
Budapest, Hungría — Mientras una leve caída de temperatura da un respiro a los ciudadanos y turistas que recorren las principales capitales de Europa después de un verano marcado por sucesivas olas de calor, la próxima llegada del frío vuelve a dirigir la atención hacia las reservas de gas con las que el continente enfrentará el invierno 2026/27.
Según la base de datos de Gas Infrastructure Europe (GIE), la Unión Europea llegó a septiembre con sus depósitos de gas en torno al 66%, el nivel más bajo registrado para esta altura en 15 años.
¿Cómo llegó Europa a esta situación?
El fenómeno tiene varias aristas, una de ellas el invierno 2025/26. Una temporada más fría de lo habitual y un mayor uso del gas para calefacción y generación eléctrica llevaron a una fuerte extracción de los depósitos, que terminaron la temporada invernal por debajo del 30%, cerca de mínimos de nueve años, según el reporte de la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER).
La temporada de verano tampoco fue favorable. Las sucesivas olas de calor afectaron la generación de energía hidráulica y nuclear en algunos mercados, aumentando la demanda de generación de energía a gas (34% interanual durante la ola de calor de fines de junio, según Kpler), precisamente durante los meses en los que Europa necesitaba acelerar las inyecciones en almacenamiento.
A ese escenario se sumó la disrupción de la oferta de GNL proveniente de Qatar, en medio de la escalada del conflicto en el Golfo Pérsico. La menor disponibilidad de cargamentos cataríes incrementó la competencia por el GNL y elevó la volatilidad de los precios europeos.
Por qué 2026 no es 2022
A pesar del bajo nivel de almacenamiento, Bruselas insiste en que la situación actual es sustancialmente distinta de la crisis energética que atravesó Europa después de la invasión rusa de Ucrania.
Desde 2022, la Unión Europea redujo de forma significativa su dependencia del gas ruso, cayendo desde alrededor del 40% en 2021 hasta el 12% en 2025. Al mismo tiempo, Europa incrementó las compras de GNL -principalmente desde Estados Unidos- y reforzó las importaciones por gasoducto desde proveedores como Noruega. La estrategia forma parte de REPowerEU, el plan europeo para eliminar progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles rusos.
Ese cambio estructural es el principal argumento de la Comisión Europea para relativizar el riesgo asociado a los bajos inventarios. “Si bien la situación en los mercados energéticos mundiales sigue siendo excepcional y requiere una estrecha vigilancia, también difiere significativamente de la de 2021/2022. Hoy, la UE está mejor preparada gracias a una mayor diversificación, una mayor capacidad de importación de GNL y una menor demanda de gas [en comparación de los niveles previos a la crisis energética de 2022]”, afirmó el Grupo de Coordinación del Gas.
ENTSOG, la asociación consultada por EconoJournal que agrupa a los operadores europeos de los sistemas de transporte de gas, también afirmó que “la infraestructura gasista europea existente sigue siendo lo suficientemente flexible”.
“La capacidad europea de regasificación de GNL asciende a aproximadamente 1.600 TWh por temporada de invierno (unos 145 bcm), lo que aporta una flexibilidad considerable en la capacidad de importación; esto permite compensar parcialmente unos niveles de almacenamiento más bajos al inicio de la temporada de extracción y respalda la capacidad del sistema gasista para satisfacer la demanda invernal”, explicaron a partir de su informe “Perspectiva de suministro para el verano de 2026”.
Aunque advierten: “Desde la perspectiva de la seguridad del suministro, sería importante inyectar gas durante la temporada de verano y mantener el almacenamiento en un nivel adecuado hasta el final del invierno”.
Menor margen de error para el invierno europeo
Si bien por sí mismos los bajos niveles de almacenamiento no presentan un riesgo inminente en la provisión de gas, sí “pueden tener un impacto negativo sobre la flexibilidad del sistema gasífero y sobre los precios, especialmente durante episodios de alta demanda”, señaló ENTSOG. A este punto de partida, también podría sumarse una conjunción de factores, entre ellos el clima frío, la débil energía renovable y el suministro limitado de GNL.
Un invierno más frío de lo habitual elevaría la demanda para calefacción y aceleraría las extracciones de los depósitos, especialmente sensibles este año por el menor colchón con el que Europa comenzará la temporada. Es decir, se repetiría la problemática del invierno 2025/26 pero con alrededor de 12 puntos porcentuales menos de almacenamiento para esta misma época del año.
A la temperatura se suma el comportamiento del sistema eléctrico. Los episodios conocidos como Dunkelflaute -períodos con poco viento y baja generación solar- pueden incrementar la utilización de centrales térmicas a gas, elevando la demanda precisamente durante los meses de mayores extracciones de los almacenamientos.
Europa también queda especialmente expuesta a los shocks internacionales, más allá de su capacidad de reemplazar el gas ruso. Según Trading Economics, “los precios europeos del gas natural subieron un 5% hasta los 84 €/MWh este lunes, el nivel más alto desde diciembre de 2022, mientras persisten las tensiones en Oriente Medio”.
Según datos de ACER, Qatar aportó alrededor del 7% del GNL importado por la Unión Europea durante el último invierno, equivalente a cerca del 4% de sus importaciones totales de gas. Aunque su participación relativa es limitada, una interrupción prolongada podría endurecer el mercado global de GNL y obligar a Europa a competir con Asia, justo cuando Europa debería acelerar su inyección de gas.
ACER advirtió que, si la producción catarí permaneciera restringida durante el invierno, la competencia por el GNL podría convertirse en uno de los principales factores de presión sobre los precios europeos.
La situación plantea una paradoja para el Viejo Continente: Europa cuenta hoy con más infraestructura, más proveedores y una menor dependencia de Rusia que durante la crisis de 2022, pero llega al invierno con bajos niveles de almacenamiento, menor margen de error y una mayor exposición al mercado internacional de GNL.
, Carla Mastroianni





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