La exposición de Marcos Pourteau, director de SESA (Southern Energy), fue una de esas intervenciones que no describen un proyecto: describen un punto de inflexión. Porque lo que está ocurriendo en el Golfo San Matías no es una obra más, ni un anuncio más, ni un plan más. Es el nacimiento de un nuevo distrito industrial argentino, construido alrededor del primer proyecto de GNL operativo del país.
Pourteau lo dijo sin rodeos: “Decidimos avanzar sin contrato de largo plazo y sin financiamiento previo.” En la industria del gas, eso es casi una herejía. Pero esa decisión explica por qué el proyecto avanza a una velocidad que no se había visto en la Patagonia desde la construcción de los grandes oleoductos. SESA apostó primero, y el mercado respondió después.
En 2027, el primer buque de licuefacción —el Hilli Episeyo— comenzará a operar con una capacidad de 2,4 millones de toneladas anuales de GNL. Pourteau aclaró un punto que generó debate en el panel: la cifra de USD 700 millones corresponde solo al primer año, cuando el proyecto funcionará con un solo buque y con volumen parcial de exportación. Es el impacto inicial, el arranque, la primera bocanada de un proyecto que recién empieza a tomar forma.
La escala real aparece en la segunda fase. En 2028, se suma el segundo buque —el MKII, de 3,5 MTPA— y el proyecto alcanza su capacidad plena de 6 millones de toneladas anuales.
Con ambos buques operativos, las exportaciones proyectadas ascienden a USD 850–1.000 millones por año, dependiendo del precio internacional del GNL. La diferencia entre ambas cifras no es un error: es la distancia entre un motor encendido y dos motores a máxima potencia.
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La International Gas Union (IGU) ya ubicó a Argentina en un lugar inesperado: con los 6 MTPA aprobados, el país concentra el 31,6% de toda la capacidad FLNG aprobada del mundo. Es un dato que no necesita adjetivos: Argentina, que nunca exportó GNL, aparece de golpe entre los jugadores relevantes del mercado flotante global.
Pero el impacto más profundo no está en las cifras: está en el territorio. Pourteau detalló que el proyecto ya integró 70 empresas locales, y que Río Negro puso en marcha programas de formación técnica en San Antonio Oeste y San Antonio Este para soldadores especializados, operadores industriales, técnicos embarcados y personal de logística portuaria.
La construcción generará 1.900 empleos directos e indirectos, y el 50% de los bienes y servicios provendrá de proveedores locales. La Patagonia, históricamente dependiente de la pesca y el turismo, empieza a incorporar una industria que nunca tuvo: la industria del gas exportador.
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Cuando ambos buques estén operativos, el Golfo San Matías tendrá un nivel de actividad que la región nunca vio. Pourteau lo explicó con una claridad que electrizó al auditorio: habrá un barco de GNL por día, y además otro barco cada tres o cuatro días, entre cargas de condensados y otros productos. En total, el proyecto moverá 80 barcos por año, una frecuencia que transforma por completo la escala logística de la Patagonia. “Esto no es un proyecto: es una transformación territorial”, dijo Pourteau, y la frase quedó suspendida en el aire porque sintetiza lo que está por ocurrir: el Golfo San Matías pasará de ser un punto turístico a convertirse en un nodo energético internacional.
Su mensaje final sintetiza la magnitud del proyecto: Argentina pasa de ser importador a convertirse en un actor relevante del mercado global de GNL, y lo hace con un modelo que combina velocidad, inversión privada y desarrollo territorial. El primer año marcará el inicio; la operación plena marcará la historia.
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