El crecimiento de los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta comenzó a redefinir el rol del sector energético dentro de la macroeconomía argentina. Un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral ubicó el superávit comercial energético de 2025 en u$s 5.670 millones, resultado de una combinación de mayor producción de petróleo y gas, reducción de importaciones y expansión de las exportaciones.

El documento plantea que la energía dejó de ser solo un sector productivo para convertirse en una de las principales herramientas de estabilidad externa y generación de divisas.

Según el reporte, la producción de petróleo alcanzó los 906 mil barriles diarios en 2025, con un incremento interanual del 21%, y el shale oil ya explica más de dos tercios del total bombeado en el país.

En gas natural, la producción llegó a 141,45 millones de metros cúbicos diarios, con una suba del 11% frente al año anterior, mientras que el gas no convencional avanzó 20% y también supera los dos tercios de la oferta nacional.

El Instituto identifica a la Cuenca Neuquina como el principal centro de producción y señala que el autoabastecimiento aparece como una posibilidad concreta en el nuevo escenario.

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El estudio también releva la dinámica operativa del desarrollo shale: durante 2025 se realizaron unas 23.900 etapas de fractura y para 2026 se proyectan alrededor de 28.000, lo que implicaría un crecimiento de entre 20% y 22%. Este aumento de actividad se vincula con una mayor orientación hacia la producción petrolera y con la expansión de infraestructura asociada a un perfil crecientemente exportador.

En paralelo, la fuerte reducción de las importaciones de gas natural licuado desde 2024, profundizada en 2025, contribuyó a mejorar las reservas internacionales y a reducir la presión sobre el mercado cambiario.

Pese al cuadro favorable, el informe advierte que la consolidación de este nuevo escenario dependerá de la capacidad de ampliar la infraestructura de transporte, generación eléctrica y redes, así como de avanzar en una normalización tarifaria que permita reducir subsidios y sostener la inversión privada.

El Instituto de Energía subraya que la previsibilidad regulatoria y una visión estratégica de largo plazo serán condiciones necesarias para que el superávit energético se mantenga y el sector consolide su aporte a la estabilidad macroeconómica y al perfil exportador de la economía argentina.

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