Los tiempos de reparación de una pala difieren según el tamaño del daño; pueden ir de dos días a dos meses.

Viajar en auto por una ruta del sur de la provincia de Buenos Aires o la Patagonia, pasar por un parque eólico y ver técnicos colgados de una pala es algo que provoca parar a mirar. Parece un trabajo exótico y lo es: supone capacitaciones específicas y un entorno dominado por el riesgo de altura y las condiciones, incluyendo el viento.

En Argentina el trabajo de inspección y reparación de palas todavía es mayormente desarrollado por técnicos extranjeros, muchos de países limítrofes, sobre todo brasileños. ¿Por qué? Porque para que un técnico trabaje en forma independiente se requieren de tres a cinco años de capacitaciones y entrenamiento continuo en parques eólicos y dado que en Argentina la eólica es aún una industria en desarrollo, se convocan técnicos de países con una curva de aprendizaje mayor.

Así lo explica a EconoJournal Francisco Vincet, gerente de proyecto en una de las empresas de capacitación y servicios eólicos que operan en el país con sedes en Bahía Blanca y Puerto Madryn: “Son 15 equipos de diferentes compañías que actúan en parques eólicos en distintas provincias, un número alineado con la cantidad y antigüedad de los parques, que todavía no requieren intervención de reparación, solo inspecciones cada año. A medida que los parques envejecen los mantenimientos correctivos y preventivos aumentan”.

La formación y el trabajo de los reparadores de palas

Inspeccionar, mantener y reparar palas de aerogeneradores requiere capacitaciones obligatorias y con funciones diferentes que ya se brindan en centros de formación de Argentina. Agrupadas representan la formación que deben tener los técnicos.

Vincet menciona las capacitaciones de GWO (capacitación básica para ingreso a parques eólicos), ART (entrenamiento avanzado de rescate), IRATA (certificación para trabajos en acceso por cuerdas), Lift User (capacitación en el uso y mantenimiento de elevadores) y Blade Repair (curso de reparación de palas). Los precios de estos cursos, que van de una a tres semanas de duración, son todos diferentes y varían según los paquetes que el técnico o la empresa que los emplea desean adquirir.

De los 15 equipos que trabajan en Argentina, 8 son de la empresa donde Vincet trabaja, GSEólicos, donde además se brindan las capacitaciones.

¿Hay restricciones? “Dependen de la condición física, el esfuerzo del trabajo es demandante. El peso, al ser una actividad física por completo, es importante. Si el técnico tiene 50 años, por ejemplo, puede dedicarse a este trabajo, pero dependiendo de todos los exámenes médicos. Y si mide 1,90, por poner otro ejemplo, tiene las tareas restringidas, porque hay lugares pequeños y espacios reducidos en cuyo acceso no entra”, agrega Vincet.

Los tiempos de reparación de una pala difieren según el tamaño del daño; pueden ir de dos días a dos meses. Las jornadas de los técnicos son de 8 a 10 horas con descansos establecidos a un mínimo de un día por semana. Es algo obligatorio. De hecho, los accesos a los parques eólicos quedan restringidos por esta condición de descanso.

Se requieren varias capacitaciones específicas para ser reparador de palas.
Foto: gentileza de GSEólicos (Bahía Blanca).

«Por equipo, tres personas suben a la pala —explica Vincet—: un responsable con certificación IRATA – SPRAT Nivel 3 (el máximo de la escala) y dos reparadores certificados en los niveles 1 y 2. Los tres trabajan en altura con cuerdas; la diferencia está en el grado de autonomía y la responsabilidad que habilita cada certificación. El Nivel 3 no realiza el trabajo, solo vela por la seguridad de los técnicos que están colgados, permanece atento a brindar soporte en las maniobras de cuerdas y a una intervención de rescate si es necesario”

Otra de las empresas en Argentina que capacita y brinda el servicio de inspección y reparación es Alto Sur, con sede en Cipolletti, Río Negro.

La danesa Vestas cuenta con su propio centro de reparaciones en la Provincia de Buenos Aires. Según dijo uno de sus directivos en Argentina, Alejandro Carlos Francisco, meses atrás cuando la compañía anunció la apertura del nuevo centro, “el volumen de operaciones de Vestas en el país, cercano a los 3.000 megavatios, amerita un management a medida de las particularidades del negocio local”.

La experiencia de un técnico: apoyo en drones e IA

Francisco Janderson de Sousa Oliveira es técnico brasileño especializado en reparación de palas. Tiene 30 años y lleva una década en la industria eólica de Brasil y Argentina. Desde 2021 vive en Bahía Blanca y trabaja en parques eólicos de cinco provincias: “Para quien desea trabajar en este sector es muy alentador, porque abren más parques o los que están hacen inspecciones o reparaciones. Todas las palas algún día necesitan una reparación cosmética o estructural”, aseguró a EconoJournal. Luego aclara: “Hay que hacer una inversión en cursos y capacitación”. 

Se puede trabajar en el interior de la pala, donde también se generan daños, y en el exterior. El trabajo comienza con la inspección, que puede hacerse con drones. Los que se utilizan en la industria son especiales para inspecciones críticas de plantas de energía y útiles para detectar daños, porque tienen muy alta resolución, sensor térmico y resistencia al viento.

Además, se utilizan herramientas con IA que analizan las imágenes captadas e identificanqué es daño y qué no. La tecnología filtra la información y sugiere categorías según parámetros definidos previamente. Luego el equipo revisa los resultados.

Técnico eólico: “Una persona principiante por ahí sí puede sentir vértigo,
pero después ya no e incluso al finalizar la tarea puede disfrutar de la vista”.
Foto: gentileza de GSEólicos (Bahía Blanca).

La inspección de la pala también puede ser directa, dice el técnico, mediante acceso por cuerdas y a varias decenas de metros del suelo. Si el día del trabajo el viento supera los límites establecidos, que son 11,4 metros por segundo (unos 40 km/h), la tarea se detiene.

Miramos el pronóstico y dependiendo de la situación avanzamos o suspendemos. En el sur es muy común que haya ráfagas y tener que suspender e ir al punto de encuentro. No se atropella ningún procedimiento”. ¿Vértigo? “Una persona principiante por ahí sí puede sentir vértigo, pero después ya no e incluso al finalizar la tarea puede disfrutar de la vista”, agrega Janderson de Sousa Oliveira.

Daños: rayos, golpes, fallas

Vincet, a cargo de equipos —y con 10 años de trabajo y capacitación en reparación de palas—, dice que entre los problemas recurrentes que afectan las palas están las descargas eléctricas, porque la altura y los materiales de los aerogeneradores son, de por sí, blancos potenciales. Aunque tienen protecciones, si no están bien instaladas o verificadas, los impactos ocurren y provocan fallas.

También los golpes e impactos externos, como los que pueden hacer aves migratorias desorientadas o tormentas de granizo.

Y luego están las propias condiciones climáticas en los parques eólicos, que suponen viento (por algo los aerogeneradores operan ahí). Si bien las palas están diseñadas para resistir con materiales como fibra de carbono, el desgaste del frío, el calor, los rayos UV, abrasión, salitre en zonas costeras o nieve en la Patagonia pueden influir.

Por último, otra variable importante que menciona Vincet es la de las fallas humanas. Una reparación demorada en una pala, por ejemplo, puede representar la pérdida total del componente o incluso del aerogenerador. Lo mismo con decisiones técnicas incorrectas, una reparación mal hecha o un defecto de fabricación. Quien tenga la suerte de ver desde la ruta aunque sea de lejos un dispositivo de inspección o reparación de palas, con técnicos colgados por cuerdas, que sepa que todo lo que tiene de estrafalario el trabajo lo tiene de detallista y especializado.

, María Eugenia Rodríguez