Por Redacción Runrún Energético
En el marco del debate por la Modernización Laboral, el Gobierno ha puesto sobre la mesa el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI). Este esquema, diseñado como un “traje a medida” para las PyMEs que no alcanzan los u$s 200 millones del RIGI, busca que las empresas de servicios petroleros y mineros puedan actualizar su equipamiento con beneficios fiscales similares a los de los grandes operadores.
Escalas accesibles para el sector servicios
A diferencia del régimen para grandes proyectos, el RIMI establece umbrales de inversión mucho más bajos: desde u$s 150.000 para microempresas hasta u$s 9.000.000 para medianas empresas de tramo 2. Esto permitiría que una PyME de servicios en Añelo o una perforadora en la Puna pueda importar maquinaria o ampliar sus talleres con amortización acelerada de ganancias y devolución anticipada de IVA en un plazo de tres meses.
La cláusula de la caja fiscal
A pesar del entusiasmo del sector privado, la puesta en marcha del RIMI no es automática. El proyecto delega en el Ministerio de Economía la facultad de activar el régimen dependiendo del cumplimiento de las metas fiscales. Esta “cláusula de discrecionalidad” es mirada con cautela por las cámaras empresariales, que reclaman previsibilidad para activar planes de inversión que hoy están en stand-by.

El derrame obligatorio del 20%
Mientras el RIMI se define en el Congreso, el RIGI ya vigente está traccionando a las PyMEs a través del “Plan de Desarrollo de Proveedores Locales”. Los grandes proyectos están obligados a destinar al menos el 20% de su inversión a empresas nacionales. Casos recientes, como el de la mina de oro Gualcamayo, han elevado esa vara comprometiendo hasta un 69% de gasto local, lo que demuestra que el ecosistema de proveedores está listo para crecer si se le dan las herramientas financieras adecuadas.
La Visión de Runrún Energético:
El RIMI es la pieza que falta para que el “boom” de Vaca Muerta y la minería no sea solo un fenómeno de grandes multinacionales. Para que el crecimiento sea sostenible, necesitamos PyMEs robustas y tecnificadas. El RIMI no debe ser una promesa supeditada a la caja del mes, sino una política de Estado que permita que el taller de la esquina de la cuenca se convierta en una empresa de clase mundial. Sin proveedores fuertes, el RIGI es solo la mitad del éxito.
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