
En 2025, la quema de gas natural en antorchas -práctica conocida internacionalmente como flaring- aumentó en el mundo por tercer año consecutivo, alcanzando los 167.000 millones de metros cúbicos (bcm) y potenciando el impacto ambiental. Este volumen representó el nivel más alto registrado en el planeta desde 2019, lo que encendió las alarmas entre los especialistas en transición energética y cambio climático.
Así se desprende del informe anual Global Gas Flaring Tracker, publicado por el Banco Mundial. «El venteo global de gas aumentó por tercer año consecutivo en 2025, alcanzando los 167.000 millones de metros cúbicos. La cifra representa un máximo en seis años y equivale a unos US$54.000 millones en gas desperdiciado que de otro modo podría haberse utilizado para generar electricidad, apoyar a la industria y fortalecer la seguridad energética», destacó el documento.
Según el documento elaborado junto al Instituto Payne de la Escuela de Minas de Colorado, «la escala del desperdicio es significativa. La cantidad de gas venteado el año pasado fue casi equivalente al consumo anual de gas de África y superó el volumen de gas natural licuado que transitó por el Golfo Pérsico durante el mismo período». Asimismo, la cifra equivalió al consumo anual completo de todo el continente africano».
Los expertos del organismo internacional remarcaron que esta quema masiva persiste mientras numerosas naciones padecen severas crisis de suministro energético. El aprovechamiento del fluido disipado en la atmósfera permitiría fortalecer la seguridad energética global, generar electricidad confiable en las regiones más vulnerables y dinamizar actividades industriales para la creación de empleo.
La contradicción entre el venteo y la importación de gas

«Para muchas economías en desarrollo, esto representa una contradicción. Varios países continúan importando gas natural costoso mientras simultáneamente ventean cantidades sustanciales de recursos de gas doméstico en los campos petroleros», resaltó el Banco Mundial. No obstante, la falta de acción coordinada posterga la implementación de estas soluciones elementales.
Eliminar la quema rutinaria a nivel global demandaría una inversión inicial de entre US$70.000 y US$100.000 millones, una cifra que es menos del doble del valor anual del gas que se desperdicia actualmente. Los analistas indicaron que las barreras actuales no son de carácter tecnológico, dado que las herramientas de captura y procesamiento ya existen y están consolidadas en el mercado.
De hecho, el documento recalca que «las tecnologías de captura de gas, los sistemas de procesamiento y los mecanismos de financiamiento están ampliamente disponibles. El verdadero obstáculo radica en fallas de tipo estructural, regulaciones deficientes, falta de infraestructura comercial y la ausencia de prioridad por parte de gobiernos y operadores».
El BM sentenció que la concentración de esta práctica nociva se mantiene en un grupo reducido de naciones petroleras. Asi, se identificó que nueve países, Rusia, Irán, Irak, Venezuela, México, Libia, Argelia, Nigeria y Estados Unidos, concentraron más de las cuatro quintas partes del flaring mundial en 2025, a pesar de representar menos de la mitad de la producción global de crudo. Entre ellos, el incremento estuvo traccionado por un mayor volumen de quema en Rusia, Libia y México.
El informe destaca que Estados Unidos vio disminuir sus volúmenes de venteo en 2025, a pesar de que la producción de petróleo aumentó un 3% el año pasado. Las cantidades e intensidad del venteo disminuyeron un 13% y un 15%, respectivamente, en la cuenca Pérmica. Por su parte, Kazajistán redujo sus niveles de flaring en un 87% desde 2012, consolidando una baja adicional del 16% el año pasado por la aplicación de marcos regulatorios estrictos y un liderazgo comprometido.
¿Qué ocurre en Argentina respecto del venteo de gas?
En este complejo escenario internacional de retroceso, la Argentina se posicionó como uno de los pocos casos destacados de mejora sostenida en la materia. El documento del organismo describe este proceso: «La situación en la Argentina se vio aliviada por nuevos gasoductos y desarrollos en el procesamiento de gas, y la intensidad del venteo disminuyó de manera constante, con una notable disminución tanto en las cantidades como en la intensidad del venteo en 2025″.
Estas obras de infraestructura de transporte, se explicó, aliviaron los cuellos de botella operativos que antes forzaban la quema del gas asociado a la extracción de crudo, especialmente en los yacimientos no convencionales de Vaca Muerta. La ampliación de la capacidad de evacuación resultó determinante para capturar el recurso de manera productiva en el mercado interno.
El impacto del venteo y la quema en antorchas va más allá del plano económico, afectando severamente el entorno ambiental mediante la liberación de gases de efecto invernadero. En 2025, esta práctica generó un total de 429 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente a nivel mundial. De ese total, 50 millones provinieron del metano no quemado debido a una combustión incompleta, un componente con un poder de calentamiento global muy superior al del CO2 convencional.
Para revertir la tendencia global hacia la meta de «Quema Rutinaria Cero para 2030«, la dirección del Banco Mundial subrayó la urgencia de aplicar un liderazgo firme y un cambio de prioridades en la gobernanza corporativa y estatal.
El caso de la Argentina y de otros países reformistas demostró que «la combinación de inversiones dirigidas y controles efectivos genera resultados concretos. Evitar el derroche de miles de millones de dólares y mitigar la inseguridad energética requiere transformar de inmediato los compromisos políticos en obras reales sobre el terreno», enfatizó el extenso documento de reciente publicación.
, Ignacio Ortiz





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