
El desarrollo simultáneo de nuevos proyectos de cobre y litio requerirá una cantidad creciente de bienes, servicios, ingeniería, infraestructura y equipamiento, y pondrá a prueba la capacidad de las empresas argentinas para responder a contratos de mayor volumen y exigencia. El desafío fue uno de los ejes del encuentro “Minería y proveedores: dinamizando las economías regionales”, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Mesa del Litio y el Consejo Federal de Inversiones (CFI), donde se presentaron dos estudios sobre el desarrollo de proveedores para la minería y Vaca Muerta.
Del evento participaron los gobernadores Carlos Sadir (Jujuy), Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), junto con el secretario general del CFI, Ignacio Lamothe. Además estuvieron Viviana Alva Hart, representante del BID en Argentina; y Fernanda Ávila, directora ejecutiva de la Mesa del Litio.
Uno de los trabajos, elaborado por BID, UIA y CAEM, relevó la demanda potencial de los principales proyectos mineros en cartera y las capacidades existentes en la industria argentina. El otro, realizado por CFI, ProPymes y Fundar, buscó identificar qué empresas y sectores tienen posibilidades concretas de integrarse a estas cadenas y cuáles son las condiciones que deberían modificarse para facilitar esa inserción.
El punto de partida es una cartera de más de 70 proyectos mineros con necesidades de inversión superiores a US$ 50.000 millones. Más del 70% de ese monto está concentrado en seis grandes desarrollos de cobre, mientras que alrededor de un cuarto corresponde a proyectos de litio. Pero detrás de esos desembolsos, los estudios exhibieron que existe otra cifra que resulta determinante para la industria que tiene que ver con la cantidad de bienes y servicios que deberán contratarse durante la construcción y operación de las minas.

Una demanda de millones de metros cúbicos y miles de toneladas
Los estudios permitieron dimensionar qué necesitará la nueva minería de litio. Durante la construcción, los proyectos demandarán en promedio alrededor de 200.000 m³ de hormigón por año, 45.000 toneladas de acero estructural, 7 millones de m³ de movimiento de suelos y unos 300 kilómetros de tuberías anuales.
También habrá una demanda significativa de servicios e infraestructura. Esto es así ya que se proyectan unos 6.000 módulos habitacionales por año, además de transporte, logística, montaje, mantenimiento e ingeniería.
La ingeniería representa por sí sola un mercado relevante ya que los requerimientos alcanzarían aproximadamente 1,7 millones de horas-hombre anuales durante la etapa de mayor actividad constructiva. En energía y combustibles, los proyectos analizados demandarían unos 20 MW continuos de electricidad y 40 millones de litros de diésel por año durante la construcción.
La lista continúa con maquinaria y equipos de obra como excavadoras, cargadores, motoniveladoras, grúas y vehículos 4×4. También aparecen bombas para salmuera y diferentes equipos vinculados con los procesos de producción.
El cobre lleva estas magnitudes a otra escala. Los proyectos cupríferos podrían requerir, según las estimaciones presentadas en el encuentro que tuvo lugar este martes, alrededor de 220.000 m³ de hormigón y 68.000 toneladas de acero estructural por año durante la construcción.
Proyectos de litio y cobre
Una vez que las minas entren en producción, la demanda cambia de composición, pero mantiene una escala considerable. El estudio proyecta aproximadamente 2 GW continuos de electricidad, 1.000 millones de m³ de gas natural y 470 millones de litros de diésel por año.
También habrá una fuerte demanda de insumos químicos. Serán necesarios 560.000 toneladas anuales de soda ash y 1,2 millones de toneladas de cal, además de ácido sulfúrico, ácido clorhídrico y otros reactivos.
A esto se suman unas 180.000 toneladas de explosivos y productos de voladura, 32.000 toneladas de bolas de molienda, miles de neumáticos para equipos mineros y servicios permanentes de mantenimiento, reparación, transporte, logística y seguridad.
