El crecimiento sostenido de la producción de petróleo y gas en Vaca Muerta volvió a instalar el debate sobre la capacidad de Argentina para consolidar una plataforma exportadora de escala.

La combinación de recursos disponibles, proyectos en ejecución y ampliaciones previstas en transporte y procesamiento permite delinear distintos escenarios hacia 2035, condicionados por la velocidad de inversión y por la estabilidad de las reglas aplicables al sector.

La producción actual de petróleo supera los 820.000 barriles diarios, con Vaca Muerta aportando cerca del 80% del total. En gas, la producción ronda los 145 millones de metros cúbicos diarios, con un aporte no convencional superior al 60%.

La infraestructura existente —oleoductos en ampliación, el Gasoducto Perito Moreno y los proyectos de procesamiento de líquidos— habilita incrementos adicionales en la oferta exportable durante la próxima década.

El análisis de especialistas del sector identifica una ventana temporal acotada para expandir exportaciones. Las proyecciones internacionales anticipan que la demanda global de petróleo podría estabilizarse hacia mediados de la década de 2030, mientras que el gas natural enfrentaría un proceso similar algunos años después.

En ese contexto, la capacidad de ejecutar inversiones en transporte, procesamiento y licuefacción será determinante para definir el volumen de exportaciones posible.

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El primer escenario contempla un crecimiento moderado basado en la infraestructura confirmada. Bajo esta trayectoria, las exportaciones de petróleo podrían ubicarse entre 500.000 y 600.000 barriles diarios hacia 2035, mientras que las ventas de gas por gasoductos alcanzarían entre 15 y 20 millones de metros cúbicos diarios.

El superávit energético se ubicaría en un rango de 16.000 a 19.000 millones de dólares, impulsado por la ampliación de oleoductos y por la segunda fase del Gasoducto Perito Moreno.

Un segundo escenario incorpora la puesta en marcha de una primera fase de producción de gas natural licuado. La exportación de alrededor de 5 millones de toneladas anuales de GNL, combinada con mayores envíos de petróleo y gas por gasoductos, permitiría alcanzar un superávit energético de entre 32.000 y 38.000 millones de dólares.

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Este camino requiere decisiones de inversión en plantas de licuefacción, financiamiento externo y contratos de largo plazo.

El tercer escenario plantea una aceleración simultánea de proyectos de midstream y GNL. En este caso, las exportaciones de petróleo podrían ubicarse entre 800.000 y 900.000 barriles diarios, mientras que las ventas de gas por gasoductos alcanzarían entre 25 y 30 millones de metros cúbicos diarios.

La exportación de entre 10 y 15 millones de toneladas anuales de GNL completaría un superávit energético superior a los 35.000 millones de dólares. Este escenario exige ampliaciones adicionales de oleoductos, plantas de procesamiento de líquidos y capacidad portuaria.

La evolución reciente del sector muestra que la recuperación productiva iniciada con el desarrollo no convencional permitió revertir más de una década de déficits energéticos. Argentina recuperó el superávit en 2024 y lo consolidó en 2025, impulsado por mayores exportaciones de petróleo y gas.

El desafío hacia adelante consiste en sostener un marco regulatorio que permita financiar la infraestructura necesaria para transformar los recursos disponibles en flujos de exportación estables.

La ventana de oportunidad está definida por la combinación de recursos geológicos, capacidad de inversión y condiciones de mercado. La magnitud de las exportaciones hacia 2035 dependerá de la velocidad con la que se ejecuten los proyectos en curso y de la capacidad del país para asegurar reglas que permitan atraer capital en un contexto internacional de transición energética.

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