El sector hidrocarburífero presentó sus proyecciones hacia 2035 y ubicó a Vaca Muerta en el centro del mapa energético nacional. El informe técnico que circula entre operadoras y consultoras plantea un escenario en el que la cuenca neuquina deja de ser un proyecto de autoabastecimiento y pasa a consolidarse como plataforma exportadora, con un crecimiento sostenido en petróleo y gas y un rol decisivo de la infraestructura.
La producción de petróleo alcanzó en 2026 los 890.000 barriles diarios, un nivel que supera el declino histórico y se encamina a romper el récord de fines de los 90. En gas, la actividad llegó a 161 millones de metros cúbicos por día, el registro más alto en dos décadas.
Este salto permitió revertir la balanza energética: del déficit de USD 4.300 millones en 2022 se pasó a un superávit cercano a USD 7.800 millones, con un aporte acumulado de USD 12.000 millones en tres años.
El informe también destaca la caída de los subsidios energéticos, que promediaron 1,7% del PBI durante la última década y bajaron a 0,6% en 2025, impulsados por la mayor producción local y la menor dependencia del GNL importado.
El eje de la expansión futura es el GNL. El escenario moderado prevé dos buques de licuefacción en el Golfo San Matías entre 2027 y 2028, con una capacidad conjunta de 5,95 MTPA y un gasoducto dedicado de 27 millones de metros cúbicos diarios desde Tratayén.
El escenario expansivo proyecta 24 MTPA hacia 2030 y gasoductos por 85 millones de metros cúbicos diarios, un salto que exige financiamiento de gran escala.
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La infraestructura aparece como el factor decisivo. Para sostener un crecimiento del 5% anual se requiere la puesta en marcha del oleoducto Vaca Muerta Sur —que aportará 550.000 barriles diarios en 2026—, el refuerzo de las exportaciones a Chile y la ampliación del sistema de transporte de gas.
El escenario de mayor desarrollo adelanta obras clave, como el tramo Tratayén–La Carlota, y eleva la capacidad del oleoducto a 700.000 barriles diarios.
El informe advierte que las cuencas convencionales siguen siendo necesarias para equilibrar el sistema: aportan empleo, sostienen producción madura y proveen el crudo pesado que las refinerías necesitan y que el shale no genera.
Los escenarios hacia 2035 plantean un sector que podría alcanzar 1,6 millones de barriles diarios de petróleo, un aumento del 75% en gas y un nivel de inversiones superior a USD 15.000 millones anuales, con un superávit energético que podría superar los USD 20.000 millones y regalías provinciales por USD 7.600 millones.
El potencial está claro. La incógnita es si Argentina podrá financiar y ejecutar la infraestructura que define cuál de los dos escenarios —moderado o expansivo— será posible.
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