La pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul reunió a decenas de miles de vecinos en la Ruta 22. Foto: Diario Río Negro.

Un Messi gigante. Una estatua de 26 metros de alto, «la más grande del mundo» dedicada al futbolista a la vera de la Ruta 22. «Esto somos los argentinos: trabajo y sacrificio», dirá el intendente en la inauguración del monumento el martes de esta semana, apenas unas horas antes de que el número 10 convierta tres goles en el debut de la Selección en el Mundial 2026.

Una ruta salpicada de papelitos celestes y blancos, interrumpida por niños jugando a la pelota, una procesión familiar con banderas.

Pasaron 30 años desde que se gestó, sobre ese mismo pavimento, uno de los estallidos sociales más grandes del país: la pueblada de Cutral Co.

Esta manifestación popular que hermanó a la ciudad con su vecina Plaza Huincul en reclamo de trabajo es leída como muchos como el inicio de los «piquetes», aunque fue más.

EN/CLAVE dialogó con algunos de sus protagonistas para entender qué huellas persisten de aquel «grito colectivo» que moldeó una época.

Una comarca nacida al calor de YPF

Cutral Co, una ciudad en el centro de la provincia de Neuquén, a unos 109 kilómetros de su capital, se fundó al calor de los inicios de la explotación petrolera que lideró YPF a principios del siglo pasado.

Lindera a Plaza Huincul, la localidad donde la entonces petrolera estatal montó el llamado Campamento Uno, hizo de la explotación hidrocarburífera su principal economía durante décadas.

Y por lo mismo, fue uno de los lugares donde se hizo carne la crisis generada por las políticas económicas de los ’90. Con la privatización de YPF, que dejó casi 5.000 despedidos, la ciudad alcanzó un 30% de desocupación. Las indemnizaciones que pagó la empresa se volcaron a la apertura de kioscos o la adquisición de taxis, pero esa salida pronto mostró sus límites.

«La gente realmente no tenía para comer y no tenía gas porque el servicio se lo habían cortado. Quizás no todos eran directamente desempleados de YPF, pero su economía giraba en torno a lo que había sido la YPF estatal», describió Andrea Vázquez, una de las periodistas de la ciudad que cubrió la manifestación hace 30 años.

La población se estancó durante toda la década: Cutral Co tuvo la tasa media de crecimiento más baja de la provincia entre el Censo de 1991 y el de 2001, del 0,13 por mil. Se registraron apenas 44 personas más entre un relevamiento y otro.

«La privatización de YPF nos había puesto en un lugar donde la gente, literalmente, ponía dos maderas en las ventanas y se iba porque no había nada en Cutral Co», sostuvo la diputada Yamila Hermosilla (Comunidad), quien en ese momento tenía 12 años. «Mi papá era ypefiano y mi abuelo también. Yo compartí esta lucha con toda mi familia», afirmó.

«La privatización fue el motivo»

El 20 de junio de 1996, grupos de vecinos comenzaron a concentrarse en lo que se conoce como «la torre» de YPF, en el ingreso a la refinería, y en las llamadas «picadas» sobre la Ruta 22, que luego se extenderían a la Ruta 17, para protestar contra lo que fue un detonante: el gobernador Felipe Sapag había anunciado la baja del contrato con una empresa canadiense para construir una planta de fertilizantes.

Lo había firmado su antecesor, Jorge Sobisch, con controvertidas concesiones para la firma. Si bien ambos eran dirigentes del MPN, pertenecían a líneas internas del partido que estaban enfrentadas.

Esa rivalidad entre los «blancos» de Sobisch y los «amarillos» de Sapag fue la que encendió la primera chispa de la pueblada. Lo que pasó después no lo pudo prever nadie.

«Cutral Co y Plaza Huincul estaban tratando de sobrevivir. El 80% o el 90% de nuestra población dependía de YPF. La privatización ya era el motivo, más allá de todo lo que vino después, un montón de promesas incumplidas», analizó Hermosilla sobre los inicios de la manifestación.

El intendente de la ciudad, Ramón Rioseco, un emergente de los piquetes que hoy transita su tercer mandato, lo definió como un «grito de desesperación». «Fue un hecho revolucionario en defensa de nuestra economía, de nuestro trabajo, del Estado mismo. Hubo que reforzarla en 1997 con la segunda pueblada, pero valió la pena», aseguró.

Los piquetes se extendieron durante siete días, con amenazas de desalojo que no se cumplieron frente a la dimensión de la protesta, que llegó a reunir a 30.000 manifestantes entre las dos ciudades. La jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles llegó hasta el lugar con Gendarmería Nacional, tomó un megáfono y se declaró incompetente: «Me retiro del lugar y las fuerzas que vinieron conmigo también».

La clausura al MPN

Los vecinos de Cutral Co y Plaza Huincul pasaron siete días sobre la ruta hasta que se levantó la pueblada. Foto: Diario Río Negro.
Los vecinos de Cutral Co y Plaza Huincul pasaron siete días sobre la ruta hasta que se levantó la pueblada. Foto: Diario Río Negro.

Las manifestaciones finalizaron tras una negociación entre una delegación de representantes de los «piqueteros» y el gobernador Felipe Sapag, quien debió viajar personalmente a la ciudad para destrabar el conflicto.

Se firmó un acta con varios compromisos entre los que se materializaron la construcción de un hospital de complejidad media, de una planta de metanol y la cesión del yacimiento gasífero El Mangrullo a las dos ciudades.

Pero la pueblada también implicó una clausura de tres décadas al Movimiento Popular Neuquino, el partido provincial que gobernó Neuquén hasta el 2023. Desde 1997 y hasta hoy, ningún candidato a intendente de ese espacio pudo imponerse en una elección.

