
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) avanza hacia la concreción y puesta a crítico del reactor multipropósito RA-10 en los primeros meses de 2027. El proyecto emplazado en el Centro Atómico Ezeiza será de clase mundial en materia de producción de radioisótopos medicinales y aportará aplicaciones nucleares e industriales novedosas para el país.
En paralelo, el gobierno avanzará en la creación de una nueva empresa de base tecnológica junto a un socio externo que aporte un capital estimado de US$ 200 millones para construir una planta anexa que será necesaria para aprovechar al máximo la capacidad productiva de radioisótopos médicos del reactor. Como referencia, el RA-10 tendrá cinco veces la capacidad de producción que posee el reactor RA-3 (también localizado en Ezeiza), o el equivalente a 20% de la producción mundial.
La CNEA buscará un socio externo para constituir una empresa mixta encargada de la operación y gestión comercial del reactor. El organismo científico nuclear seguirá siendo dueña de los activos y mantendrá la acción de oro, indispensable para vetar cambios en el destino de las instalaciones, independientemente de la participación que tenga en la sociedad.
La institución posee en Ezeiza una planta de producción de radioisótopos. Se trata de una instalación que recibe los blancos irradiados procedentes del núcleo del RA-3 y los procesa para separar los radioisótopos de aplicación médica que se destinan a la comercialización, siendo el más típico el molibdeno 99. La instalación podrá gestionar una parte de los blancos irradiados extraídos del núcleo del RA-10, aunque es necesario construir una segunda planta de producción de radioisótopos en Ezeiza para maximizar la producción.
EconoJournal participó de una recorrida por la instalación que aloja el nuevo reactor de la CNEA junto a autoridades de la institución,de la Secretaría de Asuntos Nucleares (SAN) y de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). También participaron representantes de las empresas INVAP (diseñadora del reactor y principal contrista en el proyecto), Conuar y Nucleoeléctrica Argentina.
El reactor RA-10 permitirá a la Argentina incrementar la producción de radioisótopos médicos que ya se producen en el RA-3 y en otros reactores del país (como el molibdeno 99), otros nuevos (lutecio 177), realizar investigación con haces de alto flujo neutrónico en el Laboratorio Argentino de Haces de Neutrones (LAHN), brindar servicios industriales (análisis de materiales) y realizar ensayos fundamentales para el diseño de nuevos combustibles nucleares para centrales de potencia. Además, brindará el servicio de dopaje de silicio, una novedad que posicionará al país en la cadena de valor de la industria internacional de semiconductores.
El Estado nacional lleva invertidos 530 millones de dólares en el proyecto RA-10, cuya construcción comenzó en 2016. El avance global del proyecto se ubica en un 88,3%, con un fuerte aumento en el ritmo de la instalación y montaje de equipos y en los ensayos preoperacionales a partir de la firma de la adenda 7 a la parte financiera de los contratos con INVAP y otras empresas involucradas en 2025.
El presidente de la CNEA, Martín Porro, destacó que la firma de la adenda permitió desde febrero de 2025 un avance de 2% mensual en la instalación y montaje de equipos, alcanzado un 96,20% a agosto de 2026. En paralelo, ya se avanzó en el 54,05% de los ensayos en la etapa preoperacional (la prueba de todos los sistemas y equipos antes de la primera puesta del reactor a crítico).
“Se hizo un trabajo muy fuerte de avance en este último año, trabajando con INVAP lado a lado y las empresas del sector, pero también a nivel financiero, gracias a la creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares, que nos permitió destrabar este ida y vuelta para poder explicar claramente lo técnico al sector financiero y para que, de vuelta, desde el sector financiero, pudieran acompañarnos de manera eficaz en el desembolso de cada una de las necesidades financieras del proyecto”, explicó Porro. Precisamente, el Ministerio de Economía aprobó en julio un refuerzo presupuestario de 53.000 millones de pesos para el proyecto RA-10.
Con la construcción y el montaje prácticamente finalizados, los esfuerzos se concentrarán en los próximos meses en obtener las licencias de puesta en marcha (primera criticidad) y de operación regular del reactor ante la ARN. La expectativa es poner el reactor a crítico durante el primer trimestre de 2027 y comenzar con su operación regular a mediados de ese año.
Por qué la CNEA creará una empresa mixta para operar y comercializar el reactor RA-10

El esquema inicial de operación tiene previsto retirar blancos irradiados del núcleo del RA-10 y transportarlos a la planta de producción de radioisótopos anexa al RA-3. Sin embargo, para alcanzar la máxima producción que el RA-10 puede ofrecer, la CNEA necesitará de una segunda planta, cuyo costo estima en el orden de los 200 millones de dólares, una inversión potencialmente calificable para el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Con ese fin, el gobierno está impulsando la creación de una nueva empresa de base tecnológica entre la CNEA y una empresa interesada en realizar esa inversión. La CNEA esta facultada por la Ley N° 24.804 de la Actividad Nuclear para lanzar un concurso publico con el objetivo de encontrar un socio para la creación de una empresa de base tecnológica, sin tener que pasar por el Congreso.
El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, explicó la relevancia de incorporar un socio en una empresa mixta. «El RA-10 tiene una proyección comercial hacia el sudeste asiático que, sin la disciplina propia de una empresa, de aquello que busca estar en el delivery, no se puede alcanzar. Entonces, además de terminar la construcción del reactor, nuestro objetivo es volver a crear una empresa de base tecnológica desde la CNEA, como en otros tiempos se creó Conuar, Dioxitek o Nucleoeléctrica», dijo Ramos Napoli.
La mencionada disciplina se relaciona con dos factores: los límites de la CNEA para gestionar el reactor de forma comercialmente eficiente y el costo operativo que conlleva la planta. En CNEA estiman que el OPEX del RA-10 se ubica en el orden de los 14 millones de dólares por año, lo que equivale a un 10 a 15% del presupuesto anual de la institución.
El objetivo es trasladar el costo de operación del reactor y el LAHN desde la CNEA hacia la nueva empresa, que no tendrá las restricciones propias de una institución pública en lo que respecta a contrataciones y una operación eficiente del activo. A cambio, la institución podrá disponer del uso del LAHN a costo operativo cero y se repartirá con el socio los eventuales dividendos generados por la venta de radioisótopos, silicio dopado y otros servicios.

El plantel necesario para operar el reactor es de unas 60 personas (sin contar los equipos de apoyo), distribuidas en 6 grupos rotativos de 10 trabajadores.
Los radioisótopos médicos tienen una vida útil que se cuenta en el orden de días. La logística de entrega del producto a los centros médicos en la Argentina y el extranjero debe estar perfectamente alineada con la producción. Por lo tanto, la administración de los grupos de trabajo en el reactor requiere de una flexibilidad propia de una empresa y que hoy la CNEA no cuenta por su andamiaje jurídico.
En cuanto al RA-3, la CNEA planea dejar al reactor como «back-up» para producir radioisótopos durante las paradas de mantenimiento del RA-10 o para atender demandas internacionales en momentos puntuales.
En lo que respecta al LAHN, la prestación de los servicios del reactor no va en detrimento del flujo de neutrones necesario para las tareas de investigación, por lo que producción e investigación pueden convivir perfectamente.
, Nicolás Deza





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