La exposición de Daniel Montamat en el II Congreso y Rueda de Negocios en Energía: El Mapa de la Demanda 2026–2027, organizado por Grupo Runrún Energético, trazó una lectura estratégica que interpela directamente al presente productivo argentino: la energía y la minería ya no son sectores periféricos, sino el ancla del nuevo ciclo de crecimiento que puede ordenar la economía después de décadas de estancamiento.
Montamat partió de un diagnóstico que el país conoce demasiado bien: productividad casi nula, inversión insuficiente y una trayectoria que consolidó el síndrome de las economías de ingreso medio.
Para romper esa inercia, sostuvo, la Argentina necesita estabilizar una tasa de inversión del 25% del PBI, apoyada en sectores con ventajas comparativas y fuerte orientación exportadora. Y allí, afirmó, la energía y la minería ya muestran una calidad de inversión superior, capaz de impulsar un salto de productividad.
En su análisis energético, Montamat fue preciso: si el país sostiene costos de producción de gas por debajo de US$3/MMBTU y energía eléctrica por debajo de US$50/MWh, la energía deja de ser un lastre y se convierte en una ventaja competitiva sistémica para toda la economía. Esa ecuación, dijo, desmonta la narrativa extractivista y posiciona al sector como un habilitador transversal de desarrollo industrial.
El eje central de su intervención fue el mapa de la demanda 2026–2027, elaborado por Runrún Energético. Allí se detalla la magnitud de la inversión comprometida en proyectos bajo el régimen RIGI: US$100.000 millones en energía y US$41.000 millones en minería, que totalizan US$140.000 millones.
Pero el impacto productivo es aún mayor: esa inversión genera un valor bruto de producción estimado en US$280.000 millones, abriendo una ventana inédita para pymes y proveedores industriales. Montamat lo sintetizó en una frase dirigida a los empresarios presentes: “Hay que preguntarse cómo insertarse en esta cuenta compradora”.

EPÍGRAFE 1 — Principales proyectos tractores 2026–2027
Los cinco proyectos tractores del período —GNL YPF/ENI/ADNOC, Upstream masivo de YPF, Distrito Vicuña, expansión de Chevron y Southern Energy GNL— explican más del 60% de la demanda total relevada.
También cuestionó las “aduanas interiores” como el compre neuquino o compre de Río Negro, porque fragmentan la oportunidad. “Este debe ser un proyecto argentino”, enfatizó. La demanda está concentrada en la Cuenca Neuquina, el Atlántico, la Cordillera Central, el Hub Litio Puna y el Litoral–Pampa Húmeda, pero la capacidad de respuesta —sostuvo— debe ser nacional, articulando manufactura, servicios y tecnología de todo el país.

EPÍGRAFE 2 — Demanda agregada RIGI (Oil & Gas + Minería)
La matriz económica consolidada de los proyectos RIGI suma US$138.950 millones: US$96.991 millones en Oil & Gas y US$41.959 millones en minería. Este volumen define la escala de la cadena de valor industrial para 2026–2027.
Montamat destacó además la consolidación de nuevos distritos industriales que combinan siderurgia, metalmecánica, química fina, infraestructura eléctrica, automatización y servicios avanzados. Allí, la industria argentina tiene un diferencial concreto: el servicio postventa local, que reduce tiempos críticos y compensa incluso la presión de precios internacionales.

EPÍGRAFE 3 — Rubros tecnológicos e industriales más demandados
Siderurgia, metalmecánica, equipos de proceso, instrumentación, automatización y servicios de soporte concentran la mayor demanda industrial del período. Estos rubros forman el núcleo operativo de la cadena de valor energética y minera.
Hacia el cierre, planteó que esta transformación requiere un Estado que garantice bienes públicos de calidad, infraestructura integradora, estabilidad macroeconómica y reformas que reduzcan los tiempos de transición entre destrucción y creación. Y un sector privado dispuesto a acompañarse a una Argentina que puede sorprender si logra sostener este nuevo ciclo de inversión y productividad.
Montamat dejó una síntesis que ordena su planteo: “La Argentina puede ofrecer seguridad energética, seguridad alimentaria y minería crítica. Si aumentamos la inversión y mejoramos su calidad, podemos cambiar la trayectoria del crecimiento”. Con esa premisa, su intervención apuntó a un mensaje claro: energía y minería ya son el núcleo del proceso productivo que empieza a tomar forma en el país.
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