Durante años, la Zona Franca de Zapala (ZFZ) fue presentada como una herramienta logística para acompañar el crecimiento de Vaca Muerta. El nuevo escenario geopolítico —marcado por la guerra entre Rusia y Ucrania, la tensión entre Estados Unidos e Irán y el cierre indefinido del Estrecho de Ormuz— volvió a colocarla en el mapa como una pieza estratégica para la próxima fase del shale argentino: la industrialización.

La reorganización del mercado global de gas aceleró la búsqueda de proveedores confiables. Europa diversificó su abastecimiento para reducir la dependencia rusa, mientras los productores tradicionales redireccionaron parte de sus exportaciones hacia Asia.

La incertidumbre sobre Ormuz, uno de los corredores energéticos más relevantes del planeta, encendió alarmas en el mayor mercado consumidor de gas del mundo. En ese contexto, Argentina aparece como un actor con capacidad de producción incremental y proyectos de largo plazo bajo el RIGI.

Para Fernando Montero, CEO de la sociedad que administra la ZFZ, la combinación entre un mercado internacional en busca de nuevos proveedores y los incentivos del régimen franco, potenciados por el RIGI, abre una oportunidad inédita para Neuquén.

“La demanda de productos y servicios para Vaca Muerta va a crecer exponencialmente y va a exigir un desarrollo que todavía no tiene”, afirmó. La lectura es directa: la expansión del shale no dependerá solo de perforar más pozos, sino de construir la infraestructura industrial que permita sostener esa escala.

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La Zona Franca ofrece exenciones impositivas, aduaneras y operativas que reducen costos de importación de equipos, maquinaria y tecnología. Con el RIGI, ese esquema suma estabilidad fiscal por 30 años y elimina aranceles para bienes de capital, acelerando el recupero de inversión.

Montero sostiene que esa combinación permite que empresas extranjeras que aún no operan en el país se asocien con socios locales, integrando a firmas neuquinas en desarrollos de mayor escala.

El objetivo, sin embargo, va más allá de la logística. Zapala busca convertirse en un polo industrial capaz de agregar valor antes de exportar. Entre los proyectos en análisis aparecen data centers alimentados con energía de Vaca Muerta, plantas de fertilizantes que transformen gas en productos industriales de mayor valor agregado y instalaciones para fabricar insumos y tecnología destinados al shale. La tesis es clara: “Hay que transformar los recursos naturales en tecnología”, resume Montero.

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En paralelo, la ZFZ firmó un convenio de cooperación con el Hub Integral de Argentina en Shanghái, orientado a fortalecer el intercambio comercial entre la Patagonia y Asia.

El acuerdo contempla intercambio de información estratégica, vinculación empresarial y uso de infraestructura comercial entre ambos países, con foco en Vaca Muerta, minería, energías limpias y agroindustria. La apuesta es integrar a Zapala en la cadena logística y productiva que conecta a Asia con la región.

La Zona Franca de Zapala ingresa en una etapa donde la logística deja de ser suficiente. La demanda de bienes y servicios para Vaca Muerta exige capacidad industrial y un ecosistema que pueda producir, ensamblar y abastecer a escala. La ventana internacional está abierta y la provincia tiene la oportunidad de ocupar un lugar que hasta ahora nadie tomó.

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