«El mayor error de Felipe fue no haber leído y no haber dimensionado lo que le estaba pasando a la gente y eso se convirtió en algo que no sanó hasta ahora. El MPN sigue teniendo afiliados y militantes en la ciudad, pero muy lejos del cúmulo que hubo antes de eso. Incluso perdieron representación en el Concejo Deliberante», explicó la periodista Andrea Vázquez.

En cambio, quienes se hicieron cargo del municipio desde entonces fueron exponentes salidos de la propia pueblada: primero Eduardo Benítez, un radical y por entonces maestro que participó de los cortes y gobernó durante diez años; y luego Ramón Rioseco, otro docente y protagonista de la rebelión que construyó un proyecto de poder que se extiende hasta hoy.

En 1997, luego de una segunda pueblada por promesas incumplidas, el Concejo Deliberante de la ciudad destituyó en un juicio político al intendente Daniel Martinasso, a quien se acusaba de defraudación y malversación de fondos.

Vázquez recordó que ese proceso también estuvo mediado por la propia interna del MPN. «Ellos pretendían hacer una suerte de alianza que les garantizara tener el poder, pero finalmente no ocurrió: la hicieron los radicales con el Frente Grande donde estaba Rioseco y decidieron que el candidato a intendente tenía que ser de la UCR. Interpretaron que era el momento justo para dar el batacazo», definió.

La conquista de El Mangrullo

El levantamiento popular ocurrido en Cutral Co a mediados de los ’90 decantó en un hecho inédito para la Provincia y el sistema de federalismo argentino: la cesión de un yacimiento gasífero a dos municipios para que administren su explotación y recauden la totalidad de las regalías.

La transferencia de El Mangrullo, hoy concesionado a Pampa Energía, fue uno de los acuerdos que alcanzaron los representantes de los piqueteros con el entonces gobernador Felipe Sapag para levantar los cortes de ruta.

«Fue una entrega para decirnos que nos callemos la boca. En ese momento, el yacimiento era marginal, no entró dentro de la privatización de YPF y las áreas que se entregaron a Repsol. No lo quería nadie», describió el intendente Ramón Rioseco.

El compromiso se materializó al año siguiente, en abril de 1997, con la sanción en la Legislatura de la Ley 2206 çue transfirió el área a los municipios de Plaza Huincul y Cutral Co para su explotación hidrocarburífera por 99 años.

Eso incluyó la «totalidad» de las regalías, a las que se les dio como destino un «fondo de reconversión productiva» que tenía por objetivo diversificar la economía de la comarca petrolera hacia nuevas actividades. Los recursos los administra el Ente Autárquico Intermunicipal El Mangrullo (ENIM), con un directorio donde tienen representación ambas ciudades.

«Lo hicimos funcionar y hoy está en el rango de 6 a 10 millones de metros cúbicos por día de gas. Ha sido y sigue siendo exitosa la producción de El Mangrullo», afirmó Rioseco.

Si bien esta herramienta les permitió a estas localidades sobrevivir a la intemperie pos-privatización de YPF, brindándoles la posibilidad de autofinanciarse y de ejecutar obras, aún persisten dudas sobre si verdaderamente impulsó la generación de una matriz económica alternativa para la región.

También ha sido motivo de polémicas y denuncias cruzadas por el manejo político de dinero que han hecho las intendencias a través de ese ente que, para este 2026, tiene aprobado un presupuesto de 81.000 millones de pesos.

El horizonte del GNL

«Es la crisis de una economía de enclave y un anuncio adelantado de la crisis del modelo energético», describía el documento «Neuquén 2020: crisis y oportunidad», un plan que encargó el gobierno de la provincia al Copade, su órgano de planificación, en 1997.

La premisa era de un «agotamiento» de los recursos no renovables de petróleo y gas para ese año y mostraban a Cutral Co como un «ensayo anticipado» de una crisis extendida si Neuquén no buscaba una alternativa productiva enfocada en un modelo agro-forestal.

Años después, el desarrollo de Vaca Muerta volvió a correr el horizonte de la Provincia y lo mismo parece estar por suceder con el GNL, que promete convertirse en el mayor negocio exportador de gas de la Argentina.

Cutral Co y Plaza Huincul ven ahí una tercera oportunidad. Si los recursos de El Mangrullo sirvieron para reactivar sus economías aunque sin diversificar, el proyecto de GNL de YPF vuelve a depositar la confianza de la comunidad en la petrolera que una vez las abrigó.

«Tengo muchas esperanzas. Va a poner a las dos ciudades nuevamente en el podio energético, un lugar del que no debieron haberse ido nunca», afirmó Yamila Hermosilla, diputada oriunda de la localidad.

La Legislatura de Neuquén votará el miércoles 24 de junio el acuerdo entre la Provincia e YPF para desarrollar el proyecto con beneficios fiscales a 30 años para la operadora, un esquema diferenciado de regalías y un bono de infraestructura de 175 millones de dólares que financiará obras en esas y otras localidades.

Las áreas de las que saldrá el gas que luego será licuado y exportado a través del puerto en Río Negro son Meseta Buena Esperanza (I y II), Las Tacanas (I y II) y Aguada Villanueva Norte, ubicadas en cercanías de esa región.

Rioseco coincidió con que es «una nueva oportunidad», aunque también un desafío distinto para la comarca. «Ahora tenemos que producir, no para el mercado interno, sino para exportar, que es mucho más competitivo. Acá no hay precio sostén y requiere eficiencia para insertarse en el mercado y competir con los grandes productores como Qatar, Estados Unidos o Rusia», evaluó.

La expectativa es que el proyecto genere unos 20.000 puestos de trabajo directo y un número igual o mayor de indirectos que le den movimiento económico y una «nueva vida a las ciudades».

, Andrea Durán