La actividad petroquímica volvió a ubicarse entre los pocos segmentos industriales con variación positiva en un contexto de caída generalizada de la producción manufacturera. Según el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) del INDEC correspondiente a febrero de 2026, la industria en su conjunto retrocedió 8,7% interanual, con 14 de las 16 divisiones en terreno negativo.

En contraste, la refinación del petróleo y la producción de insumos derivados —dos ramas directamente vinculadas al desarrollo del shale en la cuenca Neuquina— registraron incrementos significativos que amortiguaron la contracción del índice general.

La división “Refinación del petróleo, coque y combustible nuclear” mostró un crecimiento interanual del 19,7% y acumuló un alza del 9,9% en el primer bimestre del año. Dentro de ese agregado, el gasoil aumentó 23,8% interanual, las naftas 10,8% y otros productos de la refinación —como propano, butano y lubricantes— 27,3%, de acuerdo con los cuadros técnicos del organismo estadístico.

La expansión se explica por una mayor disponibilidad de crudo no convencional y por la mayor utilización de capacidad instalada en plantas que procesan petróleo de Vaca Muerta.

El desempeño de la petroquímica acompaña esta dinámica. La producción de insumos básicos —etileno, propileno, aromáticos y derivados— se vio favorecida por la mayor oferta de gas y líquidos asociados provenientes del shale, que permiten operar con costos más competitivos y sostener niveles de actividad incluso en un contexto de demanda interna debilitada.

La Secretaría de Energía reportó que la producción de petróleo en la cuenca Neuquina creció más de 30% interanual, mientras que el gas no convencional mantiene una participación superior al 60% del total nacional. Ese flujo de materia prima es hoy el principal determinante del comportamiento del complejo petroquímico.

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El contraste con el resto de la industria es marcado. Sectores como metalmecánica, textiles, calzado, muebles y automotriz registraron caídas de dos dígitos, afectadas por la contracción del consumo, la baja en la inversión y la desaceleración de la obra pública. En ese escenario, la petroquímica y la refinación se consolidan como núcleos de actividad asociados a la expansión energética, más que al ciclo industrial tradicional.

La dinámica regional también muestra diferencias. Mientras los polos industriales del centro del país operan con niveles reducidos de actividad, la Patagonia —particularmente Neuquén y Río Negro— exhibe indicadores positivos vinculados a la cadena de valor del shale. El crecimiento de la producción de crudo y gas, la mayor demanda de servicios industriales asociados y la expansión de la capacidad de transporte generan un entorno donde la petroquímica encuentra condiciones para sostener su operación.

El comportamiento del sector abre un debate sobre la estructura productiva y la dependencia creciente de la economía respecto de la energía como motor de actividad. La petroquímica se beneficia de un insumo competitivo y de un mercado externo que demanda productos intermedios, pero enfrenta desafíos vinculados a la volatilidad de precios internacionales, la necesidad de inversiones en ampliación de capacidad y la coordinación con la infraestructura energética en desarrollo.

En un año donde la industria manufacturera opera en recesión, la petroquímica emerge como uno de los pocos segmentos con crecimiento sostenido, impulsado por la expansión del shale y por la mayor disponibilidad de insumos básicos. Su desempeño confirma que la energía continúa siendo el principal vector de actividad en un contexto económico adverso y que la articulación entre producción de hidrocarburos y manufactura de derivados será determinante para el perfil industrial de los próximos años.

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