Jorge de Zavaleta, director ejecutivo de la CIQyP®

La expansión de Vaca Muerta no solo está modificando el mapa energético argentino. También abre una oportunidad para industrias que pueden utilizar el gas y sus derivados como materia prima para producir bienes de mayor valor agregado y ampliar el ingreso de divisas por exportaciones. En ese escenario, la industria química y petroquímica busca ser uno de los sectores capaces de capturar parte de ese potencial.

La Cámara de la Industria Química y Petroquímica (CIQyP) sostiene que el desarrollo de la formación no convencional y la ampliación de la infraestructura de transporte pueden dar lugar a una nueva etapa de inversiones, a la que denomina la “Quinta Ola” petroquímica.

El planteo cobra relevancia en el marco del Día de la Petroquímica en Argentina, que se conmemora cada 26 de agosto en recuerdo de la inauguración en 1950 de una planta destinada a producir tolueno sintético en Campana, provincia de Buenos Aires. A 76 años de aquel hito, el sector busca proyectar una nueva fase de crecimiento apoyada en la disponibilidad de gas no convencional.

Según datos difundidos por la CIQyP, la industria petroquímica representa el 4,2% del PBI argentino, explica cerca del 19% de las exportaciones manufactureras y sostiene más de 70.000 empleos directos y 280.000 indirectos. La cadena productiva tiene presencia en ocho polos industriales y está integrada en más de un 70% por pequeñas y medianas empresas.

El gas de Vaca Muerta como materia prima industrial

La composición del gas de Vaca Muerta es uno de los principales ejes sobre los que se proyecta la «Quinta Ola» de desarrollo para la petroquímica.

Uno de los principales argumentos del sector está vinculado con la composición del gas de Vaca Muerta. A diferencia de buena parte del gas convencional, el recurso producido en la formación neuquina presenta una elevada concentración de Líquidos del Gas Natural (LGN), entre ellos etano, propano, butano y gasolina natural.

La disponibilidad de estos componentes puede resultar estratégica para ampliar la producción local de insumos petroquímicos. Entre las cadenas con potencial de expansión aparecen el etileno y polietileno, propileno, metanol, amoníaco y urea, además de distintos fertilizantes y materiales utilizados por múltiples ramas industriales.

La apuesta del sector consiste en avanzar un paso más allá de la producción y exportación de hidrocarburos y utilizar parte de esa materia prima para desarrollar cadenas industriales que permitan capturar mayor valor dentro del país.

“La química y la petroquímica no solo transforman materia prima; también transforman las posibilidades de desarrollo de la Argentina”, señaló Jorge de Zavaleta, director ejecutivo de la CIQyP.

Según el directivo, la disponibilidad de gas no convencional y el avance de la infraestructura de transporte colocan al país ante una oportunidad para desarrollar una nueva etapa de la industria. El desafío pasa por transformar los recursos de Vaca Muerta en fertilizantes, materiales plásticos y otros productos de mayor valor agregado, tanto para abastecer al mercado interno como para competir en el exterior.

De Campana a Vaca Muerta: las distintas etapas de expansión

La denominada “Quinta Ola” busca inscribirse en una historia de expansión que comenzó a mediados del siglo XX. El desarrollo de la petroquímica argentina atravesó distintas etapas, desde los primeros emprendimientos en Campana durante las décadas de 1940 y 1950, pasando por la promoción industrial de los años 60 y la consolidación de los polos de Ensenada y Bahía Blanca durante las décadas de 1970 y 1980.

Una nueva fase de inversiones se produjo durante los años 90 y comienzos de los 2000, con proyectos concentrados principalmente en Bahía Blanca, Ensenada y Luján de Cuyo.

Ahora, el sector identifica en Vaca Muerta la posibilidad de iniciar un nuevo ciclo. El foco estaría puesto no solo en cubrir eventuales déficits de productos petroquímicos en el mercado argentino, sino también en desarrollar capacidad exportadora.

Para que ese escenario se concrete, la industria plantea una serie de condiciones: estabilidad regulatoria, infraestructura de transporte y logística, acceso a financiamiento y desarrollo de proveedores y cadenas de valor locales.

La infraestructura aparece como uno de los principales puntos de conexión entre el desarrollo energético y el industrial. El crecimiento de la producción de gas y petróleo de Vaca Muerta requiere ampliar la capacidad de evacuación y transporte, pero también generar las condiciones para que una mayor disponibilidad de moléculas pueda ser aprovechada por industrias instaladas en el país.

El desafío de competir en los mercados internacionales

Neuquén estimó una deuda de infraestructura de 4.000 millones de dólares.
La infraestructura logística deberá ser capaz de conectar los polos productivos con los mercado de destino.

El salto hacia una petroquímica exportadora también plantea desafíos de escala y competitividad. Los proyectos de producción de insumos como etileno, polietileno, metanol, amoníaco o urea requieren inversiones de largo plazo y una disponibilidad sostenida de materia prima.

A esto se suma la necesidad de contar con infraestructura logística capaz de conectar los polos productivos con los mercados de destino y con mecanismos de financiamiento que permitan desarrollar proyectos industriales de gran escala.

En paralelo, las exigencias ambientales de los mercados internacionales obligan a incorporar criterios de sostenibilidad en los nuevos desarrollos. En ese punto, la CIQyP destaca el Programa de Cuidado Responsable del Medio Ambiente, una iniciativa voluntaria orientada a la gestión de riesgos, seguridad, salud ocupacional, economía circular y protección ambiental.

La industria sostiene que la combinación entre disponibilidad de recursos, infraestructura, inversión y desarrollo tecnológico será determinante para transformar el crecimiento de Vaca Muerta en una plataforma de industrialización.

, Redaccion EconoJournal