La crisis de abastecimiento en el norte argentino volvió a exponer un problema que Daniel Montamat viene señalando desde hace años: la Argentina no enfrenta una escasez de gas, sino una escasez de infraestructura capaz de trasladarlo desde Vaca Muerta hacia las regiones que lo necesitan.

El exsecretario de Energía, exdirector de Gas del Estado y expresidente de YPF trazó un diagnóstico preciso sobre la situación del NOA y sobre las limitaciones que hoy condicionan al sistema energético nacional.

Montamat explicó que, pese a las obras de reversión del Gasoducto Norte, el abastecimiento sigue siendo endeble porque los trabajos no están terminados. Señaló que faltan plantas de compresión y que la tercera etapa, destinada a habilitar envíos hacia Brasil utilizando capacidad ociosa en Bolivia, recién estaría disponible el próximo invierno.

También advirtió que se necesitan gasoductos de conexión entre Vaca Muerta y La Carlota para que el gas neuquino pueda subir con volúmenes suficientes por el sistema revertido. En los últimos días, Bolivia aportó alrededor de 1,9 millones de metros cúbicos diarios como compensación temporal, pero el problema estructural persiste.

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El exsecretario de Energía remarcó que las reservas de Vaca Muerta alcanzan para abastecer el mercado interno, el regional y los proyectos de exportación, pero que la infraestructura no acompaña ese potencial.

Subrayó además que la Argentina enfrenta una estacionalidad extrema en el consumo residencial: la demanda promedio es de 25 millones de metros cúbicos diarios y en los días más fríos del invierno supera los 90 millones, cuadruplicando el consumo y desplazando a industrias y estaciones de GNC.

Para Montamat, la forma de resolver ese pico es desarrollar la cadena de almacenamiento criogénico, el “peak shaving”, que permite comprar gas barato en verano, almacenarlo y reinyectarlo en invierno. Hoy solo existe una planta construida en los años noventa y la falta de infraestructura obliga a recurrir a importaciones de GNL a precios muy superiores a los del gas nacional.

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El impacto sobre la industria es directo. Montamat detalló que las empresas que pagaban 4,5 dólares el millón de BTU ahora deben afrontar valores superiores a 18 dólares por el GNL importado. En este contexto, mencionó dos alternativas: pagar la mitad del costo y financiar el resto, como propone la Unión Industrial, o migrar temporalmente a combustibles líquidos como el fuel oil, que ronda entre 12 y 14 dólares el millón de BTU.

El diagnóstico también abarca al sistema eléctrico, que Montamat considera el sector más descapitalizado del país. Observó problemas en generación, transporte y distribución, y sostuvo que sin una reconstitución de la industria eléctrica, la abundancia de gas no puede traducirse en electricidad accesible para hogares y sectores productivos.

En materia de subsidios, defendió la focalización y cuestionó los esquemas cruzados como el régimen de zonas frías, al que calificó como distorsivo y ajeno a criterios técnicos.

Sobre la política energética nacional, Montamat afirmó que el rumbo es correcto y que se están recomponiendo señales de precios y reglas de largo plazo, pero advirtió que la inversión privada es indispensable y que sin infraestructura y capitalización eléctrica, las dificultades del sistema continuarán.

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Señaló que la Argentina ya es un país exportador de energía y que eso mejora la balanza comercial, pero que el desafío es sostener ese proceso con obras y reglas estables.

La lectura técnica de Runrún confirma y amplía ese diagnóstico. La crisis del NOA no es un episodio aislado, sino la manifestación más visible de un problema estructural: la infraestructura argentina quedó desfasada respecto del crecimiento de Vaca Muerta.

La producción avanza más rápido que la capacidad de transporte, el país carece de almacenamiento para gestionar la estacionalidad y la descapitalización eléctrica impide transformar gas abundante en energía competitiva.

Sin un shock de inversión en gasoductos, compresión, plantas de tratamiento, almacenamiento y redes eléctricas, la Argentina seguirá dependiendo de GNL caro en invierno y enfrentando tensiones en regiones industriales como Salta, Jujuy y Tucumán.

La crisis del norte es, en definitiva, la advertencia de que la abundancia energética no se convierte automáticamente en desarrollo. Montamat lo plantea con claridad desde su experiencia en la gestión pública y en la industria: el gas está, pero sin obras, reglas y capitalización, no llega a quienes lo necesitan. La transición energética argentina se juega en esa frontera.

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