 dólares la tonelada, cinco veces más que en el Permian. Los equipos de perforación son escasos y más caros de operar.
Los fletes pesan más en la ecuación. La oferta de proveedores es limitada. Cada etapa del proceso se encarece y ralentiza el desarrollo.
A este cuadro se suma un componente financiero que casi nunca aparece en el debate público: la tasa de interés real en dólares. Storni estima que ronda el 20%, producto de un tipo de cambio estable y una inflación todavía alta.
En la práctica, eso significa que cualquier empresa que financie su inversión en dólares y venda en pesos queda fuera de escala. Solo las actividades dolarizadas —como el petróleo y el gas exportable— logran sostenerse dentro de esa ecuación. El costo del capital se convierte así en un límite operativo adicional.
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En paralelo, CAPEX avanza en una estrategia que combina actividad convencional en Río Negro, desarrollo no convencional en Cinco Saltos Norte y un enclave integrado en Agua del Cajón que articula gas, petróleo, generación térmica, gas licuado y renovables.
La diversificación funciona como defensa ante una estructura de costos que no acompaña la escala del desarrollo no convencional.
El punto central de la mirada de Storni no es la comparación con Estados Unidos, sino la consecuencia: mientras el costo del pozo argentino no converja hacia estándares internacionales, la llegada masiva de capital externo seguirá condicionada.
La competitividad del shale local depende menos de la calidad de la roca —que ya demostró su potencial— y más de la capacidad del sistema para reducir costos, ampliar oferta de servicios y alinear precios relativos con los de las cuencas líderes.
La industria tiene productividad, recursos y escala para sostener un ciclo de inversión prolongado. Lo que falta es resolver la brecha entre el potencial geológico y el costo operativo. Ese es el verdadero límite del desarrollo argentino.
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