Fernando Monteverde, vicepresidente para Sudamérica de Siemens Energy.

Por Fernando Monteverde (*)

En un mundo que avanza a una velocidad sin precedentes, impulsado por la digitalización, la inteligencia artificial y la automatización industrial, existe un factor que hoy determina qué países pueden competir globalmente y cuáles corren el riesgo de quedar rezagados: la energía. Ya no es un insumo más dentro de la matriz productiva, sino la base sobre la que se construyen la productividad, la innovación y el crecimiento económico.

Sin embargo, hay un elemento clave que aún permanece fuera del centro del debate: la infraestructura eléctrica. Es que, sin redes modernas, confiables y resilientes, ninguna estrategia de desarrollo, por ambiciosa que sea, podrá convertirse en realidad.

La expansión de industrias basadas en datos, minería de nueva generación, manufactura avanzada y centros de procesamiento de IA exige un suministro eléctrico estable y continuo. Las empresas ya no necesitan solo energía: necesitan calidad, previsibilidad y eficiencia. Esto obliga al país a repensar no solo cómo genera la energía, sino, sobre todo, cómo la transporta y la gestiona.

La electrificación es hoy el camino más directo hacia sistemas energéticos de bajas emisiones. Pero para avanzar hacia ese futuro, Argentina debe contar con redes de transmisión capaces de integrar energías renovables, soportar nuevas cargas y acompañar el crecimiento productivo en todo el territorio, especialmente en las zonas donde se concentran sus mayores oportunidades.

La importancia de la red eléctrica para atraer capitales

El país cuenta con una combinación excepcional de recursos energéticos y naturales: gas como energía de transición, abundante viento patagónico, irradiación solar de clase mundial y reservas estratégicas de minerales críticos. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) constituye hoy un instrumento para atraer capital hacia sectores industriales, energéticos y mineros.

Pero existe un punto determinante: las inversiones no se concretarán si la red eléctrica no tiene la capacidad y la modernización necesarias para sostenerlas.

Muchas de las regiones con mayor potencial productivo están alejadas de los grandes centros urbanos, dependen de líneas que requieren ampliación y modernización, y necesitan infraestructura preparada para un crecimiento acelerado de la demanda.

En concreto, la red eléctrica es la infraestructura crítica que permite que todo lo demás funcione. Cuando se la moderniza, se reducen pérdidas, aumenta la eficiencia operativa, se mejora la estabilidad del suministro, se evitan interrupciones costosas y se optimizan los recursos del sistema.

La digitalización, sensores inteligentes, automatización, análisis predictivo, permite anticipar fallas, operar con mayor seguridad y dar confiabilidad al sistema energético, un requisito que hoy define decisiones de inversión en todos los sectores productivos.

El peso de la infraestructura eléctrica en un nuevo esquema de energía

Las turbinas de Siemens Energy operarán en 2030 con un 100% de hidrógeno verde.

Durante décadas, la energía siguió un camino unidireccional: del generador al consumidor. Ese esquema ya no existe. Hoy, industrias, pymes y nuevos actores tecnológicos pueden generar parte de su propia energía, gestionar su demanda e incluso inyectar excedentes a la red.

Este nuevo modelo, más flexible, más dinámico, más inteligente, solo es posible con redes preparadas para manejar flujos bidireccionales y operaciones más complejas sin comprometer la seguridad del suministro.

No hay una única solución tecnológica capaz de resolverlo todo. La transición energética es un proceso gradual que requiere equilibrio entre confiabilidad, asequibilidad y sostenibilidad. Las innovaciones tecnológicas avanzan hacia ese objetivo.

Las turbinas de Siemens Energy, por ejemplo, ya pueden operar con un 75% de hidrógeno verde y se están preparando para alcanzar el 100% antes de 2030, demostrando que la transición no implica un reemplazo inmediato, sino una transformación progresiva que mantiene la estabilidad del sistema.

Argentina tiene una oportunidad histórica para reposicionarse en la economía global y potenciar su desarrollo industrial. Pero esa oportunidad solo podrá materializarse si cuenta con una red de transmisión moderna, digital, robusta y confiable. Invertir en infraestructura energética no es una decisión técnica: es una decisión estratégica, con impacto en la competitividad, la atracción de inversiones, la generación de empleo y el desarrollo sostenible.

La Argentina tiene el potencial. La infraestructura energética es el puente que permitirá convertirlo en crecimiento real.

(*) Vicepresidente para Sudamérica de Siemens Energy.

, Fernando Monteverde