Por Redacción Runrún Energético

Vaca Muerta no solo rompe récords de producción, sino que consolida una brecha salarial que redefine la pirámide de ingresos en Argentina. Con salarios promedio que, en febrero de 2026, superan los $3.000.000 para trabajadores bajo convenio de Petroleros Privados, la industria extractiva se mantiene como el principal polo de atracción de talento del país.

Esta dinámica genera una creación de empleo genuino que promedia los 1.000 puestos mensuales entre directos e indirectos, traccionando no solo a las operadoras, sino a una red de proveedores de servicios que deben competir por mano de obra calificada.

Sin embargo, este flujo de capital hacia el bolsillo de los trabajadores impacta directamente en la microeconomía de localidades como Añelo y Neuquén Capital, donde el costo de vida se ha “petrolizado”, exigiendo una infraestructura urbana que aún corre por detrás del ritmo de los yacimientos.

La arquitectura de estos ingresos está fuertemente ligada a la productividad: el pago por “horas de torre”, los adicionales por zona desfavorable y los bonos por eficiencia en las etapas de fractura son los componentes que explican un poder adquisitivo que supera en más de un 150% la media nacional. Para las empresas, el desafío de 2026 ya no es solo captar personal, sino retenerlo mediante planes de capacitación en nuevas tecnologías y digitalización.

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Este “derrame” salarial es el que sostiene el consumo en el Alto Valle, pero también impone una presión inflacionaria local que obliga a la provincia a equilibrar la balanza para los sectores que no pertenecen a la industria del shale, evidenciando que el éxito energético requiere de un contrato social regional que sea, ante todo, sostenible.

Visión de Runrún Energético

Desde Runrún observamos que los salarios de Vaca Muerta son la “cara B” del éxito del superávit energético. Un operario bien remunerado es un operario eficiente y seguro, algo crítico en una industria de alto riesgo. No obstante, la “inflación petrolera” es un síntoma de una economía de enclave que Argentina debe aprender a gestionar.

El reto para el mediano plazo es que este poder de consumo se traduzca en inversiones de largo aliento en la región (vivienda, salud, educación) y no solo en un pico de demanda estacional. La energía es el motor, pero el desarrollo humano es el combustible que determinará la estabilidad social de la cuenca en los años por venir.

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