La escala del negocio también se refleja en el empleo. Mientras un proyecto de litio modelo puede requerir entre 1.000 y 1.500 trabajadores durante la construcción, un proyecto de cobre de gran tamaño puede movilizar hasta 9.000 personas en esa etapa.
El cobre cambia el tamaño de la oportunidad
El salto de escala está explicado principalmente por el desarrollo de los proyectos de cobre. El estudio de BID, UIA y CAEM identifica inversiones potenciales de alrededor de US$ 40.000 millones en proyectos cupríferos y una producción que podría alcanzar 1,25 millones de toneladas de cobre fino hacia 2040.
Para dimensionar la diferencia, el trabajo modelizó un proyecto de litio de 20.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente y otro de cobre porfídico con una producción de un millón de toneladas de concentrado por año.
El proyecto de litio requiere un CAPEX de aproximadamente US$ 500 millones a US$ 600 millones, una demanda energética cercana a 13 MW y entre 300 y 400 empleos directos durante la operación.En cambio, para el cobreel CAPEX estimado se ubica entre US$ 3.000 millones y US$ 4.000 millones, la demanda energética ronda los 240 MW y la operación requiere entre 800 y 1.000 trabajadores.
“La minería va a ser un vector de desarrollo. Es importante saber cómo se van a insertar las economías regionales y cómo se van a insertar los distintos proveedores del país”, señaló Matías Ginsberg del CFI, durante la apertura del encuentro.
Una industria que ya tiene capacidades
La Argentina cuenta con una base industrial y de servicios que ya puede abastecer una parte importante de las necesidades de la minería, destacaron ambos estudios. El relevamiento identificó empresas vinculadas con metalmecánica, estructuras, piping, válvulas, bombas, tanques, cintas transportadoras, ingeniería, laboratorios, movimiento de suelos, obras viales, tratamiento de aguas, mantenimiento, logística, servicios ambientales e indumentaria de seguridad, entre otros rubros. Además, buena parte de esas capacidades fue desarrollada en otras cadenas productivas que también están creciendo.

La experiencia de Vaca Muerta aparece como una plataforma para que empresas que ya trabajan en Oil&Gas puedan reconvertir o ampliar sus capacidades y convertirse en proveedores mineros. “Nos preguntamos cómo aprovechar este boom de Vaca Muerta y el despegue de la minería para el desarrollo de la industria argentina, cómo no dejar pasar este tren”, explicó Tomás Bril Mascarenhas de Fundar.
El estudio de CFI, ProPymes y Fundar buscó justamente identificar esos puntos de contacto entre la oferta existente y la demanda futura. La metodología se apoyó en la idea de “cercanía productiva”, es decir, detectar qué bienes demandarán las nuevas cadenas y qué tan cerca está la industria argentina de poder fabricarlos con las especificaciones requeridas.
“Hay que detectar con qué producto integrarse, a qué nicho, dónde apostar. Hay que leer la oportunidad y ver en dónde entrar y con qué producto”, planteó Bril Mascarenhas.
Superar filtros
Los estudios demostraron que el desafío no es solamente fabricar, sino que hay que estar preparado para venderle a una mina ya que la existencia de capacidad industrial no garantiza la incorporación automática a la cadena minera.
Las empresas proveedoras deben superar una serie de filtros vinculados con calidad, seguridad, estándares técnicos, certificaciones, homologaciones, trazabilidad y capacidad de respuesta.
También necesitan contar con una estructura financiera capaz de soportar contratos de mayor volumen y plazos de pago exigentes. “Hay un desafío de escala. La demanda es rápida. Estar listo y tener certificaciones va a ser clave y poder dar un salto de escala”, explicó Francisco Abramovich, economista de la UIA.
Para una pyme, ese proceso puede ser complejo puesto que ingresar a una cadena minera implica muchas veces contratar personal técnico, invertir en equipamiento, desarrollar ingeniería específica y atravesar procesos de homologación que pueden demandar años.
Por eso, una de las conclusiones fue que que el proveedor no puede limitarse a ofrecer un producto estándar, sino que en muchos casos debe desarrollar una solución a medida, comprender el proceso productivo de la mina y establecer un vínculo técnico con sus equipos de compras e ingeniería.
“La inserción de proveedores no es automática por dinámica de mercado. La experiencia internacional muestra que se necesitan mecanismos de articulación entre oferta y demanda, formación de talento y políticas que reduzcan las barreras de entrada”, advirtió Bril Mascarenhas.
La escala también puede ser un problema
Uno de los desafíos identificados es que la industria argentina puede tener capacidades suficientes para abastecer determinados bienes y servicios, pero no necesariamente la capacidad para responder simultáneamente a varios grandes proyectos en construcción. Esto puede ocurrir en lo que refiere al movimiento de suelos, montajes, logística y determinados servicios de ingeniería.
En el encuentro, distintos representantes del sector destacaron la posibilidad de generar alianzas entre proveedores para abordar contratos de mayor tamaño y compartir capacidades, tecnología y conocimiento. Se tomó como ejemplo la experiencia de Catamarca respecto a la experiencia de las uniones transitorias de empresas (UTE) como una alternativa para resolver problemas de escala.
“Una compañía en etapa de construcción tiene unos volúmenes altísimos de demanda y ahí necesitamos la alianza de empresas para hacer acompañamiento”, señaló Manuel Gómez Bello, presidente de la Cámara de Proveedores Mineros de Catamarca y de la Federación Argentina de Proveedores Mineros.
La distancia también pesa
Los estudios demostraron que las empresas organizan sus compras a través de distintos anillos geográficos. Primero aparecen las comunidades y localidades cercanas al proyecto; luego el resto de la provincia en las que están; después los proveedores del resto del país y finalmente los proveedores internacionales.
La cercanía tiene una explicación económica ya que en bienes voluminosos o pesados, el costo logístico puede determinar la competitividad de un proveedor. Pero también genera un desafío para la industria argentina, cuya capacidad industrial está concentrada en buena medida lejos de los grandes proyectos mineros.
Desde la Cámara Minera de Catamarca, Abás Tanus Mafud, presidente de Minera del Altiplano, destacó tres desafíos centrales: escala, formación y financiamiento. La misma preocupación apareció entre los representantes de los proveedores. Manuel Benítez, presidente de la Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN), señaló que la llegada de nuevos proyectos supone una oportunidad mucho mayor que la que tuvo el país durante la etapa de Bajo La Alumbrera, pero también exige fortalecer toda la cadena. “Los proveedores no sólo les venden a las mineras. Debemos vendernos entre nosotros”, sostuvo.
Financiamiento y coordinación, las dos piezas que faltan
El salto de escala requiere inversión. No obstante, para muchas pymes, el acceso al capital de trabajo aparece como una de las principales restricciones. Durante el encuentro, el secretario general del CFI, Ignacio Lamothe, destacó que la minería y el Oil&Gas se están convirtiendo en nuevos motores productivos junto con el agro y anunció que las provincias de la Mesa del Litio avanzan con fondos de garantía destinados a acompañar a las empresas proveedoras.
La estrategia también incluye asistencia técnica, capacitación y articulación entre empresas. El programa ProPymes, presentado por Alejandro Wagner, director de ProPymes de Ternium Argentina, mostró una experiencia de este tipo con asistencia técnica, diagnósticos de empresas, capacitación, vinculación con escuelas técnicas y acompañamiento para que las PyMEs puedan adaptar sus procesos a las nuevas demandas.
“Todo lo que se pueda hacer en Argentina hay que hacerlo”, sostuvo Wagner, quien remarcó que la metalmecánica argentina tiene capacidades para atender una parte importante de la nueva demanda.

, Loana Tejero





0 comments
Write a comment