
Los grandes proyectos mineros argentinos prometen mayor actividad y empleo para las provincias de la mano del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Frente a ese escenario, actores locales reclaman participación como proveedores, mientras que, del otro lado de la cordillera, Chile irrumpe con las décadas de ventaja que le permitieron desarrollar un ecosistema de proveedores maduro, experiencia operacional y estándares de clase mundial. También con un mensaje de cooperación que exagera en instalar, para reemplazar el de competencia, en un contexto en que la demanda argentina va a superar la capacidad local de proveedores.
El negocio argentino
Con 42.000 millones de dólares en inversiones al amparo del RIGI, Argentina se encamina a dar el mayor salto minero de su historia. Si los proyectos avanzan, hacia 2035 podría producir 1,25 millones de toneladas de cobre fino según proyecciones de un estudio de CAEM, la UIA y el BID y convertirse en el tercer productor regional, detrás de Chile (5,3 millones de toneladas) y Perú (2,7 millones), superando a México. En litio, un recorrido que ya inició, se espera un crecimiento de 244% desde las 116.000 toneladas de carbonato de litio equivalente producidas en 2025 a las 400.000 proyectadas en la próxima década.
Según datos de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) a los que accedió Econojournal, un emprendimiento de gran escala requiere 800 empresas proveedoras los primeros quince años durante la etapa de exploración y construcción y 550 en los 30 años siguientes que estima, en promedio, la operación.

“En cada proyecto el 85% del movimiento económico de CAPEX es para proveedores”, calcula Manuel Benítez, presidente de la Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN). Escalar estos valores a Vicuña (18.104 millones de dólares), El Pachón (9.500 millones de dólares) o, en su conjunto, a los quince proyectos presentados bajo el RIGI —nueve ya aprobados por 9.823 millones de dólares y seis en análisis por 32.855 millones adicionales—, da una dimensión del negocio.
El relevamiento de la oferta de proveedores que realizó el informe UIA-CAEM-BID identificó capacidades reales en el entramado industrial local: metalmecánica (estructuras, tanques, tolvas, bandejas, montajes, bombas, válvulas), química y petroquímica (reactivos e insumos, especialmente para litio), plásticos (cauchos, geomembranas, recubrimientos) y servicios (ingeniería, logística, mantenimiento, vehículos). “Hay clusters metalmecánicos en Santa Fe, Córdoba, el AMBA y en las mismas provincias mineras”, ejemplificó el representante del Departamento de Minería de la UIA Franco Mignacco este miércoles en la Jornada de Competitividad de la cadena de valor minera argentina que organizó el Senado, en un adelanto del informe que se presentará la semana que viene.
El entramado de proveedores todavía no cubre la demanda para un boom simultáneo de cobre y litio a gran escala. “En litio ya existe una primera camada de proveedores con experiencia real en el NOA — tecnologías de Extracción Directa de Litio (EDL), construcción y montaje en altura, operación de plantas, bombeo, piping, control de procesos y mantenimiento— y habría que analizar si ese aprendizaje se puede trasladar, en parte, a los grandes proyectos de cobre”, aseguró un consultor minero a este medio.

Los números chilenos
“Desde la última Arminera creció mucho el interés de los proveedores chilenos de acercarse al país entendiendo el aspecto de complementariedad y colaboración que se puede realizar”, señaló en diálogo con EconoJournal Constanza Alegría Pacull, directora comercial de ProChile, el organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores chileno que promueve la internacionalización de empresas.
La ejecutiva explicó que las empresas chilenas atraviesan un proceso de internacionalización luego de expandirse a Perú, Ecuador y otros mercados regionales, y que hoy ven a Argentina como una oportunidad natural a partir del despegue del cobre. “Están entendiendo las regulaciones, que la propiedad de los recursos la tienen las provincias. Son esquemas muy distintos a los que hay que acostumbrarse”.
Alegría Pacull recordó que hace quince años había existido un primer desembarco de proveedores chilenos, especialmente en servicios profesionales de ingeniería, aunque ese proceso se frenó dadas las restricciones cambiarias y comerciales. Ahora, aseguran desde el sector, no existen barreras de entrada para operar en el país.
La principal cámara en Chile es la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (APRIMIN), creada en 2003 y que hoy reúne a 163 empresas proveedoras de bienes y servicios para la minería. Según datos de la entidad, sus asociados facturan en conjunto más de 20.000 millones de dólares anuales. En la última exposición minera en San Juan se reunieron con el proyecto Vicuña, pero el tema es tan candente por las enormes expectativas y necesidades de los proveedores locales, que no quisieron hablar con este medio.
Dentro de los rubros en los que se destacan los proveedores chilenos se encuentran servicios tecnológicos, innovación aplicada, ingeniería específica para minería y know how incorporado en los servicios.
La cooperación como estrategia
Econojournal supo que empresas chilenas como Excon, ICV, Vecchiola y MAZ Errazuriz ya analizan oportunidades en Argentina, especialmente en San Juan. Pese a los temores que existen entre empresarios argentinos sobre una eventual avalancha de proveedores chilenos, del otro lado de la cordillera el discurso dominante es el de la cooperación.
“Nuestra estrategia es trabajar con socios locales”, explicó a este medio Germán Andrés Rogers Tirado, de Mas Errázuriz Ingeniería y Construcciones, una proveedora chilena con 45 años de experiencia en minería subterránea y obras civiles, que participa de reuniones y licitaciones vinculadas a proyectos de cobre en Argentina. Según detalló, la lógica no responde a exigencias regulatorias sino a una decisión empresarial de asociarse con firmas argentinas que conozcan el territorio, las reglas provinciales y puedan aportar mano de obra local.
«Queremos tener el conocimiento de la zona con el player local que conoce las reglas del juego y poner nuestra experiencia al servicio del desarrollo de la minería en Argentina, aportando en la formación del personal local», explicó Rogers Tirado. «Los clientes que han aterrizado tienen estándares altos como BHP, quienes han sido clientes nuestros», agregó.
En la jornada del miércoles en el Senado, el secretario de Minería de la Nación, Luis Lucero, matizó el alarmismo que despierta el tema con números de los expedientes de los RIGI aprobados al 31 de marzo de este año. Solo el 8% del gasto fue en proveedores del extranjero, mientras que el 92% fue contenido local. Y, del total local, el 73% fue invertido en proveedores de la provincia de origen del proyecto. Pero el propio Lucero advirtió que los desafíos en desarrollo de proveedores y mano de obra son de largo plazo: «Que este trabajo de desarrollo de proveedores no quede en una frase hecha que no nos lleve al acostumbramiento y nos venzan las dificultades».
Los puntos de mayor tensión
- Infraestructura portuaria
La cooperación, sin embargo, tiene límites: “El aspecto menos colaborativo son los puertos”, admitió Alegría Pacull. Chile busca posicionar su infraestructura portuaria, con capacidad instalada disponible, y logística para canalizar exportaciones argentinas, pero los pasos que conectan los dos países siguen siendo una limitación. Los corredores bioceánicos —Paso San Francisco y Aguas Negras— son obras pendientes que el sector reclama hace años.
- Tratado de Integración y Complementación Minera
El Tratado de Integración y Complementación Minera firmado entre Argentina y Chile en 1997 por los presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei crea un marco legal para la explotación conjunta de recursos en zonas fronterizas, cubriendo aspectos aduaneros, tributarios, migratorios, laborales, ambientales, logísticos y de recursos energéticos e hídricos.
En la práctica, las compañías pueden requerir desde telecomunicaciones y caminos hasta ductos, líneas eléctricas o facilidades operativas compartidas entre ambos países, a partir de pedidos específicos elevados a la secretaría técnica binacional. “Sentó las bases de una colaboración Chile-Argentina a medida de lo que soliciten los actores inversionistas”, explica un informe realizado por la Cámara Chilena-argentina.
De acuerdo a información de la Cámara chileno argentina, actualmente hay firmados y vigentes en Pascua Lama, Los Azules, El Pachón, Filo del Sol, Josemaría, Los Helados. El distrito Vicuña —que agrupa a Josemaría, Filo del Sol, Los Helados y Lunahuasi— es el caso más visible. Por su cercanía a la frontera, su logística natural apunta a puertos chilenos.
La tensión aparece aquí al ahondar si beneficia a los dos países por igual. «Chile llega con una industria minera madura y capacidades instaladas; Argentina, con recursos geológicos a desarrollar y menor desarrollo institucional y logístico. Para Chile, el tratado es una vía para proyectar su ecosistema minero hacia los recursos argentinos«, señaló el consultor minero a este medio. «El Tratado Minero no es intrínsecamente pro-Chile o pro-Argentina; es pro-proyectos mineros. El país que tenga una estrategia más clara de desarrollo es el que va a capturar más valor».
La ministra de Energía de Chile, Ximena Rincón, que habló esta semana con EconoJournal, fue explícita sobre la visión desde Santiago: «Tiene que ser un win-win. La experiencia del pasado tiene que ser una lección para hacer las cosas bien.» Y lanzó una propuesta concreta: «Hay que hacer un acuerdo de integración energética. Combinar gas de ustedes, electricidad nuestra. A nosotros nos falta demanda en el sur y a ustedes en el norte.» Chile, dijo, tiene tanta energía renovable que la pierde. La minería argentina es el primer foco de demanda posible.
- Implementación del RIGI
El RIGI establece que el 20% del contenido debe ser nacional, aunque la norma está siendo debatida en su implementación. La industria local reclama que eso no alcanza para desarrollar un ecosistema de proveedores competitivo.
- Brechas estructurales
Las ventajas de proveedores locales que destacan actores relevantes del sector son la cercanía, que permite tiempos de entrega de hasta 60 días frente al lead time de proveedores de Asia o Europa en demandas puntuales, conocimiento del territorio y una atención cercana al cliente en los servicios de post-venta.
El informe UIA-CAEM-BID alerta por las brechas estructurales. Los equipamientos pesados y de mayor tecnología son de proveedores globales que no fabrican en el país. Las certificaciones requeridas como ISO 9001, 14001, 45001, ASME, API son costosas y complejas de obtener. “Falta escala, financiamiento y curvas de aprendizaje. Y en varios rubros, los costos argentinos todavía pueden duplicar los de Chile o Perú en etapas equivalentes”, señaló el consultor que habló con este medio.
El temor argentino a que Chile se quede con el negocio proveedor convive con anuncios de inversión en proyectos de cobre, oro y plata por 35.000 millones de dólares del otro lado de la cordillera, lo que supone una fuerte demanda interna de servicios, equipos y mano de obra especializada. “Va a haber una gran necesidad de dotación y empresas”, señaló Rogers Tirado. En este escenario, puede que falten proveedores especializados, personal capacitado y capacidad operativa para abastecer simultáneamente el boom de inversiones que se proyecta tanto en Argentina como en Chile.
, Natalí Risso





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