La consultora noruega Rystad Energy, una de las principales referencias globales en análisis de mercados energéticos, identificó a la Argentina como uno de los cinco países con mayor potencial de crecimiento en la oferta mundial de hidrocarburos para la próxima década, junto con Brasil, Guyana, Estados Unidos y Canadá.

La evaluación se apoya en un escenario de precios del petróleo que, aun con una eventual normalización geopolítica en Medio Oriente, se mantendrían por encima de los 80 dólares por barril debido a la necesidad de recomponer inventarios globales, que se encuentran un 20% por debajo de los niveles históricos. Este contexto favorece el desarrollo de plays no convencionales y offshore, segmentos donde la Argentina posee recursos de escala internacional.

Rystad sostiene que el crecimiento de la oferta global provendrá casi exclusivamente del shale y de proyectos offshore en el Atlántico, dado que la OPEP perdió capacidad incremental relevante. En ese marco, la Argentina aparece como un “swing country” para la expansión de la producción mundial, con un potencial que permitiría alcanzar 1,5 millones de barriles diarios de petróleo en un horizonte de cinco a diez años.

Si se incorporan los líquidos de gas natural, la producción total podría acercarse a los dos millones de barriles equivalentes por día, volumen que posicionaría al país entre los diez principales productores del mundo. La materialización de ese escenario depende de la continuidad de precios altos, la disponibilidad de capital y la capacidad de ejecutar programas de perforación a gran escala.

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El análisis de Rystad destaca que la ventana de oportunidad para el gas natural licuado (GNL) también se encuentra abierta, aunque condicionada por la infraestructura. La consultora proyecta un período de sobreoferta global en los próximos cinco años debido a la entrada en operación de proyectos en Estados Unidos y Qatar, pero anticipa un déficit estructural hacia 2030 que podría impulsar los precios a niveles de entre 15 y 20 dólares por millón de BTU.

Para capturar esa demanda futura, la Argentina necesita definir en los próximos dos o tres años un marco económico estable y un plan de infraestructura que incluya gasoductos hacia la costa y capacidad de licuefacción. La oportunidad existe, pero requiere decisiones anticipadas para alinearse con el próximo ciclo inversor global.

En relación con el offshore, Rystad considera que el potencial argentino permanece vigente pese al resultado negativo del primer pozo exploratorio en aguas profundas. La plataforma continental del país es extensa y comparable en escala con otras regiones que demandaron múltiples perforaciones antes de obtener descubrimientos comerciales.

La consultora señala que, con precios altos y un entorno geopolítico incierto, las compañías internacionales tenderán a mantener la exploración en cuencas de frontera. El horizonte temporal para un desarrollo offshore argentino se ubica en torno a los diez años, condicionado por la continuidad de la actividad exploratoria y la evolución de los mercados internacionales.

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El informe también incorpora la transición energética como un vector de oportunidad. La Argentina posee recursos relevantes en litio, energía solar y eólica, además de una geografía favorable para el desarrollo de proyectos de hidrógeno y almacenamiento. Rystad identifica que la combinación de recursos fósiles y renovables permite al país diversificar su matriz de crecimiento y atraer inversiones en múltiples segmentos de la cadena energética.

La condición para capturar ese potencial es la definición de marcos regulatorios estables y la coordinación entre políticas de hidrocarburos y políticas de transición.

Otro eje del análisis es el rol del contenido local. Rystad sostiene que la integración de proveedores nacionales es un componente crítico para maximizar el impacto económico de los desarrollos energéticos. La consultora observa que la actividad onshore argentina ya genera un ecosistema de servicios con capacidad de expansión, similar al de otras regiones productoras.

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Sin embargo, advierte que la ausencia de reglas claras puede derivar en una dependencia excesiva de importaciones, lo que reduce el efecto multiplicador de la inversión. La recomendación es establecer mecanismos que equilibren competitividad, desarrollo industrial y eficiencia operativa.

En materia de inversión, Rystad identifica un cambio en el clima internacional hacia la Argentina, impulsado por la expectativa de estabilidad macroeconómica y por la magnitud de los recursos disponibles.

La consultora señala que, en un contexto de precios altos y necesidad global de nueva oferta, los países con proyectos competitivos y marcos regulatorios previsibles captarán la mayor parte del capital disponible. La Argentina se encuentra en esa categoría, pero su capacidad de atraer inversiones dependerá de la continuidad de políticas orientadas a reducir incertidumbre y facilitar la planificación de largo plazo.

El análisis concluye que la Argentina enfrenta una década decisiva. La combinación de precios internacionales favorables, recursos de escala global y demanda creciente de hidrocarburos y minerales críticos configura un escenario de oportunidad.

Sin embargo, la materialización de ese potencial requiere resolver cuellos de botella en infraestructura, definir marcos regulatorios estables y coordinar políticas que integren hidrocarburos, GNL, offshore y transición energética.

La ventana está abierta, pero su aprovechamiento dependerá de la capacidad del país para sostener condiciones que permitan ejecutar inversiones de largo plazo en un entorno global competitivo.